El rearme europeo en la OTAN se acelera: EE.UU. estudia retirar 80.000 soldados y Europa dispara el gasto en defensa

El Pentágono decidirá antes de final de año el alcance del repliegue. La presión de Washington acelera la inversión en defensa y reabre el debate sobre la autonomía militar europea.

He leído con atención el mensaje que Elbridge Colby trasladó el pasado jueves en Bruselas. El subsecretario de Defensa de Estados Unidos compareció ante los jefes de Estado Mayor de los 31 aliados europeos con una advertencia clara: Washington prepara una US Force Posture Review que puede reducir de forma significativa los 80.000 soldados desplegados de forma permanente en Europa. El rearme europeo en la OTAN ha dejado de ser un debate abstracto. Ahora es una exigencia con calendario.

La retirada de tropas de EE.UU. no es una suposición. El Pentágono no habla todavía de cifras definitivas, pero Colby confirmó que la revisión incluirá tropas, localización, costes, bases que mantener y bases que cerrar. La conclusión del subsecretario, que define el nuevo marco como OTAN 3.0, es que los europeos deben asumir la defensa convencional del continente, salvo el paraguas nuclear, las actividades espaciales y parte de la inteligencia satelital. No obstante, el mensaje va más allá de lo militar: Washington quiere saber qué países compran armamento estadounidense y cuáles respaldan sus prioridades de política exterior.

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Cuatro opciones y un cuestionario para 31 gobiernos

El esquema que Colby presentó en la sede de la OTAN tiene plazos concretos. El Pentágono trabaja con cuatro opciones que deberá presentar al secretario de Defensa, Pete Hegseth, a más tardar el 6 de noviembre. La decisión final se tomará antes de que termine 2026.

  • 80.000 soldados estadounidenses desplegados de forma permanente en Europa, casi la mitad en Alemania.
  • 5% del PIB es el umbral de gasto en defensa exigido por Washington; España es la excepción declarada.
  • 6 de noviembre es la fecha límite para que el Pentágono ponga las opciones sobre la mesa del secretario de Defensa.
  • 31 gobiernos aliados han recibido un cuestionario sobre gasto, compras de armamento, estrategia militar y apoyo político.

El documento no es un trámite. Pregunta por compras de armas, por dónde piensan comprar los socios y por su disposición a abrir bases, espacio aéreo y puertos. Washington extrae lecciones de su operación contra Irán, en la que varios europeos negaron sobrevuelos y el uso de bases, entre ellos España. Colby mencionó positivamente a Alemania, Polonia y los países escandinavos. España, Francia e Italia aparecieron en el lado menos entusiasta.

«Apoyo a las prioridades de política exterior de Estados Unidos». — Elbridge Colby, subsecretario de Defensa de EE.UU., en la sede de la OTAN

Ese principio, si se formaliza, choca con los documentos fundacionales de la Alianza. El tratado atlántico limita la defensa colectiva al espacio euroatlántico, no a las campañas militares que Washington decida emprender fuera de él.

La respuesta industrial: más gasto y misiles cerca de Leipzig

En paralelo, la presión de Washington acelera el rearme europeo. Según ha informado Euronews, un contratista estadounidense de defensa planea producir misiles de alcance medio cerca de Leipzig, una señal de que Alemania se consolida como eje industrial de la nueva demanda militar europea. La mayor parte de los aliados aceptó elevar el gasto militar al entorno del 5% del PIB en la cumbre de La Haya del año pasado. España fue la excepción.

No obstante, la posición española es paradójica. Madrid mantiene un discurso crítico con Washington y no asume el umbral del 5%, pero alberga bases estratégicas como la de Rota, clave para las operaciones estadounidenses en Oriente Próximo y África. Esa dualidad no ha pasado desapercibida en el Pentágono.

La revisión de la postura de fuerza no es solo una retirada. Es una reclasificación de aliados. Alemania, Polonia y los países escandinavos aparecen como los socios más alineados; el Reino Unido e Italia quedan en una zona gris; España, con el Gobierno actual, se sitúa entre los que más resisten.

Análisis: una alianza a varias velocidades

Lo que veo en este movimiento es la formalización de una OTAN a varias velocidades. La seguridad europea dejará de ser un paraguas homogéneo para convertirse en un sistema de círculos concéntricos según el grado de alineamiento con Washington. El cambio no es menor: puede alterar la disuasión colectiva, la planificación militar y el reparto industrial de los contratos de defensa. El riesgo que los datos no resuelven es qué ocurre si un socio como España niega el acceso a sus bases en una crisis no europea. Hasta ahora, el tratado lo permitía. La nueva lectura de Washington lo considera un incumplimiento político.

El calendario condiciona todo. Si el 6 de noviembre las opciones favorecen una retirada sustancial, la discusión entre los socios ya no girará en torno a porcentajes de gasto, sino a capacidades militares reales. El rearme europeo habrá dejado de ser un compromiso para convertirse en una obligación de supervivencia.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España, el impacto es asimétrico. El Gobierno rechaza llegar al 5% del PIB, pero la dependencia de bases como Rota otorga a Washington una palanca sobre Madrid. Si el repliegue reduce la presencia estadounidense en Europa, la carga de la disuasión convencional recaerá sobre las economías del sur.

  • Euríbor e hipotecas: el aumento de la emisión de deuda para financiar defensa puede sostener los tipos a largo plazo, aunque el impacto directo sobre el Euríbor a 12 meses es por ahora limitado.
  • Inflación europea: un ciclo prolongado de inversión militar puede tensionar precios industriales, pero la energía sigue dominando la evolución del IPC.
  • Empresas del IBEX: las compañías de defensa y tecnología militar pueden captar contratos si Bruselas prioriza proveedores europeos; Alemania y Polonia parten con ventaja.
  • BCE: el empuje fiscal del rearme en Alemania refuerza la preferencia del BCE por una retirada gradual de estímulos.

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