Javier Monzón

Si el británico John Le Carré hubiera nacido en nuestra querida piel de toro seguramente habría dedicado al menos algún capítulo de una de sus famosas novelas de espías al madrileño Javier Monzón. Cuando todos le daban por amortizado y esperaban que pasara sus últimos días navegando cerca de las costas de su amada Menorca –cual agente 007 retirado disfrutando de su anonimato– resulta que su amiga Ana Botín le ha sacado del ostracismo para situarle, nada más y nada menos, que al timón de la división digital del Santander y, al mismo tiempo, nombrándole presidente del antaño “imperio del monopolio” –que es como el periodista José María García definía al Grupo Prisa– propietario del diario El País y la Cadena Ser, así como de la editorial Santillana.

Monzón llegó al mundo de la gran empresa en los años ochenta del pasado siglo gracias a Luis Solana, cuando el hermano del ministro era presidente de Telefónica, compañía en la que fue director financiero y en la que llegó a dirigir su división internacional protagonizando el desembarco de la operadora en Latinoamérica. Posteriormente trabajó en Arthur Andersen (que tras el fraude de Enron se convirtió en la actual Deloitte) y después entró en la empresa pública Inisel porsus buenas relaciones con Javier Salas, otro político de lo que entonces se consideraba la beautiful people del felipismo.

El gran salto en su carrera profesional lo dio el directivo en 1993 de la mano de su querido Felipe González, que le puso al frente de la recién creada Indra, una empresa tecnológica que desarrolla su labormanteniendo una estrecha relación con el Estado hasta el punto de que muchos la consideran un apéndice más de los servicios de inteligencia españoles.

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Como buen trabajador infatigable y perfeccionista, Monzón encajaba perfectamente en el perfil requerido para dirigir esta singular compañía, cuya génesis muchos atribuyen a este licenciado en Ciencias Económicas que dio sus primeros pasos laborales en la extinta Caja Madrid y que abandonó los estudios de medicina a muy temprana edad. Muy celoso de su intimidad y con gran capacidad para tejer relaciones personales y profesionales con gente relevante, Monzón aprovechó la ola de privatizaciones del aznarismo para sacar a Indra a Bolsa y –gracias a los millonarios contratos que le otorgaron las distintas Administraciones Públicas– metió al grupo en el Ibex 35 convirtiéndose en un miembro selecto de la élite empresarial española.

Monzón es un gestor obsesionado con la capacidad de la tecnología para cambiar el mundo, proclamando la necesidad de que exista un mayor compromiso de los Estados por la I+D+i. Aunque niega ser un ‘tecnólogo’ ha fundado la consultora Wabisabi Inversión y Servicios junto a su mujer, la editora Eva Serrano y fundadora de Círculo de Tiza. Esta compañía se dedica al asesoramiento en materia de tecnología e ingeniera y, de paso, también incluye entre sus funciones la adquisición de inmuebles, como la sociedades esas que les gustan tanto a los ministros de Sánchez para reducir sus facturas fiscales.

Durante sus años en Indra Monzón logró acceder a la camarilla del Rey emérito Juan Carlos I, con el cual llegó a departir con periodicidad semanal siendo el propio monarca el que llamaba personalmente en muchas ocasiones al empresario. Cuando el Gobierno de Rajoy le puso en el punto de mira por sus desavenencias con Pedro Morenés –ministro de Defensa con dificultades para separar los público de lo privado– el presidente de Indra aprovechó un viaje al Golfo Pérsico para reunirse de forma privada con el Rey e intentar convencerle para que intercediera a su favor, pero pinchó en hueso. Pero le sucedió como a Suárez, es decir, que Don Juan Carlos dejó a su amigo en la estacada para no perjudicar sus propios intereses regios, y todo ello a pesar de que Monzón, junto al entonces presidente de OHL  Juan Miguel Villar Mir, le reía las gracias a Corinna, la “amiga especial” del monarca a la que se dice que trataban todos los miembros de la corte con especial exquisitez.

OPERACIÓN GET BACK: MONZÓN A LA CALLE

Monzón fue forzado a dimitir en 2015 después de que Rajoy recibiera un voluminoso informe titulado Get Back (expresión inglesa que se puede traducir como ‘volver’ o ‘recuperar’) en el que se manifestaba la conveniencia de apartar al empresario de la presidencia de Indra. La caída a los infiernos de su gran valedor real–tras el célebre viaje a Botsuana– y la oposición frontal de Monzón a integrar la compañía en un grupo que aglutinara a toda la industria de defensa –como quería Morenés– fueron los principales elementos que justificaron la operación gubernamental, aunque oficialmente se blandieron argumentos relacionados con la mala gestión financiera de la empresa.

