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Foto: Krisztian Bocsi/Bloomberg

Falta de independencia y conflicto de intereses. Dos pecados capitales de los que no se salvan ninguna de las empresas auditoras-consultoras conocidas como las Big Four: Deloitte, KPMG, EY y PwC. Ejemplos los hemos tenido a lo largo de los últimos años, algunos de los cuales han estado relacionados con entidades financieras (Bankia y Deloitte; CAM y KPMG; CCM y EY…). Incluso la Audiencia Nacional condenó a cuatro antiguos socios de PwC por delito fiscal.

La principal creación de valor para la sociedad que puede generar una empresa auditora es su capacidad para generar confianza entre los diferentes agentes sociales, ya sean accionistas, depositantes, reguladores, supervisores, empleados, analistas… Un castillo de naipes que acaba desmoronándose cuando se acaba jugando con dos barajas. Esto es lo que han hecho PwC y BBVA.

“Estamos encantados de no haber comprado el Popular porque ahora estaríamos volcados en arreglar los problemas de la integración”, dijo Francisco González, presidente del BBVA durante la presentación de resultados de 2017.

Lo que no salió de su boca es que durante tres ocasiones estuvieron haciendo números, mirando si era factible o no su adquisición, para hacer una oferta vinculante. Incluso no le dolieron prendas a la hora de contratar a PwC (aunque la firma auditoria de la entidad azul es desde 2017 KPMG) como su particular oráculo en la posible adquisición. ¿Por qué?

No confirmar los hechos es una práctica habitual en el mercado en este tipo de actuaciones

Porque PwC era el auditor de Popular. De esta manera, y de primerísima mano, tendría en su poder en cuánto se valoraba la cartera de activos inmobiliarios del banco que por aquel entonces presidía Emilio Saracho. Un auténtico juego a dos bandas. Durante 2017, y según se recoge en las cuentas anuales, BBVA se gastó en honorarios de auditoría 13,2 millones de euros, más otros 13,5 millones si sumamos el resto de filiales y sociedades del grupo. En total: 26,7 millones de euros.

BBVA y PwC NO ACTUARON DE FORMA IDEAL

Ambas entidades se han escudado en la confidencialidad de este tipo de contratos para no confirmar los hechos, algo que es una práctica habitual en el mercado. “Son dos equipos diferentes en PwC. La parte de auditoría y la parte de advisory services. En este caso sí que hay murallas chinas y lo hacen la mayoría de las Big Four”, señala Javier Martín Cavanna, director de la Fundación Compromiso y Transparencia.

¿Se respetaron esas murallas chinas? Sí. Pero chirría que durante 2017, y en un periodo de tiempo inferior a cuatro meses, PwC dijera que Popular necesitaba a finales de 2016 provisiones por valor de 5.692 millones de euros, para después afirmar que sus números rojos en provisiones era de casi el doble: 10.800 millones (la mayoría achacable al ladrillo). “Lo que sí deja un mal sabor es que una parte del equipo haya descubierto la valoración real de los activos inmobiliarios”, recrimina Martín Cavanna.

¿Es contrario a la ética que PwC haya asesorado al BBVA mientras trabajaba para Popular? Según el director de la Fundación Compromiso y Transparencia, no lo es: “Lo preocupante es una de dos. O el equipo de auditoría no supo valorar o auditar correctamente la información financiera y dejó de hacer las advertencias propias al mercado. O la parte de auditoría vio comprometida su independencia y fue ‘suave’ con la entidad”.

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Esto es coherente con la demanda que ha recibido PwC por parte de algunas plataformas e inversores por el tema del Banco Popular. Así, Pimco, Anchorage, Algebris, Ronit Capital y Caim Capital, tenedores de deuda de alto riesgo de Banco Popular, y que perdieron toda su inversión en la noche del 6 al 7 de junio de 2017, se han personado en la causa abierta contra los ex presidentes Ángel Ron y Emilio Saracho, y contra PwC por falsedad societaria y administración desleal.

“La práctica en sí no es la ideal”, recalca el director de la Fundación Compromiso y Transparencia. Lo que sucede es que las agencias de rating siempre exigen asesores de alto reconocimiento para asesorar y realizar due diligences en operaciones de este calado, al igual que el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

“El problema es que en una misma entidad, en este caso PwC, hay equipos dispares que concluyan asuntos diferentes o, peor, que se haya hecho la vista gorda”, concluye Javier Martín Cavanna. Y, mientras tanto, BBVA sacando partido.