La Voyager 1 cruzará el 18 de noviembre la marca de un día luz, 49 años después de su lanzamiento. Lo confirma la NASA en las notas del cielo nocturno que este mes de noviembre dedica a las dos naves más lejanas que ha construido la humanidad.
Según la agencia, la sonda estará entonces a 16.100 millones de millas del Sol, algo más de 25.900 millones de kilómetros. En el momento de redactar su nota, la antena de Canberra, en Australia, la seguía a 25.800 millones de kilómetros.
El Grand Tour que aprovechó una alineación de cada 175 años
Todo empezó en 1977. La NASA lanzó dos sondas gemelas, Voyager 1 y Voyager 2, para exprimir una alineación que los cuatro planetas más grandes del sistema solar —Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno— solo repiten cada 175 años. Con seis asistencias gravitatorias entre ambas, el Grand Tour mostró de cerca los gigantes gaseosos y helados, y también varias de sus lunas.
A comienzos de los ochenta las dos naves se separaron a la altura de Saturno. La Voyager 2 siguió hacia Urano y Neptuno. La Voyager 1 tomó un último retrato de familia del sistema solar —sin Mercurio ni Marte— en el que aparecía, diminuta, la Tierra: el punto azul pálido.
El programa preparó el terreno para misiones orbitales mucho más ambiciosas, como Galileo en Júpiter y Cassini en Saturno, que llegarían años después.
Cada nave lleva a bordo el Golden Record, un disco de vinilo de 12 pulgadas con saludos hablados en 55 idiomas, 27 piezas musicales, 116 imágenes, y otros sonidos de la Tierra. La funda de aluminio está grabada con un mapa que sitúa el Sol respecto a 14 púlsares y con las instrucciones para reproducir el disco. El cobre y el oro protegen la información de la radiación espacial; el chapado con uranio-238 ultrapuro, cuya semivida es de 4.468 millones de años, funciona como sello temporal.
Cuando la Voyager 1 cruce esa frontera, cada mensaje que envíe habrá viajado un día entero antes de que alguien pueda leerlo.
Qué significa de verdad un día luz
Un minuto luz es una medida de distancia, no de tiempo, y conviene recordarlo antes de seguir. La luz avanza a 300.000 kilómetros por segundo; la que sale del Sol tarda unos ocho minutos en llegar hasta aquí. Un día luz equivale a 24 horas de viaje a esa velocidad: aproximadamente 25.900 millones de kilómetros, o 173 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol.
De ahí sale la demora que convierte el cruce en noticia y no en anécdota. A partir del 18 de noviembre, una orden enviada desde la Tierra necesitará casi 24 horas para alcanzar la nave, y la respuesta tardará otro tanto. Con la Luna, para hacerse una idea, la luz tarda 1,3 segundos.

Las dos naves llevan años fuera de la burbuja del Sol. La Voyager 1 cruzó la heliopausa en agosto de 2012 y la Voyager 2 en noviembre de 2018: es la frontera donde el viento solar choca con el medio interestelar. Desde entonces envían datos de un entorno que ninguna otra misión ha medido sobre el terreno. Hay más contexto sobre esa frontera en la entrada de Wikipedia sobre la heliopausa.
Las Voyager siguen midiendo el borde del sistema solar
La nota de la NASA no anuncia un instrumento nuevo ni un resultado de laboratorio. Es un hito de ingeniería que se mide en tiempo, y que dice bastante sobre el diseño de los sistemas del Jet Propulsion Laboratory y sobre la paciencia de una red de antenas que lleva casi medio siglo escuchando. La agencia lo resume con una fórmula sobria: ambas naves siguen devolviendo ciencia valiosa desde los confines del sistema solar.
Esa ciencia tiene un objeto concreto: el medio interestelar. Fuera de la heliopausa, los instrumentos registran partículas y campos que no llegan filtrados por el plasma solar. Cada dato que cruza esa distancia se convierte, de paso, en una prueba de resistencia de la propia Red de Espacio Profundo, que debe apuntar antenas de decenas de metros hacia una señal cada vez más débil. Cuanto más lejos, más débil y más lenta la respuesta.
Conviene no confundir magnitud con misterio. La Voyager 1 no se dirige a ninguna estrella: se aleja del Sol en una trayectoria abierta, sin destino concreto. El titular útil de esta historia es más prosaico y más humano: un equipo sigue siendo capaz de hablar con un objeto que lanzó hace 49 años y que ya está a un día luz.
El hito se puede seguir con detalle. La NASA mantiene una página de seguimiento de ambas sondas y publica sus notas del cielo nocturno cada mes. La cita es el 18 de noviembre. Ese día, mirar al cielo no servirá de nada —las naves son invisibles incluso para los mejores telescopios—, pero bastará con mirar un reloj.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: la Voyager 1 cruzará el 18 de noviembre de 2026 la marca de un día luz, 49 años después de su lanzamiento, y ambas sondas siguen enviando datos desde el espacio interestelar.
- Dónde: espacio interestelar, más allá de la heliopausa, a unos 25.900 millones de kilómetros del Sol.
- Institución responsable: NASA, con el Jet Propulsion Laboratory y la Red de Espacio Profundo.
- Cuándo: 18 de noviembre de 2026, según las notas del cielo nocturno de noviembre de la NASA.
- Impacto a futuro: primera nave construida por la humanidad en alcanzar un día luz, referencia para calibrar las comunicaciones de la futura exploración interestelar.




