La regulación de algoritmos en Australia entra en una nueva fase. La ministra de Comunicaciones, Anika Wells, ha adelantado hoy a la cadena pública ABC que el Gobierno presentará esta semana un proyecto de ley para obligar a las redes sociales a ofrecer un feed sin algoritmos adictivos. Lo que me llama la atención no es solo la medida, sino el momento: llega cuando la prohibición de acceso a menores de 16 años sigue sin frenar el uso intensivo de aplicaciones como Instagram y TikTok.
La propuesta australiana: apagar los algoritmos desde el propio producto
El borrador legislativo, según el adelanto recogido por Al Jazeera, impondría a compañías como Meta un nuevo deber de cuidado digital para reducir el daño en línea. La idea central es que los usuarios puedan apagar los algoritmos de recomendación desde la propia aplicación y que la plataforma respete esa decisión.
- Opción de apagar los algoritmos: la alternativa sería una alimentación sin recomendaciones personalizadas basadas en el comportamiento.
- Deber de cuidado digital: la norma obligaría a mitigar la exposición a contenidos extremos o sensacionalistas.
- Respeto a la elección del usuario: las empresas no podrían imponer el algoritmo por defecto si el usuario opta por una alternativa.
El detalle técnico sigue abierto. Wells no ha especificado cómo se auditará el cumplimiento, qué plazos tendrán las plataformas ni qué órgano aplicará sanciones. Es una constante en la estrategia de Canberra: primero se comunica el marco político y después se tramita la arquitectura regulatoria.
El contexto refuerza la lógica de la iniciativa. En diciembre, Australia prohibió el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales como parte de una ofensiva mundial contra el acoso en línea y los algoritmos depredadores. Reino Unido y Francia adoptaron medidas similares después. Sin embargo, los datos publicados el mes pasado muestran que los adolescentes australianos han aumentado su uso de aplicaciones como Instagram y TikTok pese a la restricción.
“A lot of Australians appreciate the algorithm, both for the enjoyment they get out of it or the utility they get out of it.” — Anika Wells, ministra de Comunicaciones de Australia, en declaraciones a la ABC recogidas por Al Jazeera, 7 de septiembre de 2026
Wells no plantea la prohibición de los algoritmos, sino una suerte de trazabilidad del consentimiento del usuario. De hecho, la ministra ha subrayado que muchos australianos valoran el algoritmo por disfrute o por utilidad, pero considera que las grandes tecnológicas deben ofrecer la elección y respetarla. Ese matiz separa la propuesta de una intervención directa sobre el contenido y la acerca más a una regulación de diseño de producto.
La oposición no comparte el optimismo. El líder de la coalición conservadora, Angus Taylor, ha asegurado que su partido no ha visto el texto y teme que derive en censura.
“I am deeply sceptical. I fear that this is going to be an attempt by the government to censor social media.” — Angus Taylor, líder de la oposición australiana, en declaraciones a la ABC, 7 de septiembre de 2026
Lo que veo en el fondo: la discusión ya no es sobre el acceso, sino sobre la arquitectura del consumo digital

El giro australiano me parece notable por una razón: desplaza el debate desde la restricción de acceso hacia el diseño del producto. La prohibición de menores de 16 años, pionera en el mundo, operaba sobre quién puede entrar. La nueva propuesta actúa sobre qué ve el usuario una vez dentro. Es una diferencia sustancial.
No es casualidad que llegue después de que los datos mostraran que los menores siguen usando las plataformas con intensidad. Si la restricción por edad no cambia el comportamiento, el regulador busca ahora intervenir sobre la mecánica que genera la adicción: la personalización algorítmica. Lo veo como una advertencia directa a los modelos de negocio basados en maximizar el tiempo de permanencia.
La contradicción que los datos no resuelven es evidente: una oferta de feed sin algoritmos solo será eficaz si los usuarios la conocen, la entienden y la eligen de forma activa. En plataformas diseñadas para simplificar la decisión, el riesgo es que la opción exista formalmente pero quede sepultada en menús de configuración. Sin una supervisión exigente, la norma puede ser un gesto regulatorio más que un cambio real de arquitectura.
El dato de uso creciente entre los adolescentes es especialmente incómodo para la narrativa de Canberra. Si la primera gran intervención no ha modificado todavía el comportamiento de los menores, la nueva ley no sustituye a la prohibición de acceso: intenta corregir sus límites. Ese es, en mi lectura, el verdadero campo de prueba del regulador australiano.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo en España es limitado: la norma afectaría a los usuarios australianos y a las plataformas globales, no de forma inmediata a los consumidores españoles. Sin embargo, refuerza una tendencia que ya está en Bruselas. La Unión Europea obliga a las grandes plataformas a evaluar riesgos algorítmicos y a ofrecer transparencia, pero todavía no impone una alternativa de feed sin personalización como la que plantea Canberra.
- Si Australia demuestra que la opción de apagar algoritmos es viable, los reguladores europeos podrían adoptarla como referencia para futuras revisiones de la Digital Services Act.
- Para el usuario español, el precedente importa: las grandes tecnológicas suelen estandarizar cambios de diseño a nivel global cuando un regulador relevante lo exige.
- No hay un canal directo hacia el Euríbor ni hacia la financiación del IBEX, pero sí lo hay hacia el debate europeo sobre protección del consumidor digital y responsabilidad de las plataformas.




