Bitcoin y oro, los peores activos de 2026: caen un 7,3% y un 7,5% mientras las materias primas suben un 52,5%

Es la primera vez que ambos refugios clásicos coinciden en el fondo de la tabla de las 21 clases de activos que sigue el estratega Charlie Bilello. El petróleo en 116 dólares y la espera de la Fed explican el resto.

Bitcoin y el oro son los peores activos de 2026: caen un 7,3% y un 7,5% en lo que va de año, según la clasificación anual del estratega Charlie Bilello, de la gestora Creative Planning.

Los dos se compran por el mismo motivo: proteger el ahorro de la inflación y del susto. Este año el susto no ha venido por ahí. Una cesta de materias primas sube un 52,5%, las grandes acciones estadounidenses un 12,3% y las letras del Tesoro a corto plazo un 2,9%. Los dos paraguas han quedado al final de la fila.

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La tabla de Bilello ordena cada año 21 clases de activos desde 2011 y en esta ocasión usa datos hasta el 23 de octubre. Solo el 57% de esas clases está en positivo. Dicho de otro modo, no es que el mercado entero se haya hundido: es que los dos activos que muchos inversores usan como seguro han fallado a la vez. Y eso, según el propio autor del ranking, no había ocurrido nunca en un año natural.

Los números: dos refugios en el fondo de la tabla

El caso del oro tiene una explicación sencilla si se mira el año anterior. El metal venía de un rally del 63,7% en 2025, su mejor ejercicio en la serie histórica de Bilello, y llegó a superar los 5.400 dólares la onza a comienzos de 2026. El viernes cerró en 3.995,81 dólares, después de perder los 4.000 por primera vez desde julio. Desde el máximo, se ha dejado alrededor de una cuarta parte de su valor.

Bitcoin va por otro camino, pero llega al mismo sitio. Se cambia a 80.472 dólares y encadena su segundo año en negativo, tras el 6,3% que perdió en 2025. Respecto al récord que marcó por encima de los 126.000 dólares, la caída ronda el 35%. Para un activo que se presentó durante años como ‘oro digital’, el balance de 2026 es incómodo: ni ha subido con el miedo ni ha servido de cobertura cuando el oro tampoco funcionaba.

Cuando el petróleo se dispara, el mercado deja de comprar protección y empieza a comprar inflación. Ahí bitcoin y oro pierden su mejor argumento de venta.

Por qué el petróleo y la Fed pesan más que el miedo

Ni el oro ni bitcoin pagan intereses. Cuando los tipos suben, tenerlos significa renunciar a la rentabilidad de un bono o de una cuenta remunerada. Ese coste de oportunidad, que en épocas de dinero barato se ignoraba, ahora pesa en las carteras.

El detonante está en el crudo. El Brent, la referencia global del petróleo, tocó los 116 dólares por barril el viernes, con la tensión entre Estados Unidos e Irán como telón de fondo. Un petróleo caro empuja la inflación, y la inflación empuja a la Reserva Federal a subir tipos. La Fed comunica su decisión este miércoles 28 y los operadores ya descuentan un 68% de probabilidad de una subida en diciembre, según la herramienta FedWatch de CME, que mide lo que el mercado de futuros descuenta sobre los tipos.

Los analistas de ING han señalado esta semana que el oro no aprovechó la venta de acciones tecnológicas, algo que en otras crisis habría sido su guion habitual. En su lectura, el mercado ‘parece estar más enfocado en los precios altos del petróleo y lo que eso puede significar para la inflación’. Traducido: cuando el miedo tiene nombre de barril, los refugios clásicos pierden el turno.

Lo que dice el largo plazo (y lo que no)

La misma tabla que hunde a ambos en 2026 ofrece el otro lado. Desde 2011, bitcoin ha rentado de media un 120,6% anual, la cifra más alta de todo el ranking, frente al 6,3% del oro. Diez euros invertidos en el primero hace quince años y diez en el segundo cuentan historias que no se parecen. Eso sí, esa media la cargan unos pocos años extraordinarios: 2026 demuestra que la volatilidad viaja en el mismo paquete que la rentabilidad.

Hay un precedente útil. En 2022, la última vez que la Fed apretó los tipos con esta contundencia, bitcoin se dejó más de la mitad de su valor mientras el oro terminó prácticamente plano. Sirve para recordar que la relación entre ambos es más de mercadotecnia que de estadística: comparten relato, no ciclo. Y sirve también para ver lo que ha cambiado, porque esta vez han caído juntos.

El riesgo de la lectura rápida es dar por enterrada la tesis del refugio con dos meses de datos. Al ranking le quedan noviembre y diciembre, y en un mercado que se mueve por titulares de la Fed y del crudo, dos meses dan para mucho. La decisión del miércoles y la evolución del Brent dirán si 2026 cierra como un accidente de calendario o como un cambio de régimen.

Queda una pregunta incómoda, y no tiene respuesta todavía. Si los dos activos que se compran para dormir tranquilo caen a la vez mientras las materias primas se disparan, ¿está roto el concepto de refugio o llevamos una década eligiendo mal el refugio? Ahí lo dejo.


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