Diésel a máximos históricos: por qué el precio del diésel tensiona la energía en Europa

El gasóleo se instala por encima de los seis dólares por galón, un récord que no viene del crudo sino de la falta de capacidad de refino. Del transporte de mercancías a la calefacción, la presión se extiende por Europa.

El diésel ha dejado de ser el convidado de piedra del mercado energético. Mientras buena parte del mundo sigue pendiente del precio del crudo, el gasóleo marca máximos históricos y traslada su factura a camiones, cosechadoras y calderas. En su último programa, Bloomberg Television dedicó un bloque entero a explicar por qué este combustible, y no el petróleo, se ha convertido en el verdadero termómetro de la economía.

Los números que se pusieron sobre la mesa son elocuentes. La referencia del diésel se situaba en torno a 6,44 dólares por galón durante la emisión, y el analista invitado llegó a hablar de 6,47, unos sesenta centavos por encima del récord anterior, fijado en junio de 2022. No es una cifra anecdótica: es el insumo que mueve la logística de medio mundo.

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La primera advertencia del programa fue de método. El invitado, asesor sénior de Gulf Oil, comparó la obsesión actual con el crudo con aquella época en la que todo el mundo citaba el Dow Jones y nadie miraba el Nasdaq. Su tesis es que el mercado relevante hoy está en los productos refinados —diésel, gasolina, calefacción— y no en el barril de referencia.

Un récord que nace en el refino

El diagnóstico que se dio en antena apunta a la capacidad de refino mundial, no a la producción de crudo. Según este experto, Estados Unidos trabaja a pleno rendimiento y produce lo suficiente, pero fuera de sus fronteras faltan del orden de siete millones de barriles diarios de capacidad, en buena parte por ataques con drones contra instalaciones. Es un problema internacional, subrayó, no un desajuste local.

De ahí la secuencia que describió: si el refino vuelve a sufrir daños en zonas críticas, el impacto se notará primero en el diésel, después en la gasolina, más tarde en el queroseno de aviación y solo al final en el crudo. El orden importa, porque explica por qué unos inventarios ajustados de gasóleo tensionan la cadena entera.

De California a Dallas: el coste que ya pagan los camiones

El programa puso un ejemplo cotidiano. Mover un camión de 18 ruedas entre uno de los puertos más activos de California y Dallas exige unos 1.450 dólares solo en combustible, y ese sobrecoste se repite a lo largo del país. El diésel, recordaron los presentadores, es el combustible de la economía, y cada centavo acaba repercutido en el precio final de los bienes.

El diésel es el combustible que mueve la economía: si su precio no cede, el frenazo terminará llegando.

— Tom, asesor sénior de Gulf Oil, en Bloomberg Television

La pregunta que se lanzó en plató fue inevitable: si el diésel se encarece hasta destruir demanda, ¿llega el frenazo económico? El invitado no esquivó la respuesta. Dijo que, en condiciones normales, eso es exactamente lo que cabría esperar, y admitió que sería un problema serio. La inflación, ya de por sí rígida, se enfrenta a un componente difícil de domar mientras el banco central sube tipos.

El invierno que todavía no ha empezado

Ahí está la parte que más inquieta. El consumo de calefacción en el noreste de Estados Unidos se dispara con el frío, y con estos precios el gasto puede crecer entre un 20% y un 30% respecto a una temporada normal. En el programa se apuntó que esas regiones, de mayoría demócrata, serán las primeras en reclamar ayudas públicas. Todavía hay margen —la cosecha está en marcha—, pero el frío de verdad aun no ha llegado: quedan entre 60 y 90 días.

El veto a la exportación, un arma nuclear

Sobre la mesa hay una medida extrema: prohibir la exportación de diésel. El invitado la describió como una opción nuclear, en el sentido de la disuasión más que del uso. Su argumento es que bastaría con que la Casa Blanca amagara con ese veto, o con impuestos a los beneficios extraordinarios como los que se aplican en Europa, para que el dinero especulativo que apuesta por precios altos saliera del mercado de calefacción y de gasóleo.

También señaló un contraste llamativo: la capacidad del presidente para intervenir verbalmente sobre el crudo ha dado resultado, mientras que los productos refinados han quedado fuera de ese juego.

California y el interruptor de emergencia para la IA

El programa cerró con otro frente. El gobernador de California, Gavin Newsom, está impulsando la posibilidad de un interruptor de apagado para los modelos de inteligencia artificial más potentes, en un contexto de preocupación creciente por la velocidad a la que avanza la tecnología. Según se explicó en antena, gobernadores y legisladores de ambos partidos están alineándose con nuevas salvaguardas.

Qué mira ahora el mercado

El foco en el diésel tiene una lectura europea inmediata. El continente es estructuralmente deficitario en gasóleo y cubre buena parte de su consumo con importaciones procedentes de refinerías estadounidenses, indias y de Oriente Medio, de modo que cualquier estrechamiento global del refino se traslada con rapidez a los precios mayoristas y, después, al surtidor y a la calefacción. Los impuestos a los beneficios extraordinarios que se mencionaron en el programa ya forman parte del debate regulatorio europeo desde la crisis energética.

La emisión también situó el contexto financiero: el Brent rondando los 103 dólares, el bitcoin por encima de los 80.000 tras el visto bueno del regulador estadounidense a versiones digitales de algunos valores, y una rentabilidad del bono a diez años pegada al 5%. Y abrió, como noticia principal, con la decisión de la Casa Blanca de vetar el acceso de CNN, MSNBC y Politico, un movimiento que, según los corresponsales que lo analizaron en directo, todavía no tiene un mecanismo claro de aplicación.

Qué significa para el bolsillo y para Europa

La lectura editorial es incómoda. Durante años, la conversación energética se ha organizado alrededor del barril de crudo, porque es el precio que se publica, se negocia y se compara. El programa de Bloomberg Television invita a mirar un escalón más abajo, donde el margen de refino decide quién paga la factura. Si el cuello de botella está en las refinerías y no en los pozos, las palancas habituales —subir tipos, liberar reservas estratégicas, presionar a los productores— pierden buena parte de su eficacia.

Para el lector europeo, el mensaje es doble. Primero, el diésel es el combustible que sostiene el transporte de mercancías, la maquinaria agrícola y la calefacción de millones de hogares, así que su encarecimiento funciona como un impuesto silencioso sobre la actividad. Segundo, cualquier episodio de demanda destruida llegará antes a la industria que a los titulares. La discusión sobre vetos a la exportación o tasas a los beneficios extraordinarios deja de ser teórica cuando el precio marca récords.

Queda, eso sí, un margen estacional: la temporada de calefacción aún no ha entrado en su fase dura y las refinerías tienen semanas para recuperar capacidad. Lo que ocurra en ese intervalo determinará si el invierno se recuerda como un susto pasajero o como el trimestre en que el diésel reordenó la política energética del continente.

El analista lo dejó claro con una advertencia que sonó medio en broma: nadie debería disparar contra el mensajero. El diésel barato no va a volver por sí solo, y la pregunta que queda abierta es cuánto está dispuesta a aguantar una economía que funciona con gasóleo antes de cambiar de hábitos.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.

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