Solo 28 mujeres figuran entre los 100 españoles más ricos que Forbes España reúne en su edición de 2026. Setenta y dos hombres completan la lista, y en la cúpula el guion se repite: Amancio Ortega, su hija Sandra Ortega, Juan Roig y Juan Carlos Escotet encabezan un ranking que cambia menos de lo que sugiere su periodicidad anual.
Del podio textil a la séptima plaza de la construcción
El fundador de Inditex vuelve a ocupar la primera posición. Su patrimonio sigue atado al valor de la compañía que presidió hasta 2011 y de la que su familia continúa siendo primer accionista, de modo que la cotización del textil gallego funciona como un termómetro casi diario de su fortuna. Cuando Inditex sube, la lista se mueve con ella.
Sandra Ortega aparece también en el grupo de cabeza y es la mujer mejor situada del ranking. Su posición combina la herencia accionarial con una actividad propia centrada en la filantropía a través de la Fundación Paideia y en la gestión de su patrimonio vía Rosp Corunna. Es la mujer que llega más alto, y lo hace sin haber pasado por una fusión ni por una salida a bolsa.
El tercer puesto corresponde a Juan Roig. El presidente de Mercadona mantiene una posición que ha defendido con crecimiento orgánico puro: sin compras relevantes fuera de España, sin diversificación industrial y con una política de reparto de dividendo que él mismo ha definido como una forma de financiar el futuro de la compañía.
Valencia coloca a seis representantes entre los cien primeros puestos, y el de Roig es el más alto de todos. La Comunidad Valenciana se confirma así como el segundo polo de patrimonio empresarial del país, con una particularidad: casi todo su peso descansa en dos sectores, la alimentación y la cerámica.
Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca, cierra el cuarteto de cabeza y rompe el patrón del ranking. No es heredero industrial ni fundador de la distribución, sino un banquero formado en Venezuela que aterrizó en el mercado español con la compra de Novagalicia y ha construido desde ahí un grupo financiero con presencia en varios países.
La cúpula se hereda, el tramo medio se conquista y las mujeres siguen entrando por la puerta de atrás: no falta dinero, falta recambio.
Más abajo, en el séptimo puesto, aparece Florentino Pérez, presidente de ACS, el grupo constructor y concesionario que dirige desde 2004. Y en el capítulo de novedades destaca Enrique Riquelme: el fundador del grupo alicantino Cox entra por primera vez en el club de los cien y lo hace por la vía emprendedora, sin herencia previa y con una empresa levantada en menos de dos décadas.
Veintiocho mujeres en un club de cien
La proporción es la noticia. Casi tres de cada cuatro nombres del ranking son masculinos, y esa desproporción no se ha corregido al ritmo que cabría esperar en una economía donde las mujeres ya superan a los hombres en matrícula universitaria y ganan terreno en la dirección de empresas medianas. El escalón que falla no está en la formación ni en el empleo. Está en la propiedad.
Ahí está la brecha. La lista mide patrimonio acumulado, no renta ni salario, y ese detalle explica casi todo: quien no hereda una participación industrial o no funda una empresa que sobreviva veinte años no entra en el ranking, por alta que sea su nómina. Los sectores que dominan las primeras posiciones —textil, distribución alimentaria, construcción y banca— siguen siendo negocios de transmisión familiar, con consejos donde la sucesión se decide en la mesa del despacho y no en el mercado.

Hay un segundo efecto, menos visible. Las mujeres presentes en la parte alta llegan en buena medida por vía sucesoria, mientras que los hombres de nueva incorporación lo hacen por vía emprendedora. El caso de Riquelme contrasta con la práctica totalidad de las entradas femeninas del ranking. Los datos son los datos.
No es una cuestión de Forbes, desde luego. La lista solo fotografía una realidad que se cocina en los consejos de administración, en los pactos de sucesión y en la fiscalidad del patrimonio, tres terrenos donde el calendario avanza bastante más despacio que el discurso público.
Lo que el ranking dice del capital español
Visto con distancia, el ranking de 2026 describe un capitalismo de stock y no de flujo. Las fortunas que lo encabezan se formaron hace dos o tres décadas y su valor depende ahora de la bolsa, del dividendo y de la capacidad de las siguientes generaciones para no romper el grupo. Es una foto muy estable, y precisamente por eso resulta tan útil: revela qué sectores han generado riqueza duradera en España y cuáles se han quedado por el camino.
Tres ganadores claros: la moda, la alimentación y la construcción concesionaria. Los tres comparten un rasgo que no se enseña en las escuelas de negocio: escalaron con mercados exteriores desde bases muy locales. Ortega exportó un modelo de tienda propia, Roig convirtió un supermercado de barrio en la primera cadena del país y Pérez trasladó la concesión de infraestructuras a medio mundo.
El riesgo que veo no está en la concentración, sino en el relevo. Una economía que cada año recicla los mismos apellidos en los primeros puestos tiene un problema de creación de patrimonio nuevo, y ese problema pesa más sobre las mujeres porque parten de una base de propiedad menor. Si la brecha en la cúpula no se cierra por la vía sucesoria, tendrá que hacerlo por la vía fundacional: más empresas creadas y escaladas por mujeres, con o sin apellido conocido.
La próxima edición de la lista dará una pista. Si el 28 se convierte en 32 o en 35, habrá algo más que un ajuste de criterios. Si vuelve a quedarse donde está, el diagnóstico será otro: el dinero español cambia de cifras, pero no de manos.




