El Reino Unido ha colocado las ayudas a la primera vivienda en el centro de sus Presupuestos 2027. El programa My First Home, heredero directo del Help to Buy, y una cuenta de ahorro bonificada para compradores primerizos dibujan un paquete que España lleva dos años discutiendo sin cerrar.
El ministro de Hacienda británico, John Healey, presenta unas cuentas condicionadas por el coste de la vida. El Brent ronda los 116 dólares por barril y la Fundación Joseph Rowntree calcula que la renta disponible de los hogares, descontados los costes de vivienda, caerá entre 440 y 770 libras anuales (entre 525 y 920 euros) en el tramo 2029-2030. Sería el peor ciclo legislativo para el nivel de vida desde 1961.
Qué contiene el paquete británico: préstamo para obra nueva y cuenta de ahorro bonificada
El primer eje es My First Home, un sistema de préstamos para adquirir vivienda de obra nueva. El diseño recuerda al Help to Buy que operó en Reino Unido entre 2013 y 2023: el Estado avala parte del precio y el comprador aporta una entrada reducida. El calendario es una declaración de intenciones: el Ejecutivo de Andy Burnham lo reactiva en plena subida de los tipos hipotecarios, no en un ciclo de dinero barato.
El segundo eje es la First Time Buyer ISA, una cuenta de ahorro para la entrada con una bonificación estatal exenta de impuestos que sustituye al Lifetime ISA para los menores de 40 años. En paralelo, la Asociación de Sociedades de Crédito Inmobiliario británica presiona para que no se ejecute en abril la rebaja del límite de aportación a las Cash ISA, de 20.000 a 12.000 libras (de 23.855 a 14.315 euros). Su argumento: menos depósitos, hipotecas más caras.
La pata energética completa el cuadro. Cornwall Insight estima una subida de las facturas de 276 libras (330 euros) en enero y EDF la eleva a 469 libras (560 euros). Hacienda estudia retirar de la factura gravámenes que financiaron las renovables, una decisión que, según los expertos del sector, pondría en riesgo las inversiones en hidrógeno y captura de carbono.
Londres no subvenciona el ladrillo: subvenciona la entrada. Ahí está la diferencia que decide si una ayuda mueve el precio o solo la escritura.
España ya tiene aval público: por qué el modelo británico no se copia tal cual
En España el instrumento equivalente existe desde 2024. La línea de avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO) cubre hasta el 20% del precio de la vivienda para menores de 35 años y familias con hijos, con una dotación inicial de 2.500 millones de euros, según detalla el propio organismo. La diferencia con My First Home es de diseño: el aval español se limita a la entrada y no exige obra nueva; el británico empuja la compra sobre plano y, con ella, la producción de promotora.
La pregunta obligada es cómo se aplicaría este modelo al mercado español. Francia lleva desde 1995 con el préstamo a tipo cero (PTZ) y lo ha reformado media docena de veces. La lección es común: toda ayuda a la demanda en un mercado de oferta rígida acaba trasladándose al precio. El Banco de España lo ha advertido en varias ocasiones y el Help to Buy británico coincidió con una de las mayores revalorizaciones de su serie histórica.
El tercer bloque, la descentralización, tiene lectura inmobiliaria directa. Los alcaldes retendrán parte de los impuestos sobre actividades económicas desde abril y una porción del impuesto sobre la renta un año después, y repartirán 1.000 millones de libras (1.200 millones de euros) de fondos de I+D en cuatro años. El conjunto de los alcaldes británicos también aspiran a gestionar el gasto en vivienda que hoy controla Homes England.
La Ficha del Inversor
La métrica que ordena la comparación no es el precio de la vivienda, sino el coste del dinero. Sobre una hipoteca media de 140.000 euros a 25 años, un aval del 20% rebaja la entrada necesaria en unos 28.000 euros, pero eleva el capital prestado y, con él, la cuota mensual. La ayuda se nota el día de la firma; el sobrecoste, cada mes durante un cuarto de siglo.
A seis meses vista, el escenario más probable es de estabilización con sesgo alcista en obra nueva. Los programas que empujan la compra sobre plano tensionan el segmento con menos producto disponible. El perfil al que sirve el movimiento es el comprador de primera vivienda con ingresos estables y entrada justa. El pequeño inversor patrimonial sale peor parado: compite con un demandante subvencionado por el mismo suelo finalista, el terreno ya urbanizado y listo para edificar.
El pulso entre agentes ya está servido. La patronal británica de la edificación pide ampliar el préstamo a la segunda mano, las sociedades de crédito inmobiliario reclaman que no se toque el ahorro y los ayuntamientos exigen quedarse con las competencias de Homes England. En Madrid, el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana observa el experimento sin prisa: cualquier esquema generalizado de avales choca con el reparto autonómico y con la escasez de suelo finalista.
El próximo hito es el libro blanco de descentralización británico, que debe aclarar cuánto dinero y cuántas competencias de vivienda bajan a las alcaldías. Después llegará la letra pequeña de My First Home, con los límites de precio y renta que determinarán cuánta demanda se activa. La conclusión, para el lector español, es incómoda: el país que inventó el Help to Buy ha decidido volver a usarlo y aquí seguimos discutiendo el vehículo sin cerrar el debate sobre el precio.




