Precio del gas en Europa cae a mínimo histórico y abarata la factura en España

El informe preliminar de ACER atribuye el abaratamiento al desplome del consumo durante los confinamientos y a unas importaciones récord de gas natural licuado. Los precios spot llegaron a situarse por debajo de 5 euros por MWh en mayo de aquel ejercicio.

El precio del gas en Europa cayó en 2020 a un mínimo histórico, con una rebaja media de 4 euros por MWh en el coste de aprovisionamiento. El dato lo confirma el informe preliminar de la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) sobre el mercado mayorista del gas natural en la Unión Europea.

El informe que certifica el mínimo histórico

El documento, presentado por el regulador europeo, analiza el precio al que los operadores gasistas pueden comprar de media en los mercados al por mayor. La caída no fue un ajuste puntual: en comparación con el promedio de precios registrado entre 2012 y 2019, el coste del año pasado resultó aún más barato, con una diferencia de 8 euros por MWh.

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La estadística sitúa el retroceso en su contexto de ciclo. Los años previos a la pandemia ya habían normalizado un comercio mayorista con primas de transporte más estables, pero el desplome de la demanda alteró por completo la formación de precios. La agencia europea no presenta el dato como una anomalía aislada, sino como el resultado de dos fuerzas simultáneas.

El informe anual de ACER sobre el mercado mayorista del gas es uno de los pocos documentos públicos que mide el coste medio de aprovisionamiento desde la perspectiva de los compradores, no solo el precio de cierre diario. Esa métrica captura el precio al que los operadores, en promedio, pudieron cerrar operaciones durante el ejercicio. Por eso la comparación con la media 2012-2019 resulta más reveladora que una simple fotografía del precio spot.

Las causas del abaratamiento: menos consumo, más GNL y almacenes llenos

El primer factor identificado por ACER es la caída del consumo de gas natural. La contracción fue especialmente visible al cierre del primer trimestre y durante el segundo trimestre de 2020, cuando los confinamientos nacionales restringieron la actividad industrial y comercial en toda Europa. La demanda se hundió justo cuando los hubs europeos seguían recibiendo un flujo elevado de importaciones.

El segundo factor fue la elevada entrada de gas natural licuado (GNL). En el primer semestre de 2020, las importaciones de GNL en la UE alcanzaron el nivel más alto de la serie histórica. Aunque en la segunda mitad del ejercicio los volúmenes se moderaron, se mantuvieron comparables con los del ejercicio récord de 2019. Este excedente de oferta, sumado a una demanda deprimida, llenó los almacenamientos subterráneos de gas y presionó todavía más los precios al contado.

La combinación de demanda hundida y almacenamientos llenos produjo un suelo de precios que no se veía en la serie publicada por ACER.

Los precios de los mercados spot del segundo trimestre se situaron en el nivel más bajo desde 2012, año en que ACER comenzó a publicar su informe anual. En la bolsa checa PXE, la referencia intradiaria cayó hasta 3,8 euros por MWh el 24 de mayo. Una cifra casi simbólica para un mercado que, en la semana de publicación del informe, volvía a cotizar por encima de los 20 euros por MWh.

Ese comportamiento bajista no se limitó a los hubs del norte. La convergencia de precios entre los principales mercados nacionales se estrechó de forma notable. Según el informe, las diferencias entre mercados no superaron los 3 euros por MWh en 2020, frente a los más de 5 euros por MWh que se registraban en 2013.

Factura española, precios spot y lecciones para 2026

coste aprovisionamiento gas

El descenso del coste de aprovisionamiento no fue un dato exclusivamente mayorista. En el mercado español, la referencia europea del gas condiciona el precio de la tarifa regulada y de buena parte de los contratos indexados de los hogares. Un abaratamiento de cuatro euros por MWh en el aprovisionamiento mayorista se traduce, con el retardo habitual de las revisiones trimestrales, en facturas más livianas para los consumidores domésticos.

En términos prácticos, el coste de aprovisionamiento es uno de los componentes que acaba determinando el precio final del gas. La ciudadanía percibe el efecto cuando la actualización de la tarifa regulada recoge la caída del precio subyacente. No obstante, la traslación no es inmediata ni simétrica: los comercializadores incorporan coberturas, peajes y márgenes, de modo que el recorte mayorista rara vez llega íntegro al recibo final.

El análisis de ACER añade un matiz importante: la convergencia de precios entre mercados nacionales refuerza la idea de un mercado interior del gas más integrado. La diferencia máxima de tres euros por MWh entre hubs implica que los episodios de divergencia extrema entre países, frecuentes hace una década, se redujeron de forma drástica. Para España, que combina una posición importadora con acceso a regasificadoras, la menor dispersión europea reduce la prima histórica que a veces pagaba por el suministro.

El contraste con el ciclo posterior de crisis energética es la parte más difícil de trasladar al recibo. Cuando la demanda europea se recuperó, el gas volvió a convertirse en un activo tensionado por la competencia por el GNL. El mínimo de 2020 no anticipó una era de precios bajos; documentó un episodio de demanda destruida y oferta sobredimensionada que, por su propia naturaleza, no podía sostenerse.

El episodio de 2020 demuestra cuánto depende el recibo del gas de la demanda industrial y de la logística de importación, no solo de la geopolítica.

Esa es la lección incómoda del informe. El abaratamiento récord no vino de una revolución tecnológica ni de un cambio estructural en la descarbonización, sino de un parón forzoso de la economía. La destrucción de demanda por los confinamientos generó un excedente de gas que tiró de los precios a la baja. Cuando la actividad se recuperó, el mercado volvió a tensionarse.

El dato comparado con la media 2012-2019 también encierra una advertencia. Los precios del gas no son estables por naturaleza: el descuento de ocho euros frente a aquella referencia muestra la amplitud del ciclo. En 2026, con un sistema energético europeo más dependiente del GNL y de la gestión de inventarios, el margen para que se repita un suelo tan bajo depende de la simultaneidad de una demanda débil y una oferta elevada. Esa combinación, hoy por hoy, no se da.

La factura del gas en España no puede leerse solo en clave nacional. La integración de los hubs europeos significa que una recesión industrial en Alemania o una subida de las importaciones de GNL en los Países Bajos se traslada al mercado ibérico con un desfase mínimo. El informe de ACER, aunque referido a un ejercicio ya cerrado, conserva utilidad como plantilla para interpretar los movimientos de precios actuales.

Los consumidores con tarifa regulada o indexada harán bien en vigilar la evolución del coste de aprovisionamiento, no solo las subidas o bajadas puntuales del precio spot. El precio spot es un indicador ruidoso; el coste medio anual de aprovisionamiento refleja mejor la presión estructural sobre el recibo. La serie de ACER sigue siendo, por amplitud histórica, la referencia disponible para ese seguimiento.

La utilidad del dato no se agota en el pasado. Los equipos de análisis energético lo emplean como contraste para medir la prima de riesgo del gas en cada ciclo. En un mercado donde los precios pueden moverse de un extremo a otro en pocos meses, la media de aprovisionamiento de ACER sirve para distinguir una tendencia estructural de un pico pasajero. Para la factura española, esa distinción es la que separa una rebaja consolidada de una simple tregua temporal.


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