La Generalitat recupera el contrato de Renfe en Rodalies y podrá multarla por retrasos hasta 2028

El acuerdo regula la explotación de Rodalies y Regionales hasta el 31 de diciembre de 2028 y fija sanciones de hasta cinco millones anuales, con la puntualidad como principal motivo de sanción. El Estado aportará 1.407,6 millones en tres ejercicios y la sociedad mixta aspira a la

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Govern y Renfe cierran el contrato que formaliza la explotación de Rodalies y Regionales en Cataluña hasta el 31 de diciembre de 2028, con capacidad sancionadora para la Generalitat.
  • ¿Quién está detrás? Generalitat de Cataluña, Renfe Operadora, Renfe Viajeros y el Ministerio de Transportes como financiador del servicio.
  • ¿Qué impacto tiene? Multas de hasta cinco millones anuales por impuntualidad atribuible al operador, 1.407,6 millones de aportación estatal y 110 trenes comprometidos.

La Generalitat asumirá el control del contrato de Renfe en Rodalies y podrá sancionarla con hasta cinco millones de euros anuales por retrasos. El acuerdo pone fecha y condiciones a un servicio que llevaba diecisiete años funcionando sin contrato formal entre las partes.

El texto regula la explotación de Rodalies y Regionales en Cataluña hasta el 31 de diciembre de 2028. Hasta ahora, la relación contractual de Renfe se mantenía con el Ministerio de Transportes, pese a que la Generalitat tenía transferidas las competencias desde 2009 y 2010. La consejera portavoz del Govern, Silvia Paneque, lo resumió tras el Consell Executiu: ‘Es un contrato relevante que formaliza una relación existente pero que no tenía un marco contractual’.

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La aprobación está fijada para esta jornada por parte de Renfe Operadora y Renfe Viajeros, y también por el Govern. En unas tres semanas deberá pasar por la Comisión Mixta de Asuntos Económicos y Fiscales Estado-Generalitat (CMAEF), el órgano que reparte costes entre ambas administraciones. El calendario no es casual: Cataluña vota el 29 de noviembre.

Qué cambia en el día a día del viajero de Rodalies

El cambio central es que el Govern deja de mirar cómo se gestiona el servicio y pasa a supervisarlo con capacidad sancionadora. Hasta ahora, el sistema de incentivos y penalizaciones dependía exclusivamente del Ministerio de Transportes. Con el nuevo marco, la Generalitat podrá aplicar penalizaciones de hasta cinco millones de euros anuales por incumplimientos atribuibles a la operadora, incluida la impuntualidad siempre que no se deba a la infraestructura.

El contrato también fija reglas de juego en las incidencias. Si una interrupción tiene una duración prevista inferior a 90 minutos, la prioridad será restablecer la circulación. Si se prevé que supere esa franja, Renfe deberá activar un plan alternativo de transporte por carretera. Es la cláusula que el usuario nota antes que ninguna otra: menos esperas en el andén y autobuses cuando el tren no llega.

La renovación de flota queda escrita: 110 trenes para Cataluña, con 72 unidades nuevas de gran capacidad para Rodalies, 24 para Regionales y 14 procedentes de la serie 121 de Renfe. La dotación pasará de 202 a 250 trenes en Rodalies y de 70 a 75 en Regionales. En cuanto al personal, las previsiones que manejan ambas partes hablan de 926 maquinistas al cierre de este año y más de 1.200 al término de 2027. Eso sí, el contrato no hila tan fino: solo obliga a disponer del personal suficiente para prestar los servicios comprometidos.

La Generalitat gana el silbato, pero la vía sigue siendo de Adif: sin inversión en la red, media multa acabará archivada.

Un pulso con tres actores: Govern, Renfe y Adif

Ahí está la contradicción que el acuerdo no resuelve. El Govern podrá multar por retrasos atribuibles a Renfe, pero buena parte de la impuntualidad estructural de Rodalies nace en la infraestructura: averías de señalización, obras, incidencias en la red. Adif es una entidad estatal que no responde ante la Generalitat. Sin un reparto de culpas nítido, el sistema de penalizaciones puede quedarse en un ejercicio contable.

El dinero tampoco es neutro. El Estado aportará 1.407,6 millones de euros entre 2026 y 2028: 507,9 millones este ejercicio, 448 millones en 2027 y 451,6 millones en 2028, según el reparto pactado con el Ministerio de Transportes. La previsión del primer año incluye los gastos de los planes alternativos de transporte activados por la crisis ferroviaria y la gratuidad de los títulos impulsada por la Generalitat, con una compensación estimada en 74 millones.

La otra pata es Rodalies de Catalunya, la sociedad participada al 51% por Renfe Viajeros y al 49% por la Generalitat, constituida en enero de este año. Su hoja de ruta pasa por obtener la licencia ferroviaria en el primer trimestre de 2028 y empezar a operar a partir de entonces, momento en que el contrato se adaptará. Queda además un traspaso pendiente: Renfe dejará de operar las líneas RL3 y RL4 de Lleida cuando las asuma Ferrocarriles de la Generalitat. Para vigilar todo esto se constituirá una comisión paritaria de seis representantes que sustituye al actual órgano mixto.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

Impacto: el usuario de Cercanías de Barcelona gana plazos para la renovación de trenes y un sistema de multas que, en teoría, convierte su queja en un coste para la operadora. Zona cero: Cataluña y, en particular, el área metropolitana de Barcelona, donde se concentra el grueso de las incidencias. El dato: cinco millones anuales, una cifra modesta frente a los 507,9 millones que el Estado pone encima de la mesa solo este año. La multa máxima equivale a menos del uno por ciento de la financiación anual del servicio.

Hay precedente y explica la desconfianza mutua. Desde 2010, la financiación fue el gran campo de batalla entre administraciones, hasta el punto de que Generalitat y Renfe mantuvieron una disputa judicial por determinados costes. El conflicto se desactivó con los acuerdos de investidura entre ERC y el PSOE en 2023, cuando el Estado asumió unos 90 millones correspondientes a esas ampliaciones de cobertura. El nuevo contrato busca justamente eso: que las mejoras no se negocien cada diciembre.

Nuestra lectura es que el acuerdo ordena la gobernanza, pero no resuelve el problema de fondo. Una operadora puede ser sancionada por algo que depende de una infraestructura ajena a su control; ahí es donde el Govern se jugará la credibilidad del sistema. El riesgo inmediato es político: si el calendario electoral altera la mayoría, el contrato queda firmado pero su desarrollo queda en el aire. El próximo hito llega en unas tres semanas, con la CMAEF. Después, la licencia de Rodalies de Catalunya en 2028 marcará el verdadero final de esta historia.


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