Guerra en Ucrania: los intereses económicos que enquistan el conflicto y desafían a Trump

Los analistas de Negocios TV sostienen que ni Washington ni Bruselas tienen incentivos para cerrar el conflicto. El mayor ataque ucraniano contra Moscú y el avance ruso en el Donbás dibujan un 2026 sin paz a la vista.

El panel de Negocios TV arranca su último análisis con una constatación incómoda: la guerra en Ucrania no va a terminar. No porque no existan vías diplomáticas, sino porque hay demasiados intereses económicos y políticos empeñados en que siga abierta. La promesa de Donald Trump de cerrarla en 24 horas se ha quedado, según los contertulios del programa, en puro marketing electoral.

El detonante de la conversación es el mayor ataque ucraniano contra Moscú registrado hasta la fecha, lanzado además en plena jornada electoral rusa. Lejos de rebajar la tensión, el movimiento la eleva. Zelenski habla de una reunión trilateral mientras el Kremlin responde que ninguna cumbre se improvisa y que no hay nada que negociar sin una preparación previa. El presentador lo resume con una pregunta directa: qué cabe esperar de Rusia después de esto.

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Rusia avanza y Ucrania se desangra

Aquí los analistas se dividen. Carlos admite que ha dejado de hacer pronósticos sobre los tiempos del conflicto y que se limita a constatar que se ha enquistado mucho más de lo que cualquier manual militar permitía anticipar. Paco, en cambio, rechaza la palabra estancamiento. En su lectura, el campo de batalla cuenta otra historia: Rusia sigue ganando terreno y la propia prensa occidental ya señala la próxima plaza fuerte ucraniana en el Donbás como una posición en riesgo.

A ese desgaste militar se suma, según Paco, un problema de fondo que rara vez entra en los titulares: la demografía. Recuerda que la Ucrania soviética superaba los cincuenta millones de habitantes y que el país actual, sumando bajas del frente y diáspora hacia Rusia y Europa, difícilmente llega a treinta. De ahí su conclusión: es un Estado insostenible con independencia de quién gane la próxima batalla.

La promesa de las 24 horas que nadie cumple

Sobre Trump, el panel es especialmente duro. Carlos recuerda que el presidente estadounidense prometió cerrar el conflicto en un solo día y que el calendario sigue corriendo sin que nada se mueva. Añade un matiz interesante: quienes podrían haber acabado con la guerra en 24 horas eran precisamente los rusos, con una campaña devastadora al estilo de Irak o Libia. No lo hicieron porque, sostiene, Rusia no combate como la OTAN.

Y ahí aparece el argumento económico. Estados Unidos se está beneficiando del conflicto, dicen, tanto por el mercado energético como por el papel que ha asumido en el suministro a Europa. El premio Nobel que Trump llegó a insinuar queda lejos: no hay paz a la vista porque la paz no interesa a quien factura con la guerra.

No hay una salida clara porque nadie quiere realmente ponerle solución: los intereses en juego, en Europa y en Estados Unidos, son demasiado fuertes para dejar que esto se acabe.

— Carlos, analista en Negocios TV

Quien paga la factura es el europeo

El diagnóstico común del programa apunta a Bruselas. La guerra de desgaste combinada con sanciones contra Moscú ha terminado funcionando como una autosanción para Europa: energía más cara, pérdida de competitividad y una dependencia energética creciente del gas licuado estadounidense. Paco lo describe con una imagen dura, la latinoamericanización del continente, y dibuja una Europa convertida en satélite económico de Washington, como ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial.

Hay además un tramo del análisis que entra de lleno en la política interna. Los contertulios sostienen que varios gobiernos europeos utilizan el enemigo exterior para tapar problemas domésticos: la crisis económica alemana en un caso, el desgaste del Ejecutivo español en el otro, con Ceuta y las acusaciones de injerencia rusa como ejemplo recurrente. Es una tesis política, no un dato verificable, y conviene leerla exactamente como lo que es.

El riesgo que nadie quiere nombrar

El último bloque del vídeo es el más sombrío. Paco recuerda que Rusia ha actualizado su doctrina estratégica rusa para contemplar respuestas nucleares ante ataques de terceros países, incluso si estos no participan formalmente en el conflicto. Y añade que los intentos de implicar a la OTAN por la vía de incidentes atribuidos a Moscú ya se han producido antes: los misiles que cayeron en territorio polaco, la voladura de los gasoductos Nord Stream. Su conclusión es que Europa lleva meses caminando al borde de una escalada mayor y que la población no reacciona porque está entretenida con otras polémicas.

Más allá de la opinión de los analistas, el contexto ayuda a entender su pesimismo. Desde febrero de 2022 la Unión Europea ha aprobado más de una decena de paquetes de sanciones contra Moscú, mientras Estados Unidos se consolidaba como su principal proveedor de gas natural licuado. El sabotaje del Nord Stream en septiembre de 2022 y el impacto de un misil en Przewodów, en Polonia, aquel mismo año, marcaron dos momentos en los que el conflicto amenazó con desbordarse fuera de Ucrania. Y la via diplomática, pese a los anuncios y a las cumbres anunciadas, sigue sin traducirse en una mesa de negociación estable.

Lo que esto significa para el lector europeo

Si el análisis de Negocios TV acierta en algo, es en señalar que el coste de esta guerra ya no se mide solo en kilómetros de frente. Se mide en la factura de la luz, en el precio del gas industrial, en la competitividad de las empresas europeas frente a las estadounidenses y en la capacidad de los gobiernos para sostener el gasto militar sin recortar el Estado del bienestar. Ahí está la paradoja que el programa subraya: una parte de Europa financia con su consumo la industria energética de su principal aliado mientras asume los efectos de las sanciones que ella misma diseña.

La segunda implicación es de calendario. Si ni Washington ni Bruselas ni Moscú tienen incentivos reales para sentarse a negociar en lo que queda de 2026, el escenario más probable no es el de una paz negociada, sino el de una amenaza nuclear latente conviviendo con una guerra de posiciones que se prolonga año tras año. Para el lector, eso significa acostumbrarse a un conflicto que deja de ser noticia y se convierte en paisaje.

La tercera es política. Cuando el enemigo exterior se usa como cortina de humo, como sugieren los analistas, el debate público se empobrece y las soluciones reales se aplazan. Esa es, quizá, la advertencia más útil que deja la conversación: desconfiar de cualquier relato, venga de donde venga, que pida silencio a cambio de seguridad.

Queda la pregunta que nadie responde con claridad en el programa. Si las partes implicadas saben que no hay victoria posible y que el desgaste es mutuo, por qué se sigue eligiendo alargar. La respuesta que ofrecen los contertulios es incómoda y no admite matices: porque a alguien le sale rentable. Mientras eso no cambie, la guerra seguirá.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.

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