Amazon, Microsoft, Meta y Alphabet queman 720.000 millones en capex de centros de datos IA sin retorno a la vista

Las cuatro compañías han comunicado a sus inversores que no frenarán el despliegue por iniciativa propia. La presión no llega ya del tamaño del gasto, sino de la facturación por vatio instalado.

El capex en centros de datos IA de Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta suma 720.000 millones de dólares este año. Ninguna de las cuatro ha puesto fecha al retorno.

Claves de la operación

  • 720.000 millones de dólares en un solo ejercicio. Las cuatro grandes confirmaron en sus resultados del tercer trimestre que mantienen el mayor plan de inversión de su historia, y la mayor parte se dirige a infraestructura de inteligencia artificial.
  • Compromisos de gasto por al menos un billón de dólares. Al desembolso de este ejercicio se suman obligaciones de inversión ya adquiridas, según la información publicada por The Verge.
  • El mercado ha cambiado el criterio de evaluación. La pregunta ya no es cuánta capacidad se construye, sino cuánta se factura y con qué margen por vatio instalado.

Las llamadas de resultados del tercer trimestre, celebradas a finales del pasado octubre, dejaron dos evidencias y un aviso. La primera: las cuatro compañías no han terminado de gastar. La segunda: el despliegue no está más cerca de devolver lo prometido. El aviso es el que debería inquietar a los inversores.

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Los mensajes fueron convergentes. Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén desembolsar al menos 720.000 millones de dólares en capex durante este ejercicio, y la mayor parte se destinará a infraestructura de IA. A esa cifra se suman compromisos de gasto por al menos un billón de dólares, según la información recogida por The Verge.

La cifra tiene una virtud analítica: ordena el debate. Ya no se discute si la inteligencia artificial es una prioridad estratégica, sino cuánto tarda en pagar la factura. Y ahí las cuatro respuestas se parecen demasiado.

El capex ha dejado de ser una apuesta de futuro para convertirse en una carga del estado de resultados. La amortización llega antes que los ingresos. Los ingresos llegan cuando la capacidad está construida, conectada y vendida. Entre esos dos momentos hay años.

El gasto en infraestructura se contabiliza este trimestre; el retorno, si aparece, se anotará en un ejercicio que ningún consejero delegado se ha atrevido a fechar.

Observamos que la presión de los analistas se ha desplazado del tamaño del despliegue a su tasa de utilización. Nadie pregunta ya cuántas GPU hay instaladas, sino cuántas se facturan. El capex en centros de datos IA se juzga ahora por su capacidad de generar caja.

El capex en centros de datos IA ya no cabe en el relato del crecimiento

La lógica de la expansión era sencilla: más capacidad, más ingresos. El problema es el desfase. Un centro de procesamiento de datos tarda años entre la firma del contrato de suelo y la primera factura al cliente, y mientras tanto consume energía, agua y capital.

Las cuatro compañías compiten en el mismo terreno con el mismo argumento: quien tenga la infraestructura primero fijará el precio del cómputo. La ventaja competitiva se mide hoy en megavatios contratados, no en productos lanzados.

Construir no es diferenciarse.

Ahí aparece la primera contradicción. Si las cuatro edifican a la vez y con idéntica prioridad, la capacidad deja de ser un foso defensivo y se convierte en un coste fijo compartido. La diferenciación se desplaza al software, al modelo y, sobre todo, al cliente dispuesto a pagar la tarifa.

El retorno prometido choca con la factura eléctrica y los plazos de conexión

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El cuello de botella ya no es el chip. Es la energía, la refrigeración y el permiso de conexión a la red. En buena parte de Europa los plazos de acceso se cuentan por años, y ninguna tecnológica puede acelerar una subestación a golpe de talonario.

El retorno depende de un calendario que las cuatro tecnológicas no controlan: la subestación, la licencia y el precio de la luz. Cada trimestre de retraso añade amortización sin ingresos.

La IA no espera al transformador.

De ahí que el discurso de las compañías haya girado hacia la eficiencia energética y los acuerdos de compra de electricidad a largo plazo. No es una pose verde. Es contabilidad.

Lo que España se juega si el dinero de la IA deja de fluir

En España el despliegue no es una abstracción. Las inversiones anunciadas por AWS en Aragón, los proyectos de centros de datos en Madrid y Cataluña y la presión sobre la demanda eléctrica han convertido la infraestructura de IA en un asunto de política industrial. Buena parte de esa expectativa se apoya en decisiones de capex que se toman en Seattle, Redmond o Menlo Park.

El precedente más útil no es la burbuja de las punto com. Es la fibra. Entre 2017 y 2021 España desplegó una de las redes más extensas de Europa con capital de Telefónica, Orange y MásMóvil, y el resultado fue una guerra de precios mayoristas que comprimió los ingresos justo cuando tocaba amortizar. La infraestructura se construyó; el margen tardó bastante más.

Con los centros de datos puede repetirse el patrón, con un matiz: el proveedor dominante en España no es una teleco, sino una eléctrica. Iberdrola ha situado la demanda de estos complejos en el centro de su relato de crecimiento, y ese vínculo la expone al mismo calendario que las cuatro grandes. Los registros oficiales ante la SEC, y las cuentas trimestrales de las eléctricas se leen cada vez más en paralelo.

El riesgo no es que la IA no funcione. Es que funcione a un ritmo más lento que el de la amortización, con tipos de interés que no han vuelto a cero y con una base de inversores que ya distingue entre capacidad instalada y capacidad vendida. Ese es el punto débil de todo el relato.

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La próxima prueba llega en enero de 2027, cuando las cuatro compañías presenten sus resultados del cuarto trimestre y actualicen la guidance de inversión para el ejercicio siguiente. Si esa cifra vuelve a subir sin una métrica clara de ingresos por vatio, la pregunta dejará de ser académica.


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