La familia del Rey Felipe VI ha comenzado oficialmente sus vacaciones de verano en Palma de Mallorca. Como cada año, la isla balear se convierte en escenario de descanso y también en el punto de atención mediática de la monarquía española. El Rey, entregado como siempre a su pasión por la vela, ya se encuentra en el puerto deportivo preparando su participación en las tradicionales regatas. Se espera que la Princesa Leonor haga una aparición este próximo domingo, 3 de agosto, para mostrarle su apoyo desde tierra firme. La Reina Letizia, por su parte, aún no ha hecho acto de presencia pública, aunque está previsto que también se sume a la agenda estival en los próximos días. Sin embargo, lo que más inquietud ha generado este año no es la agenda institucional, sino el paradero y el estado de salud de la Reina Sofía… o, más concretamente, el de su hermana.
La reina Sofía ha recibido la noticia
A pesar de que los Reyes y sus hijas ya están instalados en la isla, la Reina Sofía aún no ha sido vista en Palma, un hecho que ha disparado las especulaciones sobre su paradero. Lo que inicialmente parecía una simple cuestión de logística, ha resultado esconder algo más preocupante. Según ha informado la revista Semana, la salud de su hermana, Irene de Grecia, se ha resentido recientemente. Al parecer, la tía del Rey Felipe ha experimentado un bajón que ha generado gran inquietud en su entorno más cercano. Aunque las fuentes no han confirmado si se encuentra en Grecia o en otro lugar, sí han revelado que la situación está siendo tratada con suma discreción. Algunas voces aseguran que podría estar fuera del país, mientras que otras no se atreven a confirmar nada al respecto.
La última vez que se pudo ver públicamente a la Princesa Irene fue el pasado mes de febrero, cuando acudió a la boda de Nicolás de Grecia con Chrysi Vardinogiannis en la iglesia de San Nicolás de Rangava, en Atenas. Fue un acto familiar en el que también participaron la Reina Sofía y la Infanta Cristina. Durante aquellos días, se alojaron en el Hotel Grande Bretagne, uno de los más emblemáticos de la capital helena, y compartieron momentos privados en los que no faltaron los recuerdos a su hermano Constantino, fallecido en enero de 2023. Aquel evento fue, probablemente, el último gran momento público en el que pudimos ver a las hermanas de la familia real griega juntas, lo que convierte en aún más significativo el silencio actual en torno a su situación.
Irene de Grecia ha llevado siempre una vida discreta, alejada de los focos, aunque muy presente en la intimidad de la familia real española. Vive desde hace décadas en el Palacio de la Zarzuela junto a su hermana Sofía. Ella misma confesó en una entrevista que su intención inicial era quedarse tan solo unos días en España, pero con el paso del tiempo, esa estancia se transformó en una residencia permanente. “Me iba a quedar cinco días y ya llevo años”, le contó en su momento a su biógrafa Eva Celada. Desde entonces, ha sido una presencia constante en la vida cotidiana de la Reina emérita, apoyándola en momentos decisivos y compartiendo con ella tanto actos públicos como celebraciones privadas.
Nunca se casó ni tuvo descendencia, pero eso no ha impedido que forjara fuertes lazos con sus sobrinos y con las nuevas generaciones de la familia. De hecho, en cada una de sus apariciones públicas ha sido evidente el cariño con el que es tratada por Leonor y Sofía. El verano pasado, sin ir más lejos, durante la tradicional cena en Palma antes de abandonar la isla, la Princesa de Asturias protagonizó un emotivo gesto hacia su tía-abuela, evidenciando el afecto mutuo que existe entre ambas.
La historia de Irene de Grecia
Durante su juventud, Irene vivió romances discretos que nunca llegaron a consolidarse públicamente. Uno de los más comentados fue con su primo Mauricio de Hesse, un idilio que no fructificó y que terminó con el matrimonio de este con la princesa Tatiana de Sayn-Wittgenstein-Berleburg. Años después, mantuvo otra relación con el príncipe Miguel de Orléans, cuya existencia se supo gracias a su esposa, Bàtrice de Orléans. No obstante, la propia Irene ha preferido no compartir detalles sobre su vida sentimental, limitándose a reconocer que se había enamorado en alguna ocasión, pero sin dar nombres ni fechas.
Su vocación, desde muy joven, ha estado enfocada en el compromiso cultural y humanitario. Ha impulsado proyectos en diversas áreas, especialmente en el ámbito de la música y la educación. Esta labor silenciosa pero constante la ha convertido en una figura muy respetada dentro y fuera de su entorno familiar. Aunque no ostenta ningún título real activo, ha sido considerada siempre una integrante más de la familia real española.
La inquietud actual por su salud coincide con un verano particularmente simbólico para la Reina Sofía. Hace apenas unas semanas, el 18 de julio, la Reina emérita participó en un acto institucional muy significativo junto a su hijo, el Rey Felipe VI. Ambos presidieron juntos el 30º aniversario de la Federación Española de Bancos de Alimentos, una ocasión excepcional, ya que habían pasado más de 15 años sin que madre e hijo coincidieran en solitario en un acto oficial. La presencia de la Reina Letizia no estaba prevista y su ausencia fue interpretada como una elección estratégica. Según analistas, este tipo de gestos tienen un gran valor simbólico y, en este caso, pusieron el foco en la sintonía entre Felipe y su madre.
¿Cómo ha reaccionado la Familia Real?
Mientras la familia real continúa su verano entre actos institucionales, actividades deportivas y discretos momentos en familia, la situación de Irene de Grecia sigue envuelta en incógnitas. El hermetismo en torno a su paradero y la preocupación que han expresado fuentes cercanas apuntan a que no se trata de un asunto menor. La hermana de la Reina Sofía, a sus ochenta y un años, ha sido siempre un pilar emocional y un referente íntimo para su entorno, y su ausencia en un momento tan visible como el verano en Mallorca no hace sino alimentar las dudas sobre su verdadero estado.
Habrá que esperar para saber si finalmente se confirma su estancia en Grecia o si permanece en la Zarzuela, como ha sido habitual en los últimos años. De momento, lo cierto es que su salud ha obligado a cambiar los planes habituales y ha situado todas las miradas en su figura, tan reservada como entrañable. La “tía Pecu”, como cariñosamente la llaman en la familia, vuelve así al foco, no por sus apariciones públicas, sino por el silencio que la envuelve. Un silencio que, esta vez, preocupa.