EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La DGT y la Guardia Civil activan un plan de vigilancia de neumáticos y luces en las carreteras de Galicia que se extiende desde este lunes y hasta el jueves 29.
- ¿Quién está detrás? La Dirección General de Tráfico y la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil en Galicia, con el refuerzo de los paneles de mensaje variable de la red principal.
- ¿Qué impacto tiene? Los agentes revisan dibujo, presión y alumbrado en pleno desplome de la luminosidad por el cambio al horario de invierno y con la meteorología adversa del otoño gallego.
La DGT y la Guardia Civil vigilan desde hoy neumáticos y luces en Galicia hasta el jueves 29.
El dispositivo arranca con el cambio al horario de invierno ya consumado en la madrugada del domingo 25, que deja las tardes una hora más oscuras, y con la meteorología adversa que acompaña a esta época del año en el noroeste peninsular. Los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil en Galicia revisarán el estado de las ruedas y del alumbrado, mientras los paneles de mensaje variable situados en la carretera difunden avisos durante toda la semana.
De 1,6 a 3 milímetros: lo que miran los agentes en cada rueda
La campaña no busca cazar al conductor despistado, sino recordar que el único contacto del coche con el asfalto son cuatro superficies de goma del tamaño de una mano abierta. La revisión se concentra en dos elementos que se degradan sin avisar: el dibujo del neumático y el alumbrado.
La profundidad mínima legal de las ranuras es de 1,6 milímetros, aunque la propia Dirección General de Tráfico recomienda no bajar de tres para garantizar la evacuación de agua. Circular por debajo de ese límite se considera una infracción grave y se sanciona con hasta 200 euros por rueda, de modo que un juego completo en mal estado se traduce en 800 euros de multa. A eso se suma la pérdida de adherencia: con el dibujo gastado, la distancia de frenado sobre mojado se alarga y el aquaplaning deja de ser una posibilidad teórica.
Los agentes comprueban también la presión en frío, la rueda de repuesto y las posibles fugas de aire por las válvulas, tres puntos que el grueso de los conductores revisan menos de lo que creen. Una presión por debajo de la recomendada por el fabricante incrementa el consumo, desgasta los flancos y empeora la frenada.
En el capítulo de las luces, la vigilancia se fija en el uso, el mantenimiento y la regulación de los faros. No basta con ver: hay que evitar deslumbrar al que viene de frente. La normativa obliga a encender el alumbrado cuando las condiciones meteorológicas o ambientales reducen de forma sensible la visibilidad, una circunstancia que en Galicia se repite a partir de octubre.
La seguridad vial no se juega en las grandes decisiones, sino en 1,6 milímetros de dibujo y en una luz que nadie revisa hasta que falta.
Galicia, niebla y lluvia: por qué la campaña se concentra ahora
La comunidad gallega reúne las tres condiciones que Tráfico señala como detonantes: poca luminosidad, cambio de hora y una meteorología especialmente adversa en estas semanas. Las carreteras de la comunidad acumulan niebla de valle, lluvia persistente y calzadas mojadas durante buena parte del otoño, un cóctel que castiga cualquier defecto de adherencia o de visibilidad.
El argumento de fondo es estadístico. Según un estudio realizado por Tráfico, el riesgo de fallecer o resultar herido grave se multiplica por dos al comparar los accidentes protagonizados por vehículos de 10 a 15 años con los de coches de menos de cinco. La edad del parque móvil español, uno de los más veteranos de Europa, coloca esa franja en el centro del problema: el mantenimiento se relaja justo cuando más importa.
De ahí la insistencia en la revisión previa. Un neumático se comprueba en dos minutos con un manómetro de gasolinera; una luz fundida, con un vistazo al reflejo del coche en un escaparate o en la pared del garaje. Lo barato es mirar. Lo caro es no haber mirado.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
El impacto inmediato es de bolsillo y de calendario. Una rueda por debajo del mínimo legal se sanciona con hasta 200 euros; las cuatro, con 800. El dispositivo no estrena sanciones ni cambia la normativa, pero concentra la vigilancia en cuatro días concretos: del lunes 26 al jueves 29 de octubre, con la mirada puesta en el alumbrado y en la goma.
La zona cero es Galicia y, dentro de ella, los corredores de mayor tráfico y las vías de montaña donde la niebla se instala al amanecer. El apoyo de los paneles de mensaje variable busca que el aviso llegue también a quien no ha leído la nota oficial: la carretera informa antes de que lo haga el agente.
El dato que resume la operación cabe en dos cifras: 1,6 milímetros de dibujo legal y tres milímetros recomendados. Entre una y otra hay un margen que Tráfico considera decisivo con agua sobre el asfalto, y que ningún sistema de ayuda a la conducción compensa del todo.
El pulso, esta vez, no enfrenta a operadores ni a administraciones. La DGT fija el criterio, la Guardia Civil lo ejecuta sobre la calzada y el conductor decide si pasa por el taller antes o después de la sanción. Los talleres y las estaciones de ITV quedan como la otra cara visible de una campaña que cada otoño repite el mismo mensaje con distintas palabras.
La lectura a corto plazo admite pocos matices. Cuatro días de vigilancia no corrigen un parque envejecido ni sustituyen la revisión que se aplaza hasta la inspección técnica. Si algo deja claro la campaña es que la seguridad en carretera se decide en detalles de dos dígitos: una décima de presión, un milímetro de dibujo, una bombilla que llevaba semanas fundida sin que nadie lo notara. El dispositivo termina el jueves 29. A partir de ahí, la obligación de revisar sigue intacta el resto del año.




