El crecimiento de Israel se reduce al 1,1% este año debido al impacto del conflicto en Gaza

La economía israelí se enfrenta a un desafío sin precedentes en medio del conflicto en Gaza, que ha obligado al gobierno a revisar sus proyecciones de crecimiento para el año en curso. El Ministerio de Finanzas de Israel ha anunciado una significativa reducción en sus estimaciones de crecimiento económico, reflejando la realidad de un país que lucha por mantener su estabilidad financiera en tiempos de guerra.

La nueva previsión de crecimiento del 1,1% para este año representa una disminución de ocho décimas respecto a la estimación inicial, situando a la economía israelí en su ritmo de expansión más bajo desde 2009, excluyendo los años de la pandemia. Esta revisión a la baja no solo es un indicador de los efectos inmediatos del conflicto, sino que también sugiere un panorama económico complejo para los próximos años, con implicaciones que se extienden más allá de las fronteras de Israel.

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El impacto de la guerra en la economía israelí

El conflicto con Hamás, iniciado el 7 de octubre de 2023, ha tenido un efecto devastador en varios sectores clave de la economía israelí. La construcción, la agricultura y el turismo han experimentado caídas significativas, lo que ha contribuido a la ralentización general del crecimiento económico. Estos sectores, tradicionalmente pilares de la economía del país, se han visto particularmente afectados por la incertidumbre y la inestabilidad generadas por el conflicto en curso.

Además, las escaramuzas con Hezbolá en la frontera con el Líbano han añadido una capa adicional de complejidad a la situación económica. La necesidad de mantener un alto nivel de alerta y preparación militar ha llevado a un aumento sustancial en los gastos de defensa. Este incremento en el gasto militar, aunque necesario desde el punto de vista de la seguridad nacional, representa una carga adicional para las finanzas públicas en un momento en que la economía ya se encuentra bajo presión.

El impacto de la guerra también se refleja en los datos del segundo trimestre, que resultaron ser «más débiles que lo anticipado». Esta debilidad en los indicadores económicos no solo afecta las perspectivas a corto plazo, sino que también plantea interrogantes sobre la capacidad de recuperación de la economía israelí a mediano y largo plazo.

Déficit público y presión fiscal

El conflicto ha tenido un impacto directo en las finanzas públicas de Israel, como lo demuestra el aumento del déficit público al 8,3% en agosto, dos décimas más que en julio. Este incremento en el déficit es el resultado de una combinación de factores, incluyendo un aumento modesto en los ingresos contrarrestado por un crecimiento significativo en los gastos.

Los ingresos públicos han mostrado un crecimiento del 4% interanual, alcanzando los 315.200 millones de nuevos séquels (aproximadamente 75.977 millones de euros). Sin embargo, este aumento en los ingresos ha sido ampliamente superado por el crecimiento de los gastos, que se han disparado un 31,8%, llegando a 399.200 millones de nuevos séquels (alrededor de 96.225 millones de euros). Esta disparidad entre ingresos y gastos ha resultado en un déficit acumulado de 84.000 millones de nuevos séquels (20.248 millones de euros) en lo que va del año.

El aumento significativo en los gastos se atribuye principalmente al incremento en la partida destinada a Defensa, una consecuencia directa del conflicto en curso. Este aumento en el gasto militar plantea desafíos importantes para la sostenibilidad fiscal del país, ya que limita los recursos disponibles para otras áreas cruciales como la educación, la salud y la infraestructura.

Perspectivas económicas y desafíos futuros

A pesar de las dificultades actuales, el gobierno israelí mantiene una perspectiva de recuperación para los próximos años. La previsión de crecimiento para 2025 se sitúa en el 4,4%, aunque esta cifra también ha sido revisada a la baja en dos décimas. Esta proyección sugiere una expectativa de rebote económico una vez que se estabilice la situación de seguridad.

Sin embargo, el camino hacia la recuperación económica está lleno de desafíos. La prolongación del conflicto podría seguir ejerciendo presión sobre los sectores más afectados, como el turismo y la construcción, dificultando su recuperación a corto plazo. Además, el aumento del gasto en defensa podría continuar limitando la capacidad del gobierno para invertir en otros sectores críticos para el crecimiento económico a largo plazo.

La situación actual también plantea interrogantes sobre la capacidad de atracción de inversiones extranjeras de Israel, un factor crucial para su economía basada en la innovación y la tecnología. La percepción de inestabilidad podría disuadir a inversores potenciales, lo que a su vez podría afectar el dinamismo del sector tecnológico israelí, conocido como la «Start-up Nation».

En conclusión, mientras Israel navega por estas turbulentas aguas económicas, será crucial encontrar un equilibrio entre las necesidades de seguridad inmediatas y la planificación económica a largo plazo. La capacidad del país para adaptarse y recuperarse de este período de desafíos determinará en gran medida su trayectoria económica en los años venideros.


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