Tromerosaurus solumons: el nuevo tiranosaurio de Alberta que mezcla dos linajes

El fósil, hallado en la Formación Oldman, combina caracteres de Gorgosaurus y Daspletosaurus según el estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology. Los autores creen que los dos linajes se separaron más tarde de lo que se pensaba.

Un nuevo tiranosaurio hallado en Alberta (Canadá) mezcla los rasgos de los dos grandes linajes de tiranosáuridos y obliga a revisar cuándo se separaron. El fósil, de unos 76 millones de años, se ha bautizado como Tromerosaurus solumons y se describe en el Journal of Vertebrate Paleontology. Detrás de la especie hay un equipo de la Universidad de Alberta liderado por Mark J. Powers, que sostiene una idea incómoda: la diversidad de estos depredadores del Cretácico final fue mayor de lo que sugiere el registro fósil.

Un cráneo que no encaja en ningún linaje

Los tiranosáuridos se reparten tradicionalmente en dos ramas bien definidas. Por un lado, los Albertosaurinae, con Albertosaurus y Gorgosaurus. Por otro, los Tyrannosaurinae, la línea de los depredadores máximos: Daspletosaurus, Tarbosaurus y Tyrannosaurus. Ese esquema funciona desde hace décadas como un estante cómodo: cada fósil nuevo cae en uno u otro lado, y casi siempre sin discusión. Tromerosaurus, en cambio, no se deja colocar. Su anatomía combina caracteres de Gorgosaurus con rasgos propios de Daspletosaurus, y el resultado es un mosaico que no encaja del todo en ninguno de los dos cajones.

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Las diferencias más reveladoras aparecen en el maxilar, el gran hueso que sostiene los dientes en el lateral de la mandíbula superior. Tromerosaurus presenta una fenestra maxilar proporcionalmente más alargada y una pila promaxilaris más estrecha que Gorgosaurus libratus, el puntal de hueso que separa las dos ventanas del cráneo. No es un detalle menor: esos caracteres son justo los que los paleontólogos usan para distinguir géneros. Un análisis morfométrico confirmó además una forma intermedia, con medidas que caen en plena frontera entre ambos grupos.

El animal no era pequeño. Cuando alcanzaba la madurez, y aquí las estimaciones varían, podía medir entre 7 y 9 metros de hocico a cola: alrededor de dos tercios de un Tyrannosaurus adulto, y suficiente para dominar su ecosistema. El nombre tiene su propia historia. El género une el griego tromeros, que significa espantoso o alarmante, con sauros, lagarto: un guiño directo a Daspletosaurus, el lagarto terrible, y a Gorgosaurus, el lagarto espantoso. El epíteto específico, solumons, combina términos latinos para decir montaña solitaria. Alude al aislamiento del cuerno lagrimal del cráneo y, de paso, a la Montaña Solitaria de El hobbit, el refugio del dragón Smaug.

Dos campañas en la Formación Oldman y un cajón de museo reabierto

Tromerosaurus solumons

La historia del fósil comienza en 2010, en los afloramientos de la Formación Oldman superior, al sur de Alberta. La Universidad de Alberta organizó dos campañas, en 2010 y 2011, y recuperó una parte sustancial del cráneo, vértebras, ambos húmeros, material de las patas traseras y fragmentos de la pelvis. El cráneo se preparó en el Laboratorio de Paleontología de Vertebrados del mismo centro. Todo ese conjunto forma el holotipo, catalogado como UALVP 52981.

Setenta y seis millones de años separan este cráneo de cualquier mirada humana, y aun así sus huesos siguen discutiendo cómo se reparte el árbol de los tiranos.

El equipo no se limitó al holotipo. Revisó colecciones de museo y concluyó que dos especímenes atribuidos durante años al género Gorgosaurus, el TMP 1994.012.0602 y el TMP 1995.005.0001, corresponden en realidad a la nueva especie, junto con material maxilar aislado. La suma aporta algo que un solo individuo nunca ofrece: animales de tamaños y etapas de crecimiento distintos. Hay además un dato estratigráfico que refuerza la lectura. Tromerosaurus y Gorgosaurus apenas se solapan en el tiempo geológico, lo que apoya que sean dos linajes distintos y no dos formas del mismo animal.

Dos especímenes guardados durante décadas en un museo han resultado más valiosos que muchos hallazgos anunciados con fanfarria.

Conviene poner la escala en términos humanos. Si los 76 millones de años que nos separan de este animal cupieran en un solo año, los primeros Homo sapiens no asomarían hasta la tarde del 30 de diciembre. Cuando Tromerosaurus patrullaba lo que hoy es Alberta, el centro de Norteamérica estaba cubierto por un mar somero y en esas mismas llanuras de inundación pastaban dinosaurios con cuernos y hadrosaurios de pico de pato. La Formación Oldman ha entregado varios de ellos. Un depredador que comparte territorio con tanta variedad de presas debería, por lógica, ser también variado. El registro dice que no lo era. Quizá el registro esté incompleto.

Dos análisis, dos respuestas y una pregunta abierta

El punto más delicado del trabajo es el árbol evolutivo. Los investigadores probaron la posición de Tromerosaurus con dos métodos y obtuvieron resultados distintos. El análisis de parsimonia lo sitúa como el albertosaurino que se separó antes que todos los demás. El análisis bayesiano, en cambio, lo coloca dentro de los Tyrannosaurinae. Cuando dos metodologías estándar discrepan sobre el mismo fósil, lo habitual es que ese fósil esté contando algo raro.

Ahí está, creo, la parte realmente interesante del estudio, más que en el nombre nuevo. Un mosaico anatómico así suele leerse como la fotografía de un instante, no de un estado estable: rasgos de ambas ramas conviviendo en un mismo cráneo mientras las dos líneas terminaban de definirse. Eso implica que la separación entre albertosaurinos y tiranosaurinos pudo ocurrir más tarde de lo que se pensaba y que los caracteres distintivos se adquirieron muy rápido durante la diversificación del Cretácico final. La cautela, eso sí, es obligatoria. La especie se apoya en un holotipo y un puñado de especímenes referidos de una sola formación geológica, y la propia inestabilidad del análisis filogenético avisa de que los datos están en el límite. El trabajo ha pasado revisión por pares en el Journal of Vertebrate Paleontology, pero no cierra ningún debate: lo abre.

El hallazgo conecta con una discusión más amplia sobre el Cretácico final norteamericano. Durante años se asumió que los grandes tiranosáuridos eran especies longevas y poco numerosas, mientras los herbívoros a los que cazaban se contaban por docenas: ceratopsios de todo tipo y centrosaurinos con un alto grado de endemismo, como el Lokiceratops rangiformis de la Formación Judith River, en Montana. Si los depredadores resultan ser más variados de lo que creíamos, la imagen completa del ecosistema se tambalea. La prueba no exige un gran descubrimiento: basta con volver a los cajones de los museos y a los afloramientos de la Formación Oldman con las claves nuevas en la mano.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: una nueva especie de tiranosáurido, Tromerosaurus solumons, con una anatomía que mezcla caracteres de las dos grandes ramas de la familia.
  • Dónde: Formación Oldman superior, en Alberta (Canadá).
  • Institución responsable: Universidad de Alberta, con Mark J. Powers como autor principal; estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology (Powers et al., 2026).
  • Cuándo: el fósil se descubrió en 2010 y se excavó en las campañas de 2010 y 2011; la descripción científica se ha publicado en 2026.
  • Impacto a futuro: sugiere que los dos linajes de tiranosáuridos se separaron más tarde de lo calculado y que su diversidad en el Cretácico final estaba subestimada.

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