Solemos pensar en los emprendedores como personas con una cierta experiencia laboral que deciden poner en marcha su propio negocio, cuando lo cierto es que también hay un importante volumen de emprendimiento juvenil en España. Sin embargo, los datos de los últimos meses no son nada positivos.
Nos demuestran que cada vez hay menos menores de 30 años que se lanzan a emprender. La pandemia se ha convertido en un gran problema para quienes tienen un proyecto empresarial. De hecho, la tasa de afiliación al RETA de los más jóvenes supuso en 2020 solo un 7,6% de las altas totales, lo que supone la cifra más baja desde el año 2007.
A pesar de los malos datos, lo que no admite discusión es que en España contamos con jóvenes muy talentosos. Por eso, conviene que nos aproximemos a los retos a los que van a tener que hacer frente tanto ahora como en el futuro más próximo.
Retos económicos para el emprendimiento juvenil

Una de las principales dificultades para poner un negocio en marcha en el momento actual es encontrar la financiación adecuada para ello. Muchos jóvenes apenas tienen recursos económicos propios que puedan dedicar a su proyecto. Además, los bancos ponen en duda su solvencia y son reacios a concederles préstamos y créditos.
Lo bueno es que los jóvenes emprendedores no se dan por vencidos. Saben que hay otras alternativas de financiación más allá de las tradicionales, por eso se vuelcan en conseguir dinero a través de otras fuentes como el crowdfunding, los business angels y las ayudas públicas para el emprendimiento juvenil.
La necesidad de desarrollar habilidades emprendedoras

Ahora contamos con políticas que impulsan el emprendimiento, como ocurre con la Estrategia España Nación Emprendedora, pero hasta hace poco esto no era común. Lo que implica que muchos jóvenes no han desarrollado habilidades básicas que se necesitan en el mundo de los negocios, como la habilidad de negociación o el liderazgo.
Lo bueno es que gran parte de los emprendedores más jóvenes saben que para triunfar no les basta con ser muy buenos en lo que hacen, sino que tienen que ir un paso más allá. Precisamente por ello, perciben la formación como algo esencial para poder alcanzar el éxito con su negocio.
La presión fiscal como barrera al emprendimiento juvenil

La presión fiscal dentro de España se encuentra dentro de la media de la OCDE pero, a pesar de ello, los jóvenes que están pensando en poner en marcha su propio negocio no creen que la normativa tributaria española sea precisamente fácil ni de entender ni de asumir.
Impuesto de Sociedades, IVA, IRPF… una vez que comienza su actividad, el emprendedor se ve sumergido en un auténtico mar de trámites que tienen relación con la fiscalidad. Saltarse cualquiera de ellos, o hacerlo mal, implica una sanción por parte de la Agencia Tributaria. Por eso, la mayoría deben asumir el gasto extra de contratar a un profesional que se encargue de sus temas fiscales.
La falta de comprensión del entorno más cercano

Los retos que tiene que afrontar el emprendimiento juvenil no solo vienen del ámbito social, también están relacionados con su entorno más inmediato. La falta de cultura emprendedora en España hace que muchas personas no entiendan cómo alguien puede decidirse a montar su propio negocio, y mucho menos en el momento actual.
Esto supone un gran lastre para todos los emprendedores, pero especialmente para los más jóvenes, cuya personalidad suele ser algo más débil. Muchos no pueden afrontar esa presión del entorno y acaban renunciando a su sueño para optar por una vida más “fácil” con un trabajo asalariado o incluso preparando oposiciones.
Los propios miedos del emprendedor

Al margen de lo que sucede en su entorno, muchas veces el propio emprendedor es su peor enemigo. No confía en sí mismo ni en sus capacidades y empieza a cuestionarse todas las decisiones que ha tomado. Ve su falta de experiencia como una debilidad, en lugar de valorar todo lo positivo que tiene, como su ilusión o su mejor conocimiento de las tendencias y del entorno digital.
Si estos miedos no se superan, podemos encontrarnos ante un posible emprendedor que podría haber alcanzado el éxito y que nunca llegará a intentarlo. Si a los miedos del emprendedor le sumamos un entorno cercano nada comprensivo, estamos ante alguien que no tardará mucho en dejar a un lado su idea de poner un negocio.
La incertidumbre

Por último, el gran reto del emprendimiento juvenil es la incertidumbre. Si nunca podemos estar seguros de lo que va a ocurrir y de cómo avanzará la economía, en el momento actual mucho menos. Estamos viviendo una época en la que la incertidumbre es grande a todos los niveles.
No sabemos cuándo acabará la pandemia, qué ocurrirá con el mercado laboral una vez que acaben las ayudas públicas, cómo será el consumidor postpandemia, etc. Sobreponerse a esta incertidumbre no es nada fácil. No obstante, si el emprendedor confía en sí mismo y en su proyecto, ni esto podrá detenerle.



























































