El primer cara a cara entre un presidente de Estados Unidos y un jefe de gobierno venezolano desde 2015 ya tiene fotografía. Delcy Rodríguez y Donald Trump se vieron en Nueva York, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, en un encuentro que el programa Actualidad en análisis de DW Español describe como más simbólico que sustantivo. El telón de fondo incomoda: el acuerdo que abre a Washington el acceso a los enormes recursos petroleros de Venezuela y una frase presidencial que resume la lógica del reparto.
Un cara a cara sin contenido conocido
La cita se celebró en un hotel de lujo próximo a Naciones Unidas. Del lado venezolano, Rodríguez acudió con su ministro de Exteriores, Félix Plasencia; del lado estadounidense, la operación la pilotó el secretario de Estado, Marco Rubio. Poco trascendio del contenido real. Lo que sí se conoció fue el mensaje que la propia Rodríguez publicó en redes sociales, con una idea fuerza: la reinserción de Venezuela en los espacios multilaterales.
Para los invitados del programa, el valor del encuentro es esencialmente simbólico: la fotografía, el gesto y la narrativa. La última vez que un mandatario venezolano intervino ante la Asamblea General fue en 2018. Un año después, Rodríguez lo hizo como vicepresidenta para denunciar lo que entonces llamó actos terroristas de Estados Unidos contra su país. El giro, subrayan, es difícil de exagerar. Maduro se encuentra a pocos kilómetros del lugar de la reunión, detenido en una prisión federal frente al río Hudson, en Brooklyn.
El botín y los amigos del presidente
Antes del cara a cara, Trump defendió desde la tribuna de la ONU su política hacia Venezuela: la intervención armada del 3 de enero y el acuerdo energético alcanzado después. En su discurso ante 193 países dejó una formulación que el programa recoge y discute: el botín pertenece a los vencedores.
El panel no se anda con matices. Uno de los periodistas invitados cuestiona que se llame acuerdo a un texto firmado por dos países cuando uno de ellos bombardeó la capital del otro y se llevó detenido a su líder. Su conclusión: no es un pacto entre iguales, por mucho que se presente como tal. Y añade otro elemento: el reparto de beneficios no es abstracto. El empresario energético Harold Hamm, que donó 1,3 millones de dólares a la campaña de Trump en 2024 y dirige Continental Resources, figura entre los beneficiarios de las concesiones para extraer crudo venezolano.
Lo que estamos viendo, sostiene el economista Ricardo Hausmann en el programa, es a dos oligarquías trabajando de la mano sobre el petróleo venezolano.
— DW Español, ‘Actualidad en análisis’
Desde Venezuela, la periodista invitada añade un nombre más a la ecuación: Alejandro Betancourt, señalado por su vinculación con las fallas eléctricas que castigan al país y cuya empresa habría sido utilizada para articular el acuerdo. Ese detalle, dice, ha generado rechazo incluso entre quienes celebran la salida de Maduro.
Negociación, apagones y un aparato intacto
Diez meses después del cambio de poder, la vida cotidiana no ha mejorado. Los apagones y las protestas por fallas del servicio eléctrico son constantes en todo el país, y el salario mínimo sigue por debajo de un dólar al mes. Los venezolanos, resume la invitada, no perciben ningún resultado positivo de los supuestos acuerdos. Sí reconoce avances: la liberación de presos políticos, algunos pasos hacia la libertad de expresión y el desbloqueo de varios medios la semana pasada. Todo, eso sí, parcial y condicionado.
El informe de la misión de determinación de hechos de la ONU sobre Venezuela apunta en la misma dirección que ese malestar: el aparato represivo sigue intacto. Un reportaje de la Alianza Rebelde Investiga sobre el operativo en el Arco Minero refuerza la sensación. En la zona bombardeada ya no está el grupo criminal señalado, pero quienes ocupan su lugar, según el trabajo citado, son militares que extorsionan y reproducen las mismas prácticas.
Sobre el plan de Rubio para Venezuela, dividido en tres fases (estabilización, recuperación y transición) y sin plazos explícitos, el panel se muestra escéptico. Las mesas técnicas entre el gobierno y un sector de la oposición avanzan en asuntos como la renovación del Tribunal Supremo de Justicia, pero sin respaldo claro y sin que nadie garantice que las decisiones se tomen ahí. La pregunta que sobrevuela el programa: si Washington quiso cambiar de un día para otro a quien gobernaba, por qué no hace lo mismo para abrir un proceso democrático.
María Corina Machado, siete intentos y un bloqueo
La líder opositora sigue fuera de Venezuela desde que salió a recoger su premio internacional. Según los medios que han seguido el caso, ha intentado regresar en siete ocasiones. La última estaba prevista para los últimos días de septiembre y no prosperó: lo intentó tres veces en una misma jornada, primero en embarcación y luego con escalas en Aruba y Curazao. El origen del bloqueo no está claro, aunque en el programa se apunta a alguien con poder suficiente para cerrar todas las vías.
Mientras Delcy Rodríguez se consolida como interlocutora de Washington, Machado aparece cada vez más lejos del apoyo estadounidense. Rubio y Trump han sugerido públicamente que podría volver. A efectos prácticos, sostiene el panel, no lo parecen querer.
Maduro, a veinte minutos andando
El expresidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, permanecen detenidos en Brooklyn a la espera de un juicio que, según las especulaciones que circulan, podría celebrarse en junio del próximo año. El programa describe una prisión de régimen duro, con problemas de fontanería, frío extremo en invierno y episodios de violencia. No hay planes, según sus fuentes, de que la presidenta encargada visite al hombre al que sustituyó.
Contexto: el crudo que explica casi todo
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, en torno a 300.000 millones de barriles, pero su producción lleva años muy por debajo de su potencial histórico. Las sanciones estadounidenses sobre PDVSA, vigentes desde 2019, estrangularon ingresos, compradores y acceso a financiación. Cualquier acuerdo que reabra ese grifo tiene consecuencias inmediatas sobre los mercados, sobre la caja del Estado venezolano y sobre la política interna de Estados Unidos. No es casual que el crudo aparezca en el centro de una reunión presentada como diplomática.
Qué significa esto para el lector
Conviene leer este episodio sin ingenuidad. Si la transición venezolana se gestiona como un reparto entre vencedores, la pregunta sobre la democracia queda en segundo plano, y eso tiene un coste para la credibilidad de quienes invocan los derechos humanos cuando les conviene y los archivan cuando estorban. Para Venezuela, el riesgo es una estabilidad de fachada: menos represión visible, más medios accesibles, presos en la calle, pero con la estructura de poder intacta y sin rendición de cuentas. Para Washington, el cálculo es material: crudo, contratos y amigos bien colocados. Para los venezolanos de a pie, que siguen a oscuras y con salarios de miseria, la foto de Nueva York no llena la nevera.
Queda por ver qué ocurre cuando el petróleo empiece a fluir de verdad y las fases del plan de Rubio dejen de ser un organigrama sin fechas. Si algo deja claro el encuentro es que el crudo venezolano ha dejado de discutirse como asunto de soberanía para convertirse en moneda de cambio. La pregunta incómoda no es quién ganó la foto, sino quién pagará la factura.




