Rallo alerta: Francia afronta la crisis de deuda con el bono en máximos desde 2008

Juan Ramón Rallo analiza la advertencia del gobernador del Banco de Francia: el bono a diez años supera el 4,7%, su nivel más alto desde 2008, y el BCE no acudirá al rescate sin un ajuste previo.

El bono francés a diez años cotiza por encima del 4,7%, su nivel más alto desde 2008. Sobre esa cifra construye Juan Ramón Rallo su último análisis, dedicado a una pregunta incómoda: ¿está Francia al borde de una crisis de deuda? Su diagnóstico no es apocalíptico, pero sí difícil de digerir en París: nadie va a sacar las castañas del fuego a un Estado que, de momento, no ha movido un dedo para ordenar sus cuentas.

Un gobernador que pide ajustes y lanza un aviso

El detonante del vídeo es una entrevista concedida por el gobernador del Banco de Francia a la televisión pública del Senado. Según recoge Rallo, el gobernador pidio a la clase política francesa que se esfuerce por evitar una crisis de deuda soberana antes de las elecciones presidenciales de la primavera de 2027. El segundo mensaje resultó bastante más incómodo: es un error dar por hecho que el Banco Central Europeo acudirá al rescate si el país pierde un acceso razonable a los mercados.

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Rallo matiza el alcance de la advertencia. El banquero central no ha dicho que la crisis sea inevitable ni que esté a la vuelta de la esquina, sino que existe un riesgo relevante que conviene desactivar cuanto antes. Y el problema es el calendario: una vez dentro del ciclo electoral, cualquier ajuste se convierte en material políticamente tóxico.

Del 100% al 120% del PIB en siete años

Los números que sostienen el aviso son contundentes. En 2019 la deuda pública francesa estaba por debajo del 100% del PIB; este año se estima que cerrará alrededor del 120% del PIB. Francia es ya el tercer país de la eurozona con mayor ratio de deuda, solo por detrás de Grecia. La diferencia, subraya Rallo, está en la trayectoria: la griega lleva años cayendo, la francesa no deja de subir.

El motor de ese aumento es el déficit. El gobierno prometió cerrar 2026 en el 4,7%, elevó la cifra al 5% para sacar adelante los presupuestos y ahora admite que terminará más bien en torno al 5,4%. Para 2027 vuelve a prometer un 5%, aunque el propio Rallo recuerda que en un año con elecciones presidenciales esas promesas suelen desbordarse hasta el 6%.

Si la clase política francesa no acuerda un ajuste serio, los tipos de interés terminarán devorando al Estado francés y esta vez el BCE no saldrá al rescate.

— Juan Ramón Rallo

Francia paga más que Grecia por financiarse

Los mercados ya traducen ese deterioro en precios. El bono galo a diez años ronda el 4,7% y la prima de riesgo frente a Alemania supera los 100 puntos básicos. Hay un dato todavía más llamativo: el bono griego paga alrededor del 4,4%, unos 30 puntos básicos menos que el francés. Un país que hace una década era el símbolo de la periferia se financia hoy más barato que una de las locomotoras del euro.

La explicación está en los fundamentos. Grecia reduce deuda y encadena superávits primarios; Francia la engorda y convive con déficits recurrentes. Los inversores no compran países, compran trayectorias.

La factura de los intereses crece 10.000 millones al año

Ese encarecimiento tiene traducción inmediata en las cuentas públicas. Con las cifras que maneja el vídeo, los intereses de la deuda francesa pasarán de unos 65.000 millones de euros este año a unos 75.000 millones en 2027. Son 10.000 millones extra por ejercicio solo en servicio de la deuda, y eso sin contar con que los tipos sigan escalando.

El 1 de octubre el gobierno presentará un presupuesto para 2027 con un plan de ahorro de 54.000 millones repartidos en varios ejercicios. Rallo insiste en la trampa del término: no hablamos de recortes netos, sino de que el gasto crezca menos de lo previsto. Y aun así la deuda seguirá subiendo y la presión sobre los contribuyentes también. Si el ajuste ya es flojo en términos cuantitativos, más revelador resulta que buena parte de la clase política lo describa como un tijeretazo inadmisible.

Por qué el BCE no va a rescatar a Francia

Desde el famoso ‘whatever it takes’ de Mario Draghi en 2012, los mercados asumen que el Banco Central Europeo no dejará caer a un país grande de la eurozona. Esa red de seguridad existe hoy como instrumento formal: el instrumento de protección de la transmisión, creado en julio de 2022, permite comprar deuda pública en el mercado secundario sin un límite fijado de antemano.

Pero incorpora una condición que Francia incumple. El BCE solo activa la herramienta cuando considera que la subida de tipos no está justificada por los fundamentos, es decir, cuando el país afectado ya ha colocado su deuda en una senda de sostenibilidad. Y ese requisito previo, tener las cuentas mínimamente ordenadas, no se cumple. De ahí el mensaje del gobernador: primero los deberes, después el paraguas.

Qué significa esto para el resto de Europa

El caso francés incomoda al conjunto de la eurozona por dos razones. La primera es de tamaño: Francia no es Grecia. Su economía pesa demasiado como para dejar caer su deuda sin arrastrar a los bancos que la tienen en cartera, empezando por los franceses y siguiendo por alemanes e italianos. La segunda es de incentivos. Si el BCE interviniera sin que París hubiera ajustado nada, el mensaje al resto de socios sería devastador: basta con endeudarse y esperar sentado. Rallo no lo formula en esos términos, pero la conclusión se desprende de su explicación: la credibilidad del euro se juega tanto en París como en Fráncfort.

Para el ahorrador europeo, la consecuencia práctica es que la rentabilidad exigida a la deuda soberana ha dejado de ser un dato técnico para convertirse en un termómetro político. Francia entra en un año electoral con el bono en máximos desde 2008, con una prima de riesgo al alza frente a Alemania y con un ajuste que nadie quiere firmar. El escenario no es el de una quiebra inminente, pero sí el de un país que ha perdido el margen de maniobra que daba por garantizado.

La pregunta ya no es si Francia puede evitar la crisis, sino si su clase política será capaz de pactar antes de que el mercado le ahorre el debate. Lo sabremos a partir del 1 de octubre, cuando llegue el presupuesto a la Asamblea. Y, sobre todo, en abril de 2027.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

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