Los valores españoles en Brasil perdieron más de 7.000 millones de euros de capitalización bursátil en una sola sesión. Telefónica, Santander, Mapfre y ArcelorMittal concentraron el castigo tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas.
La reacción no fue homogénea. En la sesión del lunes, Telefónica se dejó un 6,41% y borró 1.242 millones de capitalización; Santander cedió un 3,09% tras llegar a caer más del 6%; Mapfre recortó un 1,82% y ArcelorMittal, un 0,83%. Iberdrola subió un 0,32%, Aena un 0,45% e IAG un 3,96%.
El detonante tiene fecha. El 5 de octubre, con la primera vuelta recién celebrada y las encuestas apuntando a Bolsonaro, Santander se anotó un alza del 4,52%. Tres semanas después el movimiento se ha revertido con intereses: el mercado había anticipado un giro favorable a la inversión privada y ahora debe recalibrar sus expectativas sobre déficit, deuda y tipos, según apuntan desde XTB.
Tampoco ayuda el ruido institucional. Bolsonaro ha pedido la anulación del resultado de la segunda vuelta, lo que añade incertidumbre a la transición, como apunta Patricia García, socia de MadroYield.
Telefónica pierde 1.242 millones y JPMorgan le recorta el precio objetivo a 3,20 euros
La operadora fue la más castigada, y el golpe no llegó solo de las urnas. A la resaca electoral se sumó un informe de JPMorgan que recorta su precio objetivo hasta los 3,20 euros: ve la compañía bien gestionada, pero le preocupan el endeudamiento, la situación de Virgin Media O2 y una posible ampliación ligada a movimientos corporativos.
Brasil no es un mercado periférico para Telefónica. En el primer semestre de 2026, Telefónica Brasil —que opera con la marca Vivo— aportó el 31% de los ingresos constantes y el 37% del ebitda ajustado del grupo, solo por detrás de la filial española. Es también la que más crece: los ingresos subieron un 7,5% y el ebitda un 10%. Al ritmo actual será la primera filial del grupo hacia 2030.
El mercado ha descontado dos años de política fiscal brasileña en una sesión de Bolsa. Rara vez acierta con esa precisión.
Santander, Mapfre y ArcelorMittal pagan la factura del crédito, el seguro y el acero
Santander obtiene el 15% de su beneficio en Brasil, así que su cotización se movió como un activo brasileño más. Para Nuria Álvarez, de Renta 4, el programa de Lula aboga por más gasto público, lo que puede traducirse en menos crédito privado —canalizado hacia bancos públicos subvencionados— y en bajadas de tipos más lentas. Eso golpea el margen de intereses del banco y presiona las provisiones.
Mapfre, con el 24,8% del beneficio en el país, cedió un 1,82%: suma exposición a la divisa con seguros vinculados al crédito, que sufren si la financiación sigue cara. ArcelorMittal se dejó un 0,83%. Factura en Brasil unos 11.052 millones de euros, casi el 18% de su cifra total, y produce el 42% del acero bruto del país. Podría suspender inversiones de más de 2.100 millones de dólares si el Gobierno no limita las importaciones de acero chino.
Los que aguantaron: Iberdrola, Aena, Repsol, Inditex e IAG
Iberdrola, con cerca del 8% de su resultado en Brasil, cerró con un alza del 0,32%. Opera a través de Neoenergia y este año ha lanzado una opa para hacerse con el control total. Sus actividades reguladas aportan visibilidad, aunque la exposición al real y al coste de capital sigue ahí. Repsol llegó a caer más del 2% y cerró plano.
Aena sumó un 0,45%. Brasil es su principal mercado exterior, con 34,7 millones de pasajeros entre enero y septiembre, el 11% del grupo. Gestiona 18 aeropuertos y el 28% del tráfico del país, y su peso crecerá tras adjudicarse Rio-Galeão en marzo. Inditex obtiene allí 148 millones de beneficio antes de impuestos, el 1,8% del total, y avanzó un 0,88%.
Un real más débil, un crédito más caro y el error de penalizar a todos por igual
Hay una parte del castigo que es pura aritmética. Un real brasileño más débil reduce en euros el valor de los beneficios generados en Brasil aunque el negocio mantenga el mismo resultado en moneda local. Ese efecto se queda, gane quien gane.
La segunda parte es de coste de capital. Si el gasto público se desborda, el mercado exigirá más prima para financiar deuda brasileña y las bajadas de tipos llegarán más tarde. Los bancos, los seguros ligados al crédito, y las empresas que dependen del consumidor son los eslabones más frágiles de esa cadena.
Mi lectura es que el mercado ha penalizado a todos por igual y no todos merecen el mismo descuento. Iberdrola y Aena viven de ingresos regulados y concesiones de larga duración: la visibilidad no desaparece porque cambie el inquilino del Planalto. Telefónica ya demostró con el propio Lula que sabe moverse en ese terreno: en la pasada legislatura convirtió su negocio fijo de un modelo de concesión a uno de autorización administrativa, con menor carga regulatoria.
El riesgo real está en el ruido institucional y en el crédito al consumo. Ahí no hay visibilidad que valga. La próxima cita para comprobarlo no es una encuesta: es la ronda de resultados del tercer trimestre, que llega en las próximas semanas, y el comportamiento del real frente al euro en ese intervalo.




