La potencia contratada de la luz ya absorbe el 45,6% de una factura tipo del mercado libre, según el análisis de Hello Watt recogido por El Periódico de la Energía. Es un salto de casi 17 puntos porcentuales desde enero de 2023. La paradoja es que la factura no ha subido: ha bajado un 16%.
El recibo mensual del consumidor tipo estudiado ha pasado de 62,18 euros en enero de 2023 a 52,36 euros en junio de 2026. La explicación está en sus componentes. El coste de la energía consumida se ha desplomado un 35%, desde 43,51 hasta 28,49 euros al mes. El importe de la potencia contratada, en cambio, ha subido un 28%, de 18,67 a 23,88 euros.
Este desacople entre energía y potencia explica por qué el término fijo gana peso dentro del total. La factura baja, pero la potencia ocupa una parte cada vez mayor del recibo. No se trata de que la potencia haya encarecido la luz, sino de que el coste de la energía ha caído mucho más deprisa.
Conviene matizar el alcance del dato. El 45,6% no es la proporción que paga la media de los hogares españoles. Corresponde a un perfil concreto: 4,4 kW de potencia contratada y 250 kWh de consumo mensual, con tarifas de siete de las principales comercializadoras del mercado libre. Aun así, la tendencia es inequívoca: la potencia representaba el 28,9% en enero de 2023, el 33% en junio, el 39% en enero de 2024, el 44% en junio, se movió en el 41-42% durante 2025 y volvió a crecer hasta el 45% en enero de 2026 y el 45,6% en junio.
La mecánica es sencilla. La energía se paga por kilovatios hora consumidos. La potencia, por la capacidad que el hogar tiene disponible. Es un coste fijo que permanece aunque el consumo sea bajo. Para las viviendas de uso ocasional, el efecto es especialmente duro: una segunda residencia puede estar vacía durante meses y seguir soportando la misma potencia.
El propio análisis de Hello Watt señala a las segundas residencias y a los perfiles de uso esporádico como los más afectados por el creciente peso del término fijo. Reducir el consumo no sirve de mucho si no se revisa también la capacidad contratada.
La factura ha bajado, pero su estructura ha cambiado: la potencia ya condiciona el ahorro tanto como el consumo.
El 34% de los hogares paga por más potencia de la que necesita
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha analizado casi 10.000 facturas del mercado libre correspondientes al periodo entre octubre de 2025 y marzo de 2026. Su conclusión es que un 34% de los consumidores de la muestra tenía contratada más potencia de la necesaria. Ajustarla a las necesidades reales permitiría a esos hogares reducir la factura en una media de 88 euros al año.
El porcentaje no equivale a un tercio de todos los hogares españoles. Es una extrapolación de la muestra, como recuerda la propia organización. Sí señala, sin embargo, un margen de ahorro que suele pasar desapercibido: pagar por una capacidad de suministro que no se llega a utilizar.
La OCU también constata que apenas un 2% de los consumidores analizados dispone de dos potencias diferenciadas por periodos horarios. La modalidad existe, pero su implantación es residual. La recomendación de la organización es revisar la potencia contratada y, al comparar tarifas, mirar más allá del precio del kilovatio hora. En la web de la OCU se pueden consultar sus herramientas de análisis de facturas.
Comparar tarifas: diferencias de hasta 450 euros al año

Las diferencias entre comercializadoras son considerables. La OCU calcula que un hogar con un perfil de consumo similar puede llegar a pagar hasta un 57% más al año dependiendo de la compañía, con diferencias de hasta 450 euros anuales entre las ofertas extremas para un suministro equivalente.
Las divergencias no se limitan a compañías distintas. Dentro de una misma comercializadora, en el grupo que concentra al 50% de los clientes de cada empresa las diferencias anuales pueden alcanzar los 230 euros. Al comparar los casos extremos, superan los 400 euros. La organización relaciona estas brechas con las revisiones de precios y las distintas condiciones de los contratos.
Por eso el precio del kilovatio hora ya no basta para saber si una tarifa es competitiva. Dos hogares con consumos similares pueden acabar pagando cantidades muy diferentes si tienen tarifas distintas o pagan precios distintos por la potencia. La factura exige una lectura más completa.
El precio del kilovatio hora ya no resume la factura: la potencia se ha convertido en la nueva variable del ahorro doméstico.
La factura cambia de estructura: menos energía y más término fijo
Desde enero de 2023, el consumidor tipo analizado ha reducido casi 15 euros mensuales en el coste de la energía, mientras que la potencia se ha encarecido en algo más de cinco euros al mes. El resultado es una factura total más baja, pero con una composición distinta.
Este desplazamiento tiene implicaciones que van más allá del recibo individual. Un sistema eléctrico con creciente peso de las renovables abarata el precio de la energía en los mercados mayoristas. Sin embargo, los costes fijos de las redes, la capacidad y el respaldo siguen existiendo. Parte del ahorro se traslada así al término fijo. Es una tensión que ya han señalado los operadores de infraestructuras: la transición no elimina los costes fijos, sino que cambia dónde se visibilizan.
El dato de la OCU introduce una segunda capa. El sistema ya no es solo una cuestión de precios de mercado: es una cuestión de adecuación del contrato a la necesidad real. Un 34% de consumidores con potencia sobrante implica un volumen relevante de ingresos fijos que las comercializadoras capturan sin que el cliente reciba servicio adicional. La organización no lo expresa en esos términos, pero es la lectura que se desprende de sus cifras.
Esa es la contradicción central: son los propios consumidores quienes deben auditar su contrato, porque el incentivo de la comercializadora no es animar a la baja de potencia. Cada kilovatio reducido recorta ingresos fijos. La transparencia del mercado libre sigue descansando, en la práctica, sobre la iniciativa de cada hogar.
La próxima factura de vuelta del verano será un buen momento para revisar la potencia contratada. Con la calefacción eléctrica o la bomba de calor en marcha, las necesidades cambian. La pregunta de fondo ya no es solo cuánto se consume, sino cuánto se paga por estar conectado. O quizá, cuánto se paga sin estarlo.




