Proyecto Neom: el petróleo barato lo debilita y amenaza a las constructoras españolas

Riad recorta el gasto público un 3,7% y aparca fases de la megaciudad ante un barril estancado entre 70 y 90 dólares. Las constructoras españolas con negocio en la zona miran de reojo los pagos del fondo soberano.

El proyecto Neom sufre el golpe de un petróleo barato estancado en 70 dólares y amenaza a las constructoras españolas.

Claves de la operación

  • El petróleo manda en la financiación. La caída de ingresos obliga a Riad a recortar gasto público mientras el crudo no remonta.
  • El déficit fiscal complica los megaproyectos. Arabia Saudí presupuestó 342.000 millones de dólares de gasto para 2025 y apenas esperaba 315.000 millones de ingresos.
  • Las constructoras españolas miran de reojo. El recorte de fases de Neom amenaza contratos e ingresos internacionales.

El petróleo barato se come el presupuesto saudí

La OPEP incrementó la producción, pero la recuperación ha sido lenta. El barril se mueve entre 70 y 90 dólares desde hace meses, lejos de los más de 100 dólares de 2022.

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Arabia Saudí presupuestó para 2025 un gasto de 342.000 millones de dólares y esperaba ingresos por 315.000 millones. El déficit ronda los 27.000 millones, agravado por la debilidad del crudo. El recorte del gasto público supera el 3,7% anual, según la fuente original.

La economista jefe de Abu Dhabi Commercial Bank, Monica Malik, advirtió de que una caída sostenida del petróleo obligaría a un ajuste más profundo del gasto gubernamental para contener el déficit y la deuda.

El bloqueo del estrecho de Ormuz añadió turbulencias al transporte de crudo. Pero la tendencia no ha roto al alza: la transición energética y la recuperación de la oferta pesan más. La estabilidad entre 70 y 90 dólares sabe a derrota para Riad.

En 2024 ya hubo un primer aviso: la torre de 170 kilómetros quedó reducida a 2,7 kilómetros para 2030 y se canceló la planta desaladora. Aquel recorte fue por el mal rendimiento del Fondo Público de Inversión.

La megaciudad no se enfrenta a un problema de ingeniería, sino a un problema de caja: sin petróleo caro no hay Neom.

Para compensar, Riad se ha atado a los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, la Expo 2030 y el Mundial 2034. Los Juegos, de momento, se posponen sin fecha. Los grandes eventos compiten con Neom por el dinero. Fuga hacia adelante.

El Fondo Público de Inversión saudí es el brazo financiero de la ambición. Su rendimiento se resintió antes del actual bache. Los gestores ya habían aplicado recortes y, según la prensa especializada, algún ajuste contable para justificar sobrecostes. La credibilidad de las cifras del proyecto también quedó tocada.

El efecto dominó en las constructoras españolas

El impacto no se queda en Arabia Saudí. Las constructoras españolas con negocio en la región observan con cautela la recalibración de inversiones. La cartera internacional española depende cada vez más de Oriente Medio, y el proyecto Neom era una de sus vitrinas.

No hay que engañarse: el desierto ya ha dado contratos jugosos a ingenierías y constructoras europeas. Pero el margen de maniobra se estrecha. Los pagos ligados a fases que no se ejecutan se convierten en promesas diferidas. El riesgo financiero se traslada a la cadena de suministro.

En el IBEX 35, compañías como ACS y Acciona han hecho de la internacionalización su tabla de salvación desde la crisis de 2008. La exposición a Arabia Saudí no es nueva, pero sí lo es la escala de Neom. La diversificación internacional expone a la misma dependencia del crudo. La mayoría de los analistas considera que el riesgo de impago en contratos públicos saudíes ha aumentado. Y eso, en un sector con márgenes estrechos, pesa.

El dilema de fondo: diversificar sin petróleo caro

La apuesta de Vision 2030 buscaba desenganchar a Arabia Saudí de la volatilidad del crudo. El resultado, por ahora, es el contrario: cualquier resfriado del mercado petrolero contagia a los megaproyectos. Neom se financia con los mismos ingresos que pretendía hacer innecesarios. Todo muy futurista. Hasta que toca pagar.

La reorientación de equipamientos ya construidos a otros usos confirma la nueva fase. Neom no se cancela, pero se enfría. La idea de una ciudad lineal de 170 kilómetros se ha convertido en tramos de 2,7 kilómetros. El megaproyecto ha pasado de icono a incógnita.

El precedente español lo dice todo. Las grandes constructoras salieron de la crisis de 2008 convencidas de que el exterior compensaría la debilidad doméstica. Oriente Medio se convirtió en un laboratorio de contratos, con Arabia Saudí a la cabeza. La escala de Neom ofrecía un escaparate sin parangón. Ahora ese escaparate se empaña justo cuando Europa vuelve a invertir en infraestructura propia.

La lección para las constructoras españolas no es nueva. Ya lo vivieron en mercados dependientes de materias primas: cuando el recurso cae, las facturas se retrasan. La geopolítica del crudo define la liquidez de los grandes proyectos.

El desenlace no está escrito. Riad puede recortar fases, retrasar plazos o renegociar contratos. También puede volver a captar inversión externa. Pero la lección es vieja: no hay obra faraónica sin caja faraónica. El petróleo, de nuevo.


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