Las pasiones, los temores y los secretos vuelven a encenderse en el palacio de La Promesa, donde todo gesto y palabra significan consecuencia sin remedio. En este nuevo capítulo, los personajes se verán envueltos en dilemas que van a poner a prueba su determinación, su deber y hasta su capacidad de resistir el empuje de los más fuertes. Lo que quien asiste a este nuevo capítulo título pudo pensar como un episodio habitual, se transforma en suceso a suceso que contiene y reproduce lo que son riesgos, valentía y pura imprudencia, dibujando un cuadro que puede llegar a desquiciar y a desplazar a la familia Luján y sus secuaces.
2EL DESAFÍO AL BARÓN DE VALLADARES Y SU IRA CONTENIDA
La otra chispa de la disputa llega con Catalina, cuya audacia supera totalmente lo que uno se podría esperar. Llevar estiércol a casa del barón de Valladares no consiste solo en un gesto simbólico: es un acto de rebeldía que despierta el temor de Adriano, que conoce el carácter de hombre vengativo del noble.
Tal gesto tan simple podía ser, a la postre, muy equivocado, pero equivocado en la medida en que es, se está haciendo una afrenta al orgullo de un hombre que sabe que es reverenciado. El conde de Luján sufre angustiosamente las horas que siguen al incidente. Su preocupación no es exagerada: sabe que el barón tiene el poder y la influencia para convertir un gesto como ese en una venganza despiadada.
La tensión carece de eufemismos en ‘La Promesa‘, porque nadie tiene claro cuál va a ser la respuesta del barón ni cuál es el precio que van a tener que pagar los suyos. Pero lo que sorprende es que la respuesta no se produce como estaba previsto, en absoluto, sino que se produce una vuelta que desconcierta igualmente a la familia como a los perdedores.



