La historia de vida guía el cuidado diario en los centros Emera

En los centros Emera, conocer la trayectoria, las preferencias y las rutinas de cada residente forma parte del cuidado diario. La historia de vida permite adaptar tareas como el aseo, las comidas y los paseos a la persona que las recibe.

Una herramienta para conocer a cada residente

La historia de vida es una herramienta de la Atención Centrada en la Persona, el modelo que guía el trabajo en los centros Emera. Se elabora junto con la persona y su familia e incluye aspectos como su lugar de origen, ocupación, vínculos importantes, gustos y costumbres.

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El proceso puede empezar antes de la llegada al centro o durante los primeros días, según la organización de cada establecimiento. La familia puede completar un cuestionario y, en entrevistas con el equipo, se profundiza en los intereses y rutinas de la persona. Siempre que es posible, es ella quien cuenta su historia; si el deterioro cognitivo lo dificulta, la familia y las personas cercanas cobran un papel clave. La información se revisa y completa durante el ingreso.

Los equipos técnicos pueden consultar esos datos y reciben un resumen de los aspectos más relevantes. El personal auxiliar dispone de copias impresas en la habitación y en una carpeta de cada planta. Según el centro, la copia de la habitación se guarda en el armario o se coloca a la vista, en este último caso con el consentimiento informado previo de la familia.

Rutinas adaptadas a cada persona

Conocer la biografía de los residentes puede traducirse en gestos concretos: usar el nombre por el que siempre les han llamado, respetar sus costumbres durante el aseo, conversar sobre sus intereses o proponer actividades pensadas para cada persona, no solo para el grupo.

La información también puede ayudar en situaciones complejas, especialmente cuando una persona con deterioro cognitivo no logra explicar qué le ocurre. Emera relata el caso de un residente que se levantaba continuamente y mostraba inquietud, con el consiguiente aumento del riesgo de caídas. Al profundizar en su historia, el equipo supo que había trabajado como contable y que llevar su cartera y documentación era importante para él.

El equipo preparó una carpeta con facturas y documentos para que pudiera organizarlos, además de reproducciones plastificadas de sus tarjetas y documentos personales con su nombre. Zulema Almaráz, trabajadora social de Emera, explica que, desde que dispone de esos materiales, el residente consigue permanecer tranquilo durante más tiempo y se reducen las situaciones en que se levanta continuamente, así como el riesgo de caídas.

Un trabajo compartido

Según el texto, conocer a la persona ofrece a los equipos recursos para anticiparse y responder con calma. Emera señala que este enfoque es una de las bases que permiten a muchos de sus centros trabajar sin sujeciones y avanzar como centros amigables con las personas mayores con demencia.

La historia de vida implica a distintos profesionales —desde gerocultores y personal de enfermería hasta cocina, limpieza y recepción—, que comparten sus observaciones y conocimientos. También favorece la colaboración con las familias, que participan en el cuidado.

Almaráz indica que la relación con las familias puede convertir al equipo en un referente de confianza. También señala que conocer las historias de los residentes ayuda a recordar que detrás de cada necesidad o diagnóstico hay una persona que merece ser conocida y respetada.

Una herramienta para el día a día

En Emera, la historia de vida se plantea como una herramienta de uso cotidiano, no solo como un cuestionario que se completa al ingreso. La información puede ayudar a comprender quién es cada residente y cómo quiere ser acompañado.

El enfoque busca que cada persona mantenga su identidad y que el cuidado tenga en cuenta su trayectoria, sus afectos y sus preferencias.


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