Ethereum dispara el límite de gas a 200 millones por bloque en Sepolia con Glamsterdam

Sepolia ha pasado de un objetivo de 60 a 200 millones de gas por bloque, un ensayo que busca anticipar cuellos de botella en nodos y validadores. El resultado condicionará cuánto puede crecer la capacidad de la Capa 1 antes de tocar la red principal.

Ethereum ha subido el límite de gas de su red de pruebas Sepolia hasta 200 millones por bloque, más del triple del objetivo anterior. La prueba, enmarcada en el desarrollo del upgrade Glamsterdam, sirve para medir cómo responden clientes y validadores cuando los bloques cargan mucha más computación. No es una promesa para la red principal.

Conviene empezar por lo básico. El gas es la unidad con la que Ethereum mide el esfuerzo de cada operación: una transferencia simple consume poco, un contrato complejo consume mucho. El límite de gas por bloque es el techo de trabajo que cabe en cada uno. Subirlo permite meter más transacciones, pero obliga a los nodos a ejecutar más en el mismo intervalo de tiempo.

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Sepolia venía operando con un objetivo de 60 millones de gas. Pasar a 200 millones multiplica por más de tres ese listón y coloca a la red de pruebas, pensada para ensayar cambios antes de tocar el protocolo real, en un terreno que ningún entorno de Ethereum había pisado hasta ahora. Los desarrolladores quieren ver dónde se rompe la maquinaria antes de plantearse algo parecido en la red principal.

Qué se está probando y qué no

La cifra hay que leerla en su contexto. Sepolia no es la red donde se mueve el dinero de verdad, sino un banco de pruebas con ether sin valor. Que un bloque pueda albergar 200 millones de gas no significa que Ethereum vaya a adoptar ese número mañana: significa que los equipos quieren saber cómo responde la Capa 1 cuando la carga de ejecución se multiplica.

Los puntos de fricción conocidos son tres. El primero es el crecimiento del estado, ese registro compartido de saldos, contratos y datos que todos los nodos deben mantener al día. El segundo es el hardware: bloques más pesados exigen máquinas más potentes y conexiones más rápidas, y eso empuja a los operadores pequeños fuera del juego.

Subir el techo de gas no sale gratis: cada bloque más grande es una factura de hardware que alguien acaba pagando.

Queda un tercer frente, el de los cuellos de botella que a baja capacidad permanecen ocultos y solo emergen cuando se aprieta el acelerador a fondo. Ese es el objetivo real del ensayo: provocarlos ahora, con una red y un ether sin valor en juego, para no encontrárselos después en la red principal.

Glamsterdam: ePBS y listas de acceso por bloque

El experimento de Sepolia no va solo. Se ejecuta en paralelo a los trabajos de Glamsterdam, el paquete de cambios que llevan meses preparando los equipos core de Ethereum, y que incluye dos piezas que tocan a fondo el modo en que se construyen y se procesan los bloques.

La primera es la separación consagrada entre proponente y constructor de bloques, conocida como ePBS. En términos llanos: hoy proponer un bloque también implica decidir qué transacciones entran en él, y esa concentración de poder es una crítica recurrente al diseño actual. Meter ese reparto dentro del protocolo separa ambas funciones y fija reglas explícitas.

La segunda son las listas de acceso por bloque, o Block-Level Access Lists, recogidas en el registro público de propuestas de mejora de Ethereum. Funcionan como un mapa que viaja con cada bloque y señala qué trozos del estado va a tocar. Parece un detalle menor y no lo es: si un cliente sabe de antemano qué piezas se usan, puede procesar partes del bloque en paralelo en lugar de encadenar cada operación en fila india. Ese es el camino más prometedor para ejecutar más gas dentro del tiempo de bloque.

El software también ha tenido que moverse. Prysm, uno de los clientes de consenso más usados, publicó una versión actualizada con los parámetros de validador necesarios para el nuevo objetivo de gas en Sepolia antes de que arrancara la prueba, como queda registrado en el repositorio oficial del proyecto. Sin ese ajuste, media red de pruebas habría quedado descolgada.

límite de gas Ethereum

Escalado de Capa 1 sin renunciar a los rollups

Aquí está la parte interesante. Ethereum lleva años defendiendo que su escalado pasa por los rollups, esas redes de segunda capa que procesan transacciones por su cuenta y luego resumen el resultado en la red principal. El upgrade Dencun, activado en marzo de 2024, abarató el coste de publicar datos en Ethereum y dio el empujón definitivo a esa vía.

La prueba de Sepolia apunta a algo distinto. Mejorar la Capa 1 y potenciar los rollups no son caminos rivales, se refuerzan. Una base más capaz deja a las segundas capas más margen para liquidar actividad y, de paso, hace menos asfixiantes las transacciones directas en Ethereum.

El riesgo tiene nombre: la descentralización. Si cada bloque exige más máquina, la mayoría de los operadores independientes acaba cediendo el terreno a quienes tienen presupuesto para sostener nodos potentes. No existe una cifra mágica que separe lo razonable de lo excesivo, y de ahí que los equipos avancen por tramos y midan antes de decidir.

Lo que salga de Sepolia será evidencia, no hoja de ruta. Si la red aguanta con 200 millones de gas y los clientes no se caen, los desarrolladores tendrán argumentos para subir el techo en la red principal de forma gradual, con la misma señalización de validadores que se ha usado en los últimos aumentos. Si aparecen problemas, se habrán encontrado en el sitio correcto.


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