Juan March

Hablar de la familia March es hacer referencia a una dinastía forjada a golpe de talonario cuyo origen crematístico se encuentra en la vida y obra de Juan March Ordinas, un ganadero reconvertido a traficante que hizo del contrabando y del hambre su principal negocio. A caballo entre el siglo XIX y el XX, este mallorquín de pura cepa siempre fue un adicto al dinero y en algún sitio tenía que guardarlo. Por eso fundó un banco, para poner a salvo la fortuna más grande alcanzada en Europa en una sola generación. Ha pasado a la Historia por haber cedido a Franco el Dragon Rapide, el avión con el que el entonces general viajó a la Península desde el norte de África para liderar el alzamiento nacional del 18 de julio de 1936.

Desde entonces, la saga familiar ha gestionado el legado del patriarca con más tino que desacierto, aunque en los últimos tiempos su principal buque insignia –Banca March– ha dado síntomas de agotamiento generando dudas sobre su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos. La cuarta generación es la que lleva ahora las riendas y en ella destaca una figura, la de Juan March de la Lastra, bisnieto de aquel que Francesc Cambó denominó como el “último pirata del Mediterráneo”. Hijo de Carlos March, es el actual presidente de Banca March y número dos de Corporación Financiera Alba tras la alargada sombra de su padre y la mirada lejana de su primo, Juan March Juan, el otro eterno aspirante al trono.

Lejos quedan los tiempos en los que todo el clan al completo pasaba la temporada estival en la imponente finca Sa Vall

Este amante de la naturaleza, cazador y practicante de yoga sigue disfrutando de los pequeños placeres mundanos en compañía de su familia, compartiendo en las sobremesas unas rebanadas de pan con aceite y aceitunas negras en los calurosos días de verano. Lejos quedan los tiempos en los que todo el clan al completo pasaba la temporada estival en la imponente finca Sa Vall, ubicada en el cono sur de Mallorca y que durante casi un siglo ha sido el cuartel general de la dinastía. Se marchaban todos a mediados de junio para volver en otoño, para no ser vistos por turistas curiosos, en una muestra de las dos características que han definido siempre a la familia: la discreción y el oscurantismo. Hoy en día la finca está separada en dos y cada una de las familias acude por su cuenta, sin compartir mesa y mantel como antaño.

El fallecimiento de su bisabuelo fue el principio del fin de la sagrada unión del clan. Cuando el Cadillac en el que viajaba chocó frontalmente con un Chevrolet en la carretera de Madrid a La Coruña estaba todavía vivo el dictador, quien tras ver lo sucedido en la televisión acudió a la Clínica de la Concepción a interesarse por la salud de su amigo. La plana mayor del régimen visitó las instalaciones del sanatorio, del que no salió con vida el “destacado financiero”, como le denominaban las crónicas de la época.

EL BASTÓN DE MANDO DE JUAN MARCH

De Juan March Ordinas quedan pocas fotografías, algunas de ellas en las que aparece con rostro enjuto, puro y chistera como si fuera uno más de los Rockefeller. Ahora su legado está en manos de Carlos March –ya en retirada– y de su hijo Juan March de la Lastra. Hasta hace tres años el plan era que llevara junto a su primo el timón de Banca March y Corporación Financiera Alba (la matriz de la que dependen las inversiones industriales del grupo), de la misma forma que sus padres (Carlos y Juan March Delgado) lo hicieron en el pasado, pero una vez que Juan March de la Lastra cogió el bastón de mando en 2015 ha demostrado con cada unas de sus decisiones que no quiere compartir la corona.

Ahora que su tío se ha jubilado dejando la copresidencia de la Corporación –decisión que se hizo pública el pasado junio– su padre Carlos tutela el patrimonio familiar alternando su labor fiscalizadora con la actividad cinegética, la lectura y los largos paseos por sus tierras, en las que cavila cómo evitar la dispersión en la propiedad de los negocios una vez que la familia se ha ido ampliando con el paso de los años. Bajo su mando y el de su hermano Juan, Banca March sorteó todas las crisis financieras manteniendo una de las menores morosidades de Europa y con un modelo de banca privada tradicional que ahora su hijo está transformando –algunos dicen que más de la cuenta– dando más de un susto a su progenitor.

En 2016, un año después de que el actual presidente cogiera las riendas del banco, los resultados anuales hicieron saltar las alarmas, generando dudas sobre su liderazgo y provocando el pánico en Can March, especialmente en su padre y su tío, que temieron que su buque insignia naufragara con su nuevo capitán. Sin embargo, en 2017 las aguas volvieron a su cauce porque los números mejoraron, en parte gracias a la desinversión en ACS. El divorcio entre los March y la constructora española fue sonado, ya que la familia era accionista desde la fundación de la empresa que preside Florentino Pérez. De hecho, los únicos jefes que admitía tener el también presidente del Real Madrid eran los March, a quienes nunca les ha gustado la exposición mediática del empresario.

