El gasto militar de Polonia ha escalado hasta el 4,7% del PIB, el porcentaje más alto de toda la OTAN y más del doble del umbral del 2% que la Alianza fija como suelo. He leído con atención la serie que The Guardian dedica estos días a la economía polaca y su primer capítulo se detiene en una imagen muy concreta.
A pocos kilómetros al norte de Varsovia, junto al Vístula, lanzamisiles camuflados cruzan el pueblo de Czosnów. Su destino es una fábrica de armamento de alta tecnología inaugurada este mes. Hace dos años, ese terreno era un campo de maíz.
La escena resume una transformación mayor. La respuesta europea a la agresión rusa y el repliegue de Estados Unidos han convertido a Polonia en el principal laboratorio de rearme del continente. Varsovia ha acelerado la inversión en defensa a uno de los ritmos más rápidos del mundo desarrollado, según el análisis del diario británico. Y lo ha hecho sin esperar consensos.
De un campo de maíz a una fábrica de misiles: las cifras del rearme polaco
Los números ayudan a dimensionar el esfuerzo.
- 4,7% del PIB en el ejercicio en curso, el registro más elevado de la OTAN en términos relativos.
- El 2% del PIB era el umbral pactado en Gales en 2014; la cumbre de La Haya de 2025 elevó la referencia al 5% para 2035.
- Uno de los ritmos de incremento más rápidos del mundo desarrollado, según el análisis publicado por The Guardian.
- Sustitución de material postsoviético por sistemas occidentales: defensa aérea, artillería, blindados y misiles, con la planta de Czosnów como último ejemplo inaugurado.
El problema no es el gasto. Es cómo se paga. Un esfuerzo sostenido de esta magnitud obliga a elegir entre más deuda o más impuestos, y Polonia afronta esa disyuntiva con un déficit público por encima del 3% que marcan las reglas fiscales europeas y un procedimiento por déficit excesivo abierto por Bruselas en 2024.
El Gobierno polaco defiende que el esfuerzo en defensa se mantendrá por encima del 4,5% del PIB en los próximos ejercicios y lo presenta como inversión industrial, no solo militar: empleo cualificado, transferencia de tecnología y capacidad exportadora. — Posición del Ministerio de Defensa de Polonia, septiembre de 2026
Motor keynesiano a corto plazo, lastre fiscal a medio
Lo que veo en el caso polaco es una doble contabilidad que conviene separar. En el corto plazo, el gasto en defensa actúa como estímulo de demanda: contratos a la industria local, empleo cualificado en un mercado laboral ya tenso y una base tecnológica que hace una década no existía. Ahí el efecto multiplicador es real.
A medio plazo, el cálculo cambia. Buena parte del dinero sale del país en forma de licencias y compras a proveedores estadounidenses y surcoreanos, lo que reduce el impacto sobre el PIB doméstico. La restricción tampoco es presupuestaria, sino industrial: no basta con firmar contratos, hacen falta ingenieros, cadenas de suministro y capacidad de ejecución.
La contradicción que los datos no resuelven es política. El mismo Gobierno que pide a Bruselas tratar el gasto en defensa como excepcional mantiene una senda de déficit que preocupa a la Comisión Europea. Si el marco fiscal comunitario acaba excluyendo la defensa del cálculo, Varsovia gana aire; si no, el ajuste tendrá que salir de otras partidas. Mi lectura es que estamos ante un motor de crecimiento indiscutible en el corto plazo y un pasivo fiscal que se juzgará con el ciclo. El examen llegará en 2027.
El hito a seguir es concreto: el proyecto de presupuesto polaco para el próximo ejercicio, que Varsovia debe presentar en las próximas semanas, y el debate en el Consejo Europeo de diciembre sobre la flexibilidad de las reglas fiscales.
🌍 El impacto en España y Europa
Polonia no está en el euro, así que su esfuerzo militar no llega al Euríbor por vía directa. El efecto se transmite por otras tres vías, y ninguna es menor.
- Euríbor e hipotecas: el impacto directo es limitado y lo que de verdad mueve el índice español sigue siendo el BCE. Ahora bien, una eurozona con más gasto público en defensa sostiene demanda y precios de componentes, lo que aleja la tentación de bajar tipos deprisa.
- Inflación y consumo: Polonia demanda acero, aluminio, electrónica y energía, insumos que también compra la industria española. El canal es débil, pero empuja hacia precios más rígidos.
- Empresas españolas: Indra, Navantia y la cadena auxiliar compiten por contratos que Varsovia adjudica con criterios de rapidez y capacidad de entrega. Es una oportunidad exportadora de primer orden.
- Reglas fiscales europeas: si Bruselas excluye la defensa del cálculo del déficit, España gana margen en su propia senda de consolidación. Si no lo hace, el precedente polaco tensará el debate en el Ecofin.





