Esta misteriosa -y poco conocida hasta ahora en el resto del mundo- figura de la vida política de Estados Unidos ha saltado a la palestra de la popularidad mundial gracias a una serie original de Netflix con el mismo nombre. Y es que, Designated Survivor, su nombre original en inglés, muestra al espectador, y a través de una historia ficticia que podría tornase en real -aunque afortunadamente nunca ha ocurrido a lo largo de la historia-, como le cambia la vida a “un funcionario medio” al servicio del equipo de Gobierno, que tendrá que ponerse al frente del destino de su nación.

Pero, ¿cuál es la verdadera función que acarrea el honor de ocupar este cargo? En aquellos eventos en los que todos los miembros del Gobierno se reúnen en un mismo espacio, con el consiguiente peligro de un ataque terrorista -o de otro tipo-, se manda a un hombre de confianza del presidente -designado por él mismo- a una zona alejada y secreta, con la correspondiente custodia oficial. La misión primordial es que se encuentre totalmente a salvo, para garantizar la continuidad política en caso de que se produzca una desgracia.

Lo cierto es que se trata de una figura que lleva existiendo desde los años más tensos de la Guerra Fría, con el consiguiente miedo a un ataque nuclear durante los años 60′. Una situación que llevó al Senado de Estados Unidos a la determinación de esconder a un miembro del equipo de Gobierno en un lugar oculto, por si el resto de los representantes del pueblo estadounidense se vieran comprometidos por una situación de peligro.

A pesar de ser una práctica más antigua, la Oficina Histórica del Senado de Estados Unidos solo ha hecho pública una lista con los designated survivors a partir de 1983. Es decir, desde la presidencia de Ronald Reegan al frente del país, ya que antes estos datos eran secretos y desconocidos para el público en general. Por otro lado, este sistema se basa en el sistema de sucesión que introdujo el presidente Harry Truman en 1947.

Según la misma línea, si el máximo mandatario cae en desgracia, el vicepresidente tomaría las riendas del país, sino este pasaría al representante de la Casa Blanca, después aparece el presidente Pro Temporare del Senado, el Secretario de Estado, el de Hacienda y el de Defensa.

Como es lógico, y siguiendo la tradición de sus predecesores, el 45º presidente de la historia de Estados Unidos, Donald Trump, también designó a su propio candidato para cumplir con esta misión durante el discurso de investidura el pasado mes de enero, que se corresponde con el traspaso de poder entre el mandatario saliente -que en este caso fue Obama- y el entrante -el ya citado empresario neoyorquino-. Según informó el Senado de la nación norteamericana en su portal web, en este caso se trata del senador por el estado de Utah, Orrin G. Hatch, quien 

“Hoy en día, observamos una antigua tradición de la democracia más  antigua del mundo: la transición pacífica del poder. Este cambio de la guardia de un presidente a otro es una característica definitoria de nuestra República. A petición del Presidente Donald Trump, tengo el honor de desempeñar el papel de sucesor presidencial designado durante la inauguración“, aseguraba sobre esta cuestión en sucesor designado por Trump para su discurso de investidura.

El día que el portador del botón rojo nuclear de Estados Unidos posó ante la cámara

“Por mucho que me hubiera gustado participar en la ceremonia y las festividades -continuaba en este sentido en su mensaje-, me siento honrado de cumplir este importante deber constitucional, que garantiza la continuidad del Gobierno ” .

Con los mismos requisitos que un presidente elegido por el pueblo

Cabe recordar, en cualquier caso, que este perecedero cargo no se utiliza -únicamente- para este acto, otros de carácter sensible como es el discurso de la nación suele señalarse como fecha en el calendario en la que se designa a un miembro del equipo de Gobierno para este cargo. 

Tampoco hay que olvidar que ante la importancia del cargo que se puede ocupar, estos deben cumplir todas las condiciones que se le exigen a un presidente, a saber: que sea estadounidense de nacimiento, que tenga más de 35 años y que, además, haya residido los últimos 14 años en el país.

En un reportaje recogido por la BBC -en español- sobre esta figura, se recuerda que en Reino Unido existe una tradición de este tipo en el país insular. Allí, cuando los monarcas acuden al Parlamento, se toma un rehén que se mantiene en el palacio de Buckingham. Con esto, se aseguran de que el rey vuelva sano y salva de su visita a la cámara legislativa, en un acontecimiento que se lleva produciendo desde 1649 y que hoy en día cuenta con un carácter más simbólico que de otro tipo.

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