8Un recibo impagado o un ‘compra ahora, paga después’ basta para que te digan no
Que se te devuelva un recibo puede parecer una anécdota doméstica, pero en un expediente hipotecario pesa mucho más de lo que la mayoría calcula. Cualquier acreedor —no solo un banco— puede comunicar esa deuda al fichero de morosidad ASNEF, gestionado por Equifax, siempre que supere los 50 euros y que antes te haya reclamado el pago. La entidad que estudia tu hipoteca no entra a valorar si fue un descuido de un mes o una factura que creías cancelada: cuando consulta los ficheros de solvencia y el recibo aparece registrado, lo habitual es que el filtro automático corte la operación. Da igual el contrato indefinido y que tengas la entrada ahorrada. Los movimientos de tu propia cuenta también dejan ver las devoluciones. Y el registro no se borra al pagar: la normativa permite mantenerlo hasta unos cinco años desde el vencimiento, y aunque saldes la deuda tienes que pedir expresamente la baja, un trámite que puede tardar hasta un mes.
El «compra ahora, paga después» añade un riesgo que el banco no siempre ve a tiempo. Más del 15% de los españoles utiliza al menos un préstamo de este tipo, y en la banca digital la proporción sube a uno de cada cinco clientes. Equifax, que interviene en el 95% de las solicitudes de financiación BNPL en España, lanzó en 2025 un modelo de scoring específico para estos microcréditos. El problema no es financiar unas zapatillas: es que, por su importe, buena parte de estas operaciones se mueve por debajo de los umbrales con los que la CIRBE traslada la información a las entidades, así que el informe de riesgos puede parecer impoluto mientras el consumidor encadena plazos. Basta con que una cuota no se pueda cobrar para que la financiera active el requerimiento y el impago acabe registrado en ASNEF. Igual que un recibo de la luz devuelto, ese apunte pesa lo suficiente como para tumbar la hipoteca de alguien con nómina fija y ahorros.