La puntilla para su cese disfrazado de dimisión fue el descubrimiento de que Monzón había adquirido un avión privado (un Gulfstream G200) sin el conocimiento del consejo de administración y que no aparecía en la contabilidad oficial de la empresa. Un jet que posteriormente compró el futbolista Cristiano Ronaldo por 19 millones de euros.

Así que nuestro protagonista dejó la que había sido su casa durante más de veinte años, aunque no lo hizo con las manos vacías. Meses antes se había asegurado una jugosa indemnización de más de 16 millones de euros. Su sustituto fue Fernando Abril–Martorell y el representante del Grupo March en Prisa, Juan March de la Lastra –el último pirata del Mediterráneo– fue el único que expresó su oposición al cambio de cromos impulsado por el Gobierno, elogiando a Monzón el mismo día de su salida en el seno del consejo de administración.

Aunque se dijo que fue una salida pactada, la realidad es que en Indra no pueden ver a Monzón ni en pintura y la actual directiva piensa que incluso está realizando una campaña de acoso y derribocontra el grupoimpulsando varios intentos de desestabilización, lo cual tampoco es una tarea muy difícil teniendo en cuenta el oscuro historial de la compañía, siempre poniendo una vela a Dios y otra al diablo..

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La lista de escándaloses interminable: la compra de una sociedad al hijo de Felipe González por un valor superior al de mercado, la operación con Josep Puyol Ferrusola para desembarcar en Cataluña pagando un dineral a una consultora de la que el hijo del antaño molt honorable tenía un 14%, pagos a jueces en la Comunidad de Madrid por “asesoramiento tecnológico”, la aparición en diversos sumarios como sospechosa de haber financiado ilegalmente al PP, la imputación del antiguo número dos de Monzón, Javier de Andrés, en la trama Púnica y en la Operación Lezo…

ANA BOTÍN ACUDE AL RESCATE

Fue en aquel momento en el que todos consideraban a Monzón como un cadáver empresarial cuando Ana Botín, presidenta del Santander, decidió devolverle el favor que le hizo cuando Indra compró al grupo financiero la consultora de nuevas tecnologías Coverlink que no había podido colocar el banco a IBM. Primero lo hizo consejero del grupo financiero y, posteriormente, presidente de Openbank, puesto que compagina en la actualidad con la presidencia de Prisa sin que el Banco de España vea ningún problema de colusión de intereses en que un empresario dirija un banco y, al mismo tiempo, decida la línea editorial de El País y la SER. El visto bueno de Mario Draghi ha sido suficiente para hacer la vista gorda.

La llegada a Prisa tampoco estuvo exenta de polémica. La quiebra del grupo por la nefasta gestión de Juan Luís Cebrián (otro de los integrantes del ‘club de los eméritos’) puso muy fácil al Santander asaltar la presidencia de la compañía, especialmente una vez que llegó a un acuerdo con el máximo accionista, el fondo de inversión Amber Capital.

La intención de Ana Botín era poner a Monzón de presidente de Prisa a finales de 2017, pero no fue posible por la oposición del Gobierno, articulada en esta ocasión por Soraya Sáenz de Santamaría, que convenció a Telefónica (otro de los accionistas relevantes de Prisa) de que no era conveniente cambiar al presidente del grupo editorial en medio de la crisis política institucional por la que atravesaba (y atraviesa) España. Mejor malo conocido que bueno por conocer.

Sin embargo, finalmente la presidenta de Santander consiguió lo que quería –como casi siempre– y tras un año de intrigas palaciegas colocó a Monzón de presidente no ejecutivo de Prisa el pasado uno de enero. Todo ello con el beneplácito de Amber Capital, que el pasado verano prometió a Pedro Sánchez que los medios de Prisa no atacarían al PSOEmás de la cuenta para tener así la bendición del inquilino de La Moncloa.

Una vez conseguido el objetivo Monzón ya piensa en disfrutar de unos días de descanso en su villa de lujo de Coves Noves, recuperando energías cuando el sol vuelva a bañar las costas menorquinas dentro de pocos meses. Su perfil de Whatsapp resume el momento vital en el que está inmerso y es toda una declaración de intenciones: “me estoy haciendo joven”, constatando que a este conspirador sexagenario todavía le queda mucha tela que cortar.