La primera campaña electoral de los ‘Deepfakes’: cómo detectar si ese vídeo de Sánchez o Feijóo ha sido creado con IA

La campaña electoral para las elecciones del 29N será la primera en la que cualquier vídeo de Sánchez o Feijóo puede ser falso antes de que nadie lo confirme. Generar un clip verosímil se ha abaratado y simplificado hasta el punto de que se produce en minutos, y los propios partidos ya emplean estas herramientas en su propaganda: el vídeo de 51 segundos que el PP difundió el 22 de octubre en X, Instagram y TikTok, su pieza más vista hasta la fecha con casi dos millones de reproducciones, incluye un aviso que hay que buscar. Ni todo es deepfake ni todo es auténtico, y la sospecha permanente acaba por no servir para nada.

Lo que cualquiera puede hacer con un móvil, dos minutos y herramientas gratuitas como el complemento InVID-WeVerify, sin laboratorios ni programas de pago. Las listas de comprobación clásicas —manos, dientes, parpadeos— siguen valiendo como semáforo y no como veredicto, y conviene saber cuáles de esas señales han caducado ya. Además, el etiquetado mínimo que algunas formaciones colocan en sus propias piezas y el audio clonado, que no necesita una cara que se mueva mal.

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Del vídeo a la voz: el clon de audio, la trampa que casi nadie detecta

Ábalos en ‘Todo es menitra’. (Foto: Cuatro)

El vídeo necesita una cara que se mueva mal; al audio le basta una voz reconocible y unos segundos de muestra. Las herramientas de clonación se han abaratado hasta el extremo de que existen versiones gratuitas y cheapfakes de baja calidad que siguen resultando convincentes, según expertas en IA citadas por Maldita.es. En una nota de voz de WhatsApp o en un corte de podcast no hay labios que delaten el doblaje, y el oyente completa lo que falta: la voz se percibe como una prueba de identidad difícil de discutir. Eso convierte el sonido en el formato más rápido y barato de fabricar y en el que menos huellas visibles deja. Un clip de veinte segundos atribuyendo a Sánchez o a Feijóo una frase que nunca pronunciaron puede circular por grupos cerrados antes de que nadie lo verifique, sin contexto, sin marca y sin margen para que el partido afectado lo desmienta.

Detectarlo exige más que escuchar. Los peritos acústicos advierten de que el análisis serio parte del archivo original —no del reenviado— y revisa metadatos y parámetros de grabación; cuando el audio pasa por WhatsApp se recomprime y los metadatos se reescriben, lo que rompe la cadena de custodia y complica cualquier peritaje posterior. Por eso han aparecido plataformas específicas: VerificAudio, impulsada por PRISA Media con modelos de Minsait, verificó más de 70 audios procedentes de 12 países en 2024, e IVERES, coordinado por RTVE y la Universitat Autònoma de Barcelona, incorpora detección de voces clonadas. Son herramientas para periodistas y verificadores, no para quien recibe un audio a las dos de la mañana. El Reglamento europeo de IA obliga desde el pasado 2 de agosto a identificar los deepfakes, y los partidos añaden avisos en sus montajes —el PP incluyó uno en el vídeo con las voces recreadas de Begoña Gómez, Ábalos o Zapatero—, pero la etiqueta viaja mal: se pierde en cuanto alguien graba la pantalla, extrae la pista de sonido o la reenvía sin el fotograma que la contenía. La comprobación útil sigue siendo la de siempre: localizar la fuente original y desconfiar de cualquier clip que solo exista en un reenvío.

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