Bono a 10 años de EEUU marca máximos desde 2007 y pone en jaque a las bolsas globales

El mercado ha dejado de descontar recortes y ya pone precio a una subida adicional de la Fed. La presión se traslada a los múltiplos de la renta variable y a las carteras mixtas, que pierden su principal amortiguador.

El bono a 10 años de EEUU se ha instalado en máximos de rendimiento desde 2007 y ya no hay refugio que aguante el tirón. El mercado, además, descuenta una nueva subida de tipos de la Fed. Con ese cóctel, las bolsas globales operan en tensión.

Lo recoge Yahoo Finance en su seguimiento diario de mercado: el rendimiento del Treasury a diez años ha escalado hasta su nivel más alto en casi dos décadas. No es un detalle técnico ni un ruido de una sola sesión. Es el mercado reordenando el precio del dinero a largo plazo.

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El rendimiento del Treasury toca la referencia que no se veía desde 2007

Cuando el mercado empieza a descontar una nueva subida de tipos, el movimiento no se queda en el tramo corto de la curva. Se contagia a toda la estructura. El rendimiento del bono a 10 años de EEUU alcanza máximos de 2007 porque los inversores ya no compran el relato de una política monetaria en fase de relajación.

La probabilidad implícita en los futuros de tipos ha cambiado de signo. La Reserva Federal mantiene el discurso de que la inflación no está del todo controlada, y el mercado ha pasado de de descontar recortes a poner precio a una subida adicional. Ese giro es el que empuja la rentabilidad exigida al papel estadounidense.

Hay una segunda pata, menos visible: el term premium, el extra que los inversores reclaman por prestar dinero a largo plazo a un Estado que emite deuda a buen ritmo. El propio Tesoro estadounidense publica cada tarde su curva de referencia, y el tramo largo lleva semanas poniéndose exigente.

El efecto es inmediato en los derivados de tipos y llega con retardo, pero llega, a la valoración de las empresas cotizadas.

Un bono estadounidense en máximos de dos décadas no compite con la bolsa por atención: compite por el dinero que la bolsa necesita para seguir subiendo.

La factura para las bolsas: múltiplos y prima de riesgo

La transmisión a la renta variable es mecánica. Cuanto más alta es la tasa libre de riesgo, más caro resulta descontar los beneficios futuros de una compañía. Los valores de crecimiento, esos que cotizan por lo que prometen en 2030, son los primeros en notarlo. La prima de riesgo de la renta variable se comprime, y el inversor empieza a preguntarse por qué asumir riesgo si el bono paga lo que paga.

Los índices europeos no son ajenos al problema. El Euro Stoxx 50 y el IBEX 35 comparten una misma dependencia: sus valoraciones se fijan con el coste global del capital, y ese coste lo marca Estados Unidos. En paralelo, un dólar más fuerte complica las cuentas de los exportadores y encarece la deuda emitida en divisa.

La trampa de duración que el mercado no quiere repetir

El precedente más cercano está en 2022, el peor año para la renta fija en décadas, cuando los bonos dejaron de amortiguar las caídas de la bolsa y las carteras 60/40 perdieron su coartada. Aquella lección sigue fresca: cuando la duración juega en contra, no hay diversificación que salve el trimestre. Creo que este es el punto que muchos gestores están minimizando ahora mismo. Se fijan en el beneficio empresarial, que aguanta, y olvidan que el múltiplo que están dispuestos a pagar por ese beneficio depende del bono.

La contradicción está en la propia Fed. Si el mercado acierta y hay otra subida, el margen de maniobra se estrecha justo cuando el crecimiento da señales desiguales. Si el mercado se equivoca y el empleo se enfría antes de lo previsto, el bono a diez años se dará la vuelta con la misma velocidad con la que ha subido, y quienes compraron duración en el peor momento saldrán ganando. Las dos hipótesis caben en los precios actuales, y eso es exactamente lo que convierte esta racha en un mercado difícil de operar.

Conviene vigilar dos citas antes de sacar conclusiones: la próxima reunión del FOMC y la temporada de resultados del tercer trimestre, que arranca en octubre. Ahí se verá si las empresas pueden trasladar el mayor coste financiero a sus márgenes o si, por el contrario, el mercado tendrá que ajustar expectativas. El bono ya ha dado su aviso.


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