La gasolina de aceite usado: el nuevo combustible de Repsol llega a toda España

La Nexa 95 se fabrica en Tarragona con aceite doméstico reciclado y emite un 90% menos de CO2 que la gasolina convencional. La petrolera ya la vende en 30 estaciones de cinco provincias.

Repsol ya comercializa en 30 estaciones de servicio la gasolina Nexa 95, un combustible renovable de 95 octanos fabricado a partir de aceite usado de cocina. El producto deja atrás la fase experimental y se instala en la oferta comercial de la petrolera.

Del aceite usado de cocina a gasolina renovable de 95 octanos

El origen del proyecto está en los contenedores de recogida que Repsol habilitó en sus gasolineras. Los clientes podían depositar aceite doméstico usado, en algunos casos a cambio de una compensación. Ese residuo de cocina, que en el mejor de los casos acaba en plantas de tratamiento, se convierte ahora en materia prima para un carburante de automoción. La iniciativa refuerza la circularidad de la red de estaciones de servicio de la compañía.

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La Nexa 95 es una gasolina 100% renovable. Según Repsol, se trata del producto de mayor calidad de 95 octanos dentro de su gama. No exige modificaciones en el motor y se reposta con la misma logística que una gasolina convencional. La apuesta por una marca reconocible, Nexa, intenta diferenciar el producto dentro del surtidor.

El número de octanos refleja la resistencia a la detonación y, en la práctica, determina la compatibilidad con la mecánica moderna. La referencia 95 se corresponde con la especificación más utilizada en turismos y motos en España. Repsol aprovecha esa familiaridad: el cliente no tiene que aprender una nueva forma de repostar ni modificar su vehículo.

El argumento ambiental es la pieza central. Repsol calcula que la Nexa 95 emite un 90% menos de CO2 que una gasolina fósil de 95 octanos. La cifra tiene en cuenta el ciclo de vida del residuo: se evita la extracción de petróleo y se revaloriza un desecho que, de otro modo, podría contaminar acuíferos. Esa reducción no elimina las emisiones del tubo de escape, pero sí la huella asociada a la producción del combustible.

La Nexa 95 convierte un residuo doméstico en carburante de 95 octanos sin pasar por el petróleo, un salto técnico que hace tres años parecía limitado a proyectos piloto.

La fabricación se concentra en el complejo industrial de Tarragona. La compañía sostiene que es la primera gasolina 100% renovable producida a escala industrial en sus instalaciones. La planta catalana ya produce otros combustibles renovables, pero la Nexa 95 inaugura una categoría nueva para la automoción ligera. El centro industrial de Tarragona cuenta con capacidad de hidrotratamiento para procesar aceites usados y grasas.

La planta de Tarragona inaugura la producción a escala industrial de gasolina renovable: lo que era un piloto se convierte en un producto de red comercial.

La compatibilidad es amplia. Los vehículos modernos, incluidas las motos, pueden funcionar sin modificaciones. Solo los coches clásicos anteriores a los años 70 deben mantener combustibles con aditivos, según la recomendación de Repsol. El aviso apunta a los motores con tolerancias más justas y materiales menos preparados para un carburante sin plomo reformulado.

Producción en Tarragona y despliegue en 30 estaciones

La red comercial abarca 30 estaciones de servicio repartidas entre Madrid, Tarragona, Valencia, Zaragoza y Bilbao. El producto está a la venta desde octubre de 2025. El precio es ligeramente superior al de la gasolina convencional de 95 octanos. Repsol no detalla el sobrecoste, aunque lo asocia al mayor coste del tratamiento del residuo.

El sobrecoste aún no convence a todos los bolsillos. En un contexto de precios de carburantes moderados, pagar unos céntimos más por litro puede frenar la adopción. La petrolera admite que la gasolina renovable cuesta más de producir, pero confía en que la reducción de emisiones justifique la diferencia para una parte del mercado.

La distribución por cinco provincias es deliberada. Madrid y Bilbao aportan densidad urbana, mientras Tarragona, Valencia y Zaragoza conectan con la planta de producción o con corredores logísticos. La compañía no ha anunciado un calendario de expansión, pero el despliegue inicial evita la imagen de prueba piloto.

El lanzamiento se produce bajo presión regulatoria. La normativa europea obliga a reducir la intensidad de carbono del transporte, y los carburantes renovables avanzados, como los derivados de residuos, ganan atractivo frente al coche eléctrico porque actúan sobre el parque de vehículos ya en circulación. España mantiene un parque de turismos con una edad media elevada, lo que amplía la base de vehículos compatibles con una gasolina de 95 octanos.

Análisis: la apuesta por los combustibles renovables

El uso de aceite reciclado esquiva la controversia de los biocombustibles de primera generación, ligados al cultivo de palma o soja. La materia prima no compite con la industria alimentaria: procede de cocinas domésticas y hostelería. Ese origen refuerza el perfil sostenible del producto y evita la crítica habitual contra los carburantes que ocupan tierras agrícolas.

El reto está en la escala. La capacidad de Tarragona condiciona la expansión y el diferencial de precio. Mientras un litro de Nexa 95 cueste más que la gasolina fósil, la demanda dependerá de conductores concienciados dispuestos a pagar la prima por reducir emisiones. A ello se suma la recogida: transformar aceite usado exige una logística de puntos de entrega amplia y fiable.

El producto se enfrenta a una barrera psicológica. El consumidor asocia el aceite usado a un desecho y puede desconfiar de su rendimiento. Repsol contrarresta con la garantía de 95 octanos y la compatibilidad directa, pero la pedagogía de producto será tan importante como la logística industrial.

Tampoco resuelve el debate de fondo. Los combustibles renovables no electrifican el transporte, solo reducen sus emisiones. Son una pieza complementaria para el parque existente, no un sustituto de la electrificación en el largo plazo. La petrolera lo presenta como un producto ecológico, y lo es en comparación con la gasolina fósil, pero no elimina las emisiones del tubo de escape.

La incógnita no es técnica, sino de escalado. Si Repsol consigue abaratar el tratamiento del residuo y ampliar la red de recogida, la gasolina renovable podrá salir del nicho. El ritmo de apertura de nuevas estaciones durante el cuarto trimestre de 2026 dará la primera señal sobre la viabilidad comercial del producto.


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