Anaya, la editorial que ha acompañado a millones de estudiantes durante sus primeros pasos en el colegio, es un ejemplo perfecto de la extrema dependencia que la industria editorial española tiene de los vaivenes normativos dictados por el Boletín Oficial del Estado. Y es que, tras la inyección extraordinaria de ingresos que supuso la implantación de la última gran reforma educativa, la llamada LOMLOE, el Grupo Anaya afronta en la actualidad una severa resaca financiera. Un complejo panorama que combina un notable desplome de la facturación, números rojos y, finalmente, un profundo plan de reestructuración.
La realidad es que la normativa educativa funciona en España como un auténtico estímulo cíclico para el sector editorial. Cuando se aprueba una nueva ley, los centros educativos y las familias se ven obligados a renovar masivamente los manuales, lo que dispara las ventas de las grandes editoriales de libros de texto. Sin embargo, una vez que se completa esa forzosa adaptación, el mercado sufre una contracción inmediata. Ese efecto se puede comprobar al revisar las cuentas del Grupo Anaya.
Anaya y su rentable ‘Operación Mundo’
De hecho, la compañía señala que el ejercicio 2025 fue un periodo difícil debido a la finalización de la campaña editorial de renovación vinculada a la LOMLOE, un ambicioso proceso que comenzó en 2021 y que ha exigido a Anaya la actualización y creación de más de 6.000 títulos curriculares bajo el paraguas del proyecto conocido como ‘Operación Mundo’.
Los efectos financieros de este brusco fin de ciclo han sido drásticos en las cuentas de las diferentes sociedades que componen el holding en España. Comercial Grupo Anaya, la filial que actúa como brazo comercial y se encarga de la distribución y venta física de los ejemplares, experimentó un pico histórico de facturación cercano a los 150 millones de euros en 2023, logrando unos sólidos beneficios netos superiores a los dos millones de euros. Sin embargo, el aterrizaje ha sido forzoso: tan solo dos años después, la facturación ha caído hasta los 126,5 millones de euros en 2025, un retroceso que ha arrastrado a la sociedad a unas pérdidas operativas de 1,2 millones y a unos números rojos netos de 1,25 millones de euros al cierre del ejercicio.
El impacto ha sido igualmente severo un escalón más arriba, en la matriz creadora del contenido, Grupo Anaya. Esta sociedad, encargada de la edición y de la gestión de los derechos, ha visto cómo sus ventas descendían de forma ininterrumpida hasta situarse en los 52,7 millones de euros en 2025. El efecto cascada sobre sus márgenes ha provocado que su beneficio neto se hunda un 92% en apenas doce meses, pasando de ganar 3,7 millones de euros en 2024 a cerrar el año con un raquítico beneficio de apenas 284.000 euros en 2025.
Anaya riega de millones a su propietario francés
A pesar de este evidente deterioro del negocio operativo y del frenazo en las ventas, la propiedad del conglomerado —en manos del gigante francés Lagardère a través de su filial Hachette Livre España— ha mantenido intacta una agresiva política de extracción de liquidez. El grupo galo ha exigido históricamente a su filial española el reparto del 100% de las ganancias anuales mediante el abono de dividendos.
De este modo, durante el último lustro, impulsada artificialmente por la reforma educativa, la matriz española ha transferido a las arcas francesas cerca de 35 millones de euros. Esta implacable política de retribución al accionista único no se ha frenado ni siquiera ante el desplome de la rentabilidad en 2025, año en el que el consejo de administración acordó enviar íntegramente los escasos 284.281 euros obtenidos.
La asfixia de la caja ha forzado a la filial comercial a depender financieramente de la matriz a través de mecanismos de préstamos internos o ‘cash pooling’ para sostener su liquidez operativa. De esta forma, ha acumulado una deuda a corto plazo con empresas del grupo que alcanzó los 12,7 millones de euros en el último ejercicio cerrado. Con ello, además, ha conseguido extraer más recursos mediante el pago de intereses, sin recurrir directamente al reparto de dividendos.
Para mantener ese pago de dividendos, aliviar la tensión de tesorería y garantizar la supervivencia del grupo hasta la próxima gran reforma legal que reactive el mercado, la compañía ha activado una estricta hoja de ruta basada en los recortes y la optimización de sus recursos.
Anaya establece un estricto plan de reestructuración
En el ámbito laboral, el ajuste ha sido progresivo pero constante. La filial distribuidora ha reducido su plantilla media de manera notable, pasando de los 399 empleados que llegó a sumar en 2022 a tan solo 336 trabajadores al cierre de 2025, lo que supone un recorte efectivo de casi el 16% de su fuerza de trabajo en un periodo de tres años.
A nivel territorial y logístico, la empresa también ha llevado a cabo un repliegue sistemático. Durante los últimos ejercicios se han clausurado paulatinamente sedes y delegaciones históricas, como las oficinas de A Coruña y Baleares, y se ha procedido a la desinversión de inmuebles corporativos, como la venta de sus instalaciones en Burgos. Además, en julio de 2025, Comercial Grupo Anaya dio un paso estratégico al ejecutar la opción de compra de su principal almacén logístico, situado en Getafe (Madrid), con el objetivo de eliminar de su balance la carga asociada a los pasivos por arrendamiento.
En medio de este complejo escenario económico y laboral, el único gran balón de oxígeno para el grupo ha llegado desde los tribunales. En octubre de 2025, la sentencia de la Audiencia Nacional, tras la inadmisión de un recurso en el Tribunal Supremo, anuló una histórica y polémica multa impuesta por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El organismo regulador había sancionado a Anaya y a otras editoriales con 8,1 millones de euros por supuestas prácticas restrictivas de la competencia en el conocido como ‘cártel de los libros de texto’.
Con el frente judicial finalmente despejado y con la estructura adelgazada, Anaya ha iniciado el ejercicio 2026 enfocada en una profunda reorganización societaria destinada a garantizar su viabilidad futura. Como culminación de este proceso, en marzo de este mismo año, la matriz Grupo Anaya formalizó la adquisición del 100% del capital social de Edelsa Grupo Didascalia y Larousse Editorial. Este movimiento corporativo de concentración anticipa un escenario de mayor integración operativa y fusión de estructuras, con el objetivo de centralizar el poder, aprovechar al máximo las sinergias comerciales y seguir generando recursos para el gigante francés Lagardère.