El asalto de ACS a Iberdrola fue la gota que colmó el vaso provocando una ruptura que reportó a Corporación Financiera Alba unas plusvalías de más de 350 millones de euros. La cartera de participadas del grupo está formada ahora por el 19% de Acerinox, el 12,1% de BME, el 12% de Ebro Foods, el 11% de Euskaltel, el 10,5% de Indra, el 20% de Parques Reunidos, el 11,9% de Viscofan y el 5,3% de Naturgy (la antigua Gas Natural Fenosa). Banca March, que es el primer accionista de Corporación Financiera Alba, es la entidad más solvente de España y la que menos impagados tiene, con una ratio que apenas supera el 2%.

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Viendo estos datos nadie diría que el patriarca del imperio, el bisabuelo del actual presidente, nunca confió en la rentabilidad de la actividad bancaria. Al que muchos consideraban el Rothschild español, siempre tuvo presente que algo no cuadraba en una actividad en la que todo el dinero se debe a la vista y los ingresos se obtienen a plazos. A pesar de esta visión sobre el negocio bancario –o precisamente gracias a ella– sus descendientes son depositarios de una inmensa fortuna, con un patrimonio inmobiliario y artístico incalculable que se atisba a duras penar una vez que se traspasa el agrietado muro de silencio que ha levantado el clan, una barrera que en pleno siglo XXI es muy difícil mantener debido a la plena explosión de las nuevas tecnologías de la información.

En los últimos meses las portadas de los diarios especializados en economía y finanzas han desvelado que Juan March de la Lastra se enfrenta a una fuga de profesionales de prestigio, que le ha llevado incluso a demandar a sus competidores por robo de talento. La decisión del hereu de darle la vuelta a Banca March como si fuera un calcetín ha provocado un terremoto que todavía no ha concluido. En la entidad señalan que la mayoría de las bajas se han producido por decisión misma de la empresa, aunque nadie puede ocultar ya que el modus operandi del nuevo equipo gestor está provocando la huida de sus mejores profesionales.

Este diario lleva tiempo avanzando que esta diáspora era un hecho y el tiempo le ha dado la razón. Buena parte de la culpa la tiene Rita Rodríguez Arrojo, la vicepresidenta ejecutiva que Juan March de la Lastra se trajo de Bankinter tras fracasar en su intento de moverle el sillón a María Dolores Dancausa. A ambos se le conoce de forma extraoficial entre la plantilla del banco como el “dúo dinámico” que, junto con el consejero delegado José Luis Acea, toman todas las decisiones de la entidad financiera.

Banca March

No hay nada más que moleste más a los March que la exposición pública y la retransmisión en directo de las turbulencias en el banco familiar que el hereu gestiona, no obstante, con mucha mano izquierda. No es de los que se ahogan en un vaso de agua y tiene la formación necesaria para llevar a la entidad en el rumbo del nuevo siglo, aunque esto no garantice que vaya a tener éxito. Y si no que se lo digan a su padre, que fracasó en su asalto al Banco Popular a mediados de los años ochenta del pasado siglo y que se equivocó con la compra del extinto Banco Urquijo.

Su escuela ha sido JP Morgan, banco de inversión norteamericano para el cual trabajó en Londres y Nueva York, una entidad que le permitió también conocer a la que ahora es su esposa, María Herrero Pidal, perteneciente a otra saga financiera española, la que fundó el desaparecido Banco Herrero, antiguo competidor de Banca March. Viven en Madrid y tienen tres hijos, a los que Juan March educa en la humildad, el respeto y la autoexigencia, igual que hace con los 1.300 empleados que tiene bajo su mando. Los que le conocen dicen que nunca toma una decisión sin haber reflexionado antes, tal como le inculcó su padre. Como buen cazador conoce la importancia de saber esperar para que no se le escape la pieza.

El hereu del imperio March sigue veraneando en Sa Vall, aunque también pasa tiempo en Altarejos, una finca sevillana con un jardín de ensueño diseñada por su padre. Entre sus amistades se encuentran Luis Alfonso de Borbón, Jaime de Marichalar y el hijo mayor de José María Aznar.

Y en cuanto a sus aficiones, además de la caza y el yoga, destaca su gusto por las artes, con especial querencia por los pintores alemanes. En sus viajes a Baleares y Andalucía aprovecha para leer, otra de sus grandes pasiones inculcada por su padre, que sigue siendo un lector voraz. También le gusta disfrutar de la soledad mediante largas caminatas y acampadas en el monte, en las que aprovecha para meditar lejos del mundanal ruido.

De las decisiones que tome en los próximos meses dependerá que Banca March cumpla los cien años de vida como un referente de la banca privada española, o que sea derribada como las perdices que durante décadas han caído abatidas por los disparos de su escopeta. Ya no sirven las recetas del pasado. En un mundo como el actual la capacidad para adaptarse al entorno es crucial para garantizar la supervivencia. El tiempo dará o quitará razones, pero lo que parece claro es que si Juan March de la Lastra no consigue actualizar el banco se convertirá en el cazador cazado.

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