BBVA Research sube el PIB al 2,6% pero alerta: la inflación seguirá enquistada hasta 2027

El shock energético vinculado al conflicto en Oriente Próximo restará hasta medio punto de crecimiento y sumará casi un punto de inflación hasta finales de 2027. El consenso de analistas se queda una décima por debajo, en el 2,5%.

BBVA Research eleva el PIB de 2026 al 2,6%, pero su aviso sobre la inflación es el que debería preocupar. El servicio de estudios de BBVA sostiene que el shock energético derivado de la guerra en Oriente Próximo seguirá presionando los precios hasta 2027 y que cada mes de conflicto encarece la factura final.

La revisión es pequeña en la forma y grande en el fondo. Una décima más de crecimiento no cambia la vida de nadie; el diagnóstico sobre los precios, sí. Lo que plantea el informe es que el episodio inflacionista no se cierra con un trimestre malo, sino que se instala.

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Por qué el 2,6% de PIB no desactiva la alerta sobre la inflación

El cuadro macro que publica el servicio de estudios se apoya en un consumo que no se ha roto y en un mercado laboral que sigue tirando. El gasto de los hogares aguanta gracias al empleo, y el empleo resiste mejor de lo que anticipaban los modelos. Esa es la parte amable de las proyecciones publicadas por BBVA Research.

En el otro lado de la balanza está el problema. El encarecimiento del petróleo y del gas se traslada a la electricidad, al transporte y, con unos meses de retraso, al precio de la cesta de la compra. El cálculo del servicio de estudios es que ese canal puede restar hasta medio punto al crecimiento del PIB y sumar casi un punto a la inflación hasta finales de 2027.

No es un escenario de catástrofe. Es peor: es un escenario largo. La previsión no habla de un pico puntual de precios, sino de una presión sostenida que obliga a empresas y familias a convivir con costes energéticos por encima de lo que asumían hace dos años. La aritmética no perdona.

En paralelo, el consenso que recoge la prensa económica elevó su previsión una décima, hasta el 2,5%, para 2026. El grueso de los analistas también revisa al alza, pero se queda un escalón por debajo del servicio de estudios de BBVA. Nadie, eso sí, firma un escenario con la inflación resuelta.

El crecimiento revisado al alza no compensa un escenario en el que la energía vuelve a decidir cuánto cuesta producir, transportar y comer.

El canal de transmisión tampoco es el mismo que el de la crisis energética de 2022. Entonces el golpe llegó sobre todo por el gas y la electricidad, con un IPC que alcanzó el 10,8% en julio de aquel año según las series del INE. Ahora el vector principal es el crudo, y el petróleo se mueve bajo la sombra de un conflicto sin calendario. El matiz importa.

Medio punto de PIB y casi un punto de inflación: la factura del shock energético

Entre empresas, el impacto tampoco se reparte igual. Las compañías con capacidad de repercutir costes al cliente aguantarán el tirón; las que compiten con márgenes de un dígito y contratos a precio fijo, no. Ese es el nudo.

La clave, en todo caso, es la duración. El propio informe subraya que cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será el impacto. Un mes extra de tensiones energéticas no es una anécdota estadística; son medio trimestre de facturas más caras y de decisiones de inversión aplazadas.

Para el ciudadano, la traducción es directa. Si la inflación suma cerca de un punto hasta finales del próximo año, cada compra en el supermercado, cada repostaje, y cada recibo de la luz absorbe una parte del salario que no se recupera por la vía del crecimiento. La evolución oficial de los precios puede seguirse en las series del Instituto Nacional de Estadística.

Un shock distinto al de 2022 y por eso más incómodo

Hay un detalle que merece más atención de la que recibe. El episodio de 2022 se combatió con subidas de tipos y con una excepción ibérica que rebajó la factura eléctrica. Hoy el margen del Banco Central Europeo es más estrecho: bajar el precio del dinero con el crudo disparado sería un mensaje difícil de sostener, y una nueva excepción energética exigiría un acuerdo político que no está sobre la mesa.

Mi lectura es que el riesgo real no está en la cifra de crecimiento, que aguanta, sino en la composición de ese crecimiento. Si el 2,6% se sostiene sobre el consumo y sobre un sector exterior que pierde competitividad por costes, la revisión al alza se convierte en un espejismo contable. Las revisiones al alza también tienen fecha de caducidad.

España lleva varios ejercicios creciendo por encima de la media europea, y cuando ese diferencial se ha apoyado en energía barata, el ajuste ha terminado llegando por el lado industrial. La industria electrointensiva, el transporte de mercancías y el turismo de interior son los tres eslabones que primero notan el golpe.

El próximo punto de control llegará con la actualización trimestral de las proyecciones y con los datos de consumo del cuarto trimestre. Ahí se verá si el shock energético se queda en un susto de otoño o se convierte en el escenario central de 2027. Por ahora, el servicio de estudios prefiere no firmar la calma.


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