El año televisivo de 2024 instauraba la llegada triunfal de David Broncano y Pablo Motos. La llegada del humorista a Televisión Española con su programa «La Revuelta» había desatado una guerra mediática sin precedentes, que se había sustentado en audiencia millonaria, polémicas políticas, un presupuesto desmesurado, etc. Sin embargo, cuando ya había pasado el humo de la batalla, el programa más buscado en Google no fue ninguno de los dos. El laureado se lo llevó un reality que lleva lustros actualizándose en su versión de 2024: «La isla de las tentaciones».
Mientras tanto, el los diarios y revistas del corazón se entrevistaban sobre cada décima de share y tuits virales de Broncano contra Motos; los oyentes buscaban masivamente un contenido muy diferente: amor, conflictos y playas paradisíacas. Telecinco, lejos del ruido intelectual, volvió a demostrar que el entretenimiento sin pudor vuelve a estar históricamente instalados en el corazón de los espectadores.
2TELECINCO Y LA FÓRMULA INFALIBLE
Mientras se centraban en la lucha por el prestigio TVE y Antena 3, Telecinco se limitaba a vencer. «La isla de las tentaciones«, «Supervivientes All Stars» y «Gran Hermano Dúo» acaparaban cuatro de los cinco primeros puestos en la lista de búsquedas. No es un dato casual: estos formatos producen una adicción que va más allá de la pequeña pantalla. No se mira sino que se habla, investiga y sigue la pista de los participantes a través de las redes.
El éxito de «La isla» está precisamente en la creación de sus narrativas.»Infidelidades», «reconciliaciones», «dramas» personales, etc. convierten cada entrega en una telenovela en directo. Los espectadores no son pasivos: exploran spoilers, memes, directos, etc. Eso sí, en comparación con los programas de Broncano o los de Motos, el contenido no se acaba cuando finaliza la emisión. Cada escena genera debate en Twitter, cada polémica, trending topic.
Telecinco ha logrado convertir en un arte el engagement barato. No hace falta contar con estrellas millonarias, con noches de debates intelectuales; basta con hacer uso de la propia naturaleza humana en su estado más elemental. Mientras otros optan por fichar a presentadores ultrapopulares, la cadena de Mediaset se decanta por el morbo administrado, y los datos vuelven a darle la razón. El reality no solo se ve, se vive: los espectadores sienten que están en la historia, lo que se traduce en búsquedas incesantes, teorías de las fans e ingresos a formar parte de una comunidad digital.



