El hackeo de Coldcard, una de las billeteras hardware de Bitcoin más populares, ha dejado pérdidas superiores a 115 millones de dólares, según los datos recopilados por Galaxy Research, la división de análisis de la firma de inversión Galaxy Digital. La cifra se basa en el valor de las monedas en el momento del robo y surge tras hablar con más de 200 víctimas.
El robo supera los 115 millones de dólares y sigue creciendo
Los ataques comenzaron el pasado 31 de julio, cuando los ciberdelincuentes empezaron a vaciar fondos almacenados en dispositivos de la empresa canadiense Coinkite. La compañía confirmó que un fallo de firmware en los modelos Coldcard Mk3 —a partir de la versión 4.0.1, lanzada en marzo de 2021— permitió generar semillas sin la protección del azar físico. Eso abrió la puerta a que los atacantes adivinaran las frases semilla de los inversores.
Las pérdidas no dejan de crecer. Galaxy Research estima que al menos 15 atacantes explotaron el fallo de forma independiente. Además, un hallazgo previo de la misma firma señala que la moneda robada típica llevaba 3,5 años sin moverse, y que el 88% de los fondos robados tenía al menos un año de antigüedad. Ese patrón sugiere que los hackers se centraron en carteras antiguas y con saldos que los inversores no tocaban desde hacía tiempo.
La firma de análisis sigue confirmando el alcance total y advierte de que las pérdidas podrían superar los 130 millones de dólares. Coinkite, por su parte, ha sido clara en su reacción. La empresa instó hace unos días a actualizar el software de los dispositivos o, directamente, mover los fondos a otra solución. Reconoció que el fallo ‘silenciamente pasó desapercibido’ y que su impacto potencial creció con cada actualización.
Desde que se conoció el alcance del ataque, los inversores más prudentes han ido trasladando sus monedas a otras soluciones de almacenamiento, incluidos algunos exchanges centralizados. La paradoja es doble: una billetera pensada para ser fría, sin conexión ni terceros de confianza, ha empujado a parte de sus usuarios a entornos más expuestos a cambios de titularidad o quiebras.
Una billetera fría no es infalible si el fallo está en el software que genera las llaves del candado.
En la web de Coinkite se pueden consultar las versiones de firmware afectadas y las instrucciones para actualizar el dispositivo. Conviene no esperar, sobre todo si la billetera lleva meses sin conectarse a una aplicación de gestión.
Por qué un fallo de firmware permitió adivinar las semillas
El problema técnico tiene una explicación sencilla. Una billetera de este tipo guarda las claves privadas fuera de internet, como una caja fuerte, y para crear una nueva cartera necesita generar una serie de palabras aleatorias, la conocida frase semilla. Esa aleatoriedad debe venir de un componente físico: un generador de números aleatorios por hardware. En las versiones afectadas, el software recurría en su lugar a un generador pseudoaleatorio mucho más débil, lo que facilita reproducir las secuencias y, con ellas, acceder a los fondos.
Lecciones para las billeteras frías y la seguridad en bitcoin
El caso Coldcard recuerda a episodios pasados en los que una única debilidad de software puso en jaque a miles de usuarios. El más conocido sigue siendo el colapso de Mt. Gox en 2014, cuando uno de los mayores exchanges de bitcoin perdió cientos de miles de monedas, muchas de ellas de ahorradores que pensaban que estaban seguros. Aquí no hay un exchange implicado, pero el patrón se repite: la confianza en la infraestructura no puede ser ciega. Los 115 millones de dólares equivalen, por ejemplo, al presupuesto anual de seguridad de varios municipios medianos españoles.
La gran contradicción de este hackeo es que Coldcard se había ganado fama de ser una de las billeteras hardware más seguras del mercado, precisamente por prescindir de conexiones innecesarias y por su diseño austero. Que un fallo de 2021 haya pasado desapercibido durante cinco años invita a auditar cada actualización que reproduce las llaves privadas. No basta con mirar el dispositivo; hay que revisar el código de cada versión. Es la misma lógica que se aplica en la banca electrónica: una aplicación puede ser segura en su diseño, pero si una actualización introduce un generador débil, la protección se desvanece.
No creemos que este episodio deba llevar a abandonar las billeteras hardware. Al contrario, subraya la importancia de mantener el software actualizado y de no asumir que ‘frío’ implica infalible. La próxima gran prueba para este tipo de productos será demostrar que una auditoría independiente del código no es un extra, sino un requisito básico.




