El aire de Valle Salvaje se ha ido densificando con paso del tiempo, impregnado de augurios y susurros que nadie es capaz de articular en voz alta. La llegada inesperada don Hernando y su hijo, Leonardo, ha trastocado las bases de un pueblo habituado a las intrigas, pero no a los enigmas que estos individuos parecen traer.
José Luis, siempre alerta, ignora que su presencia no es casual, sino que sus sospechas constituyen el primer paso de una cadena de acontecimientos que podría cambiar el destino de todos. Un nuevo capítulo sorprenderá a los espectadores bajo el tono de misterio e intriga que domina la ficción española.
LA SOMBRA DE DON HERNANDO

Don Hernando no es un hombre que en Valle Salvaje venga de una manera casual, su llegada es una jugada más en un tablero de ajedrez que sólo él sabe leer. Desde el instante en el que pisa Valle Salvaje, el interés que pone en Irene y Victoria nos hace entender que su visita no responde a un simple «reencuentro» de antiguos amigos. Hay algo feroz en el interés que siente, como un муmbo, como si necesitara recuperar piezas para un rompecabezas que solamente él conoce.
José Luis, en esta imagen, siente cómo el suelo que pisa empieza a moverse bajo sus pies, se retira como una sábana, como una atmósfera que una vez más se vuelve un lugar donde se cocinan los secretos. El reproche que hace don Hernando al duque por no haber ejercido los «encargos» que le había encomendado respecto a Leonardo otorga fundadamente un carácter intrigante a la situación.
¿Qué «encargos» había dejado sin atender José Luís y qué evidencia de su incumplimiento siente que le inquieta tanto a don Hernando? Las preguntas quedan flotando en el aire, pero las respuestas son un compromiso sepultado bajo las lealtades inadecuadas y los pactos secretos.
Leonardo, por su parte, tras haber vuelto de casa de su madre, resulta peligrosamente susceptible de ser una cosa o la otra, sí, por saber quién gana en este juego de ajedrez. Pero el verdadero peligro no siempre viene de los enemigos declarados, sino que es posible que venga de aquellos que se mueven en silencio.
Adriana, al alejar a Pedrito de Úrsula, pone de manifiesto que no está dispuesta a perder esta partida. Y al confesarle a Julio que lo ha perdido todo, sus palabras ya no son sólo un lamento, sino una advertencia. Una mujer desesperada puede hacer cualquier cosa, y Adriana ya no tiene nada que perder.
VERDADES QUE QUEMAN EN VALLE SALVAJE

Valle Salvaje no es solo un lugar con cocinas que permiten hervir ollas, es, además, un lugar donde las cocinas contribuyen a los secretos. Eva y Amadeo llegan a la casa grande bajo el pretexto de hacer las comidas, pero la relación que tienen con Victoria no es solo profesional. Hay miradas significativas, conversaciones interrumpidas en su avance, un recuerdo, algo que puede no gustar a quien podría querer la reunión.
¿Qué sabe Victoria de lo que no sabe nadie? ¿Y, al mismo tiempo, por qué la alianza de un deseo que comparten estos dos es muy importante para los días que empiezan? Mientras tanto, Rafael se encuentra al borde de confesar algo que podría significar su destino y el de Úrsula. «A tu lado me siento en paz», asegura, pero las palabras que le siguen podrían ser muy reveladoras.
Úrsula, que disfruta de esa victoria en su estrategia en la casa grande, parece estar a gusto por la victoria. ¿Es, quizás, porque el juego ha dejado de ser divertido, o bien porque ha asumido que se había dado cuenta de las reglas demasiado tarde? Pero el golpe más duro llega con Mercedes, que acabada decide dejar Valle Salvaje y hacer que Bernardo quede huérfano de su única aliada.
Si la abandonada no es simplemente una retirada, es una abdicación tácita, un panegírico en voz baja a las contiendas que no se pueden ganar. No obstante, en el lugar donde nadie puede dejar de ser, su ausencia puede ser un detonante inminente. Las cocinas, que han sido testigos mudos de tantas confidencias, no guardan más que recetas.
Eva, con sus hábiles manos y su mirada profunda, parece saber más de lo que sugiere. ¿Son ella y Amadeo simples sirvientes o tienen un papel más oscuro en esta historia? Victoria, en los cargos de la entrega, puede estar jugando con el fuego sin percatarse de ello.
UN PASADO CON CARÁCTER REINCIDENTE

El llanto de Evaristo en Valle Salvaje no es sólo el llanto de un niño; es el llanto de una alícuota de un pueblo en la cúspide de la crisis. Ni Luisa ni Matilde, desesperadas, logran consolarlo hasta que su llanto, al igual que el de Evaristo, se convierte en su angustia, la cual, doblemente acentuada, trae a la luz una gran inquietud: ¿qué es lo que sabe Evaristo y no pueden ver los demás?
Por otra parte, cuando Victoria le confiesa a don Hernando que carece de sangre noble, él se muestra dañado. En un universo donde el apellido lo es todo, su reacción podría ser evidenciar algo insospechado. ¿Es Victoria realmente quien dice ser? ¿Hay, por otro lado, otra razón que convierta en importante a la nobleza de su origen para el marqués?
Finalmente, está Bárbara, quien, avisada por Irene, siente que se le acaba el tiempo. Si es que Leonardo ha retornado para poder hacer algo, ella puede ser la próxima. Sin embargo, Bárbara no es una mujer que se rinda fácilmente, y si hay algo que Valle Salvaje ha demostrado, es que las mayores batallas son las que se libran en las sombras.
El pasado siempre vuelve, y en el Valle Salvaje, lo hace con una virulencia extrema. Don Hernando no ha llegado, sino por tratarse de una formalidad que mantiene algo que busca, algo que había sido enterrado hace años. Y si tal verdad saldría a la luz es que nadie estaría a salvo. Victoria al reconocer su bajo linaje podría haber liberado algo que ella misma ni tan solo puede comprender.
Por otro lado, el silencio de Evaristo es más explícito que cualquier frase. ¿Puede ser que el niño inocente ha visto o ha oído algo que no debería? En un pueblecito donde todo el mundo falsea la realidad, hasta a veces sólo puede conocer la verdad precisamente aquellos que no hablan.






































































