EIP-7702 ha pasado en cuestión de horas de los foros de desarrolladores a las alertas de seguridad. Un análisis difundido por Charles Hoskinson, fundador de Cardano, atribuye a esta mejora de Ethereum un papel en el presunto vaciado de una billetera caliente de Binance, el monedero conectado a internet con el que el exchange atiende las retiradas.
La cifra que corre por redes es de 6.300 millones de dólares. Nadie la ha confirmado: ni Binance, que no ha publicado un comunicado con detalles, ni una verificación independiente sobre la cadena.
Conviene separar dos cosas. Que un contrato delegado con EIP-7702 se comportara como una herramienta hecha a medida para el exchange es un indicio. Que Ethereum tenga una grieta capaz de vaciar cuentas ajenas sin permiso es mucho más grave, y lo publicado no lo acredita.
La advertencia de Hoskinson fue breve: habló de código ‘seriamente peligroso’, compartió un desglose ajeno y no detalló qué parte del análisis respaldaba su alerta.
Qué sostiene el análisis del presunto vaciado
CyberSatoshi, el autor del desglose, reconstruyó el bytecode —el código compilado que ejecuta la máquina virtual de Ethereum— de un contrato sweeper, la pieza que barre los fondos de una cartera. Según su lectura, dejaba exactamente 1 ETH en la billetera tras arrasar el saldo nativo.
Ese detalle no es cosmético. El ether residual habría evitado que la cola automatizada de billeteras calientes del exchange se quedara sin gas, la comisión que paga cada operación, y lanzara una alerta. Es una hipótesis del autor, no un hecho confirmado por Binance.
EIP-7702 no entrega llaves. Sin una firma válida nadie puede instalar código en una cuenta ajena, y ese es justo el hueco que el análisis no explica.
Aparecen más piezas: un bucle que consultaba saldo a saldo y seguía adelante cuando una operación fallaba, de modo que un activo en lista negra no detenía el resto. Y una función específica habría permitido llamar a una bóveda externa con 823 millones de dólares en USDC que reconocía a Binance 14 como controlador.
Añade un detalle que sí encaja con las reglas del estándar: 50 autorizaciones firmadas con nonces consecutivos. El nonce es el contador de secuencia de una cuenta: impide repetir una operación o adelantar su orden. EIP-7702 lo verifica antes de aplicar una delegación, así que una batería de firmas encadenadas puede seguir el ritmo de una billetera que no deja de operar.
Lo que el análisis no responde es la pregunta anterior a todas: cómo obtuvo el atacante la capacidad de firmar. El propio autor reconoce que el escenario exige la clave privada en bruto o un acceso de firma sin restricciones a la seguridad del exchange.
Qué permite EIP-7702 y qué firma exige

Ethereum distingue entre contratos y cuentas de propiedad externa, esas direcciones que se controlan con una clave privada. EIP-7702, incluida en el paquete Pectra activado en mainnet en mayo de 2025, les permite delegar su ejecución en código desplegado en otra dirección sin mover fondos.
Su diseño nació con usos concretos: agrupar varias operaciones en una sola transacción, dejar que un tercero pague el gas o recuperar el acceso mediante guardianes. Y exige algo más que conocer la dirección de la víctima: la autorización incluye la cadena, la dirección del código delegado, un nonce y una firma criptográfica de la que el protocolo recupera la cuenta autorizadora.
El documento de la propuesta avisa de que el código autorizado recibe acceso amplio a la cuenta y conviene auditarlo. La delegación persiste más allá de la transacción que la instala, un fallo de ejecución no revierte las delegaciones ya procesadas y la única forma de retirarla es firmar una autorización dirigida a la dirección cero.
Ahí está el riesgo que Hoskinson señala sin concretar: la flexibilidad que permite a una wallet agrupar aprobaciones es la misma que convierte una delegación mal firmada en un control casi total de la cuenta.
La seguridad del protocolo no es la seguridad de la billetera
Cuando Pectra llegó a mainnet en mayo de 2025, la promesa de EIP-7702 se vendió como abstracción de cuentas: acercar la experiencia de Ethereum a la de una app bancaria, con recuperación de acceso y pagos patrocinados. Dieciocho meses después, su primer gran titular no es una wallet amigable: es una alerta de seguridad.
El patrón se repite. En 2016, el fallo de The DAO vació 3,6 millones de ether y partió la red en dos. En 2022, el puente Ronin perdió 624 millones por claves de validadores comprometidas, no por criptografía rota. En febrero de 2025, el hackeo de Bybit explotó el entorno desde el que se firmaba, no la multifirma Safe.
La conclusión incómoda es que las billeteras calientes de los exchanges siguen siendo un punto único de fallo, y EIP-7702 no crea ese problema: lo amplifica. Una clave comprometida ya no permite una transferencia, permite instalar código que arrasa la cuenta y alcanza bóvedas externas.
Queda por ver si Binance publica un análisis forense que confirme la cifra y el vector, y si las wallets añaden pantallas que muestren qué código se delega antes de firmar. Mientras tanto, la lectura prudente es la de siempre: el eslabón débil no fue Ethereum.



