A finales de este mismo mes de agosto, la NASA lanzará el telescopio espacial Nancy Grace Roman. Concebido para desentrañar la naturaleza de la energía y la materia oscuras, este observatorio de 3.200 millones de dólares promete además un inesperado doble uso: vigilar asteroides potencialmente peligrosos para la Tierra. La propuesta, que se presentará en el Congreso Europlanet de La Haya el próximo mes de septiembre, revela que la imponente cámara infrarroja de Roman podrá detectar rocas de hasta 18 metros de largo que pasan desapercibidas para la mayoría de telescopios terrestres.
Un ojo infrarrojo de 300 megapíxeles para cartografiar el cosmos
La misión principal de Roman es descomunal: cartografiar más de mil millones de galaxias, descubrir miles de nuevos exoplanetas y observar decenas de miles de supernovas. Su campo de visión es 100 veces mayor que el del telescopio Hubble. Donde el veterano observatorio capta un diminuto fragmento del firmamento, Roman fotografía de una sola vez una superficie equivalente a la de 100 lunas llenas. La herramienta que lo hace posible es un sensor infrarrojo de 300 megapíxeles, capaz de ver el universo profundo y, por el camino, asomarse a los rincones más cercanos de nuestro sistema solar.
Precisamente esa mirada amplia y térmica convierte a Roman en un centinela planetario accidental. A diferencia de los telescopios que operan en luz visible, los asteroides brillan con nitidez en el infrarrojo porque reflejan el calor del Sol. Eso permite a Roman estimar su tamaño real y hasta intuir si son rocas compactas, cuerpos metálicos o frágiles agregados de carbono.
El giro hacia la defensa planetaria: así cazará asteroides asesinos
El verano pasado, mientras la misión volvía a sufrir amenazas de recortes presupuestarios, un grupo de científicos liderados por Bryan Holler (Space Telescope Science Institute) encontró un argumento infalible para protegerla: demostrar que Roman también sirve para defender la Tierra. «Necesitábamos mostrar qué puede hacer por la defensa planetaria para aumentar la visibilidad del proyecto ante los legisladores y los contribuyentes», explica Holler.
El fruto de aquella idea se presentará en La Haya con un hallazgo sorprendente: la misma cámara que escudriña la energía oscura puede identificar asteroides de apenas 18 metros. Es justo el tamaño del objeto que en 2013 explotó sobre Cheliábinsk, liberando una energía equivalente a 500.000 toneladas de TNT y enviando a 1.500 personas al hospital. Una roca similar, indetectable a simple vista, podría arrasar varios kilómetros cuadrados si impactase sobre una ciudad.

El principal escollo técnico no es óptico, sino de programación. El software de Roman está calibrado para eliminar las estelas que surcan las imágenes, ya sean rayos cósmicos o asteroides, con el fin de obtener fotografías limpias del universo lejano. «Hay que enseñarle a conservar esas trazas e identificar cuáles son rocas peligrosas», subraya Andy Rivkin, investigador del Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins. El equipo confía en que bastarán unos ajustes para que Roman distinga los auténticos asteroides de otros destellos.
La gran ventaja del telescopio no es solo su resolución, sino la rapidez. Mientras que el James Webb observa un único objeto a la vez, Roman puede barrer varios asteroides sospechosos en una sola noche. «Proporcionará observaciones infrarrojas de más asteroides de los que el Webb podría soñar en un tiempo razonable», afirma Holler. En cuestión de días, podría reducir la incertidumbre orbital de un asteroide en varios órdenes de magnitud.
Roman vigilará el cosmos profundo y, de paso, los los asteroides que merodean nuestro vecindario cósmico con la misma naturalidad que un faro barre el horizonte marino.
No caza solo: la red de telescopios que nos protegerá
Roman no será el único guardián del planeta. En 2027 la NASA lanzará NEO Surveyor, un telescopio espacial diseñado exclusivamente para encontrar asteroides cercanos a la Tierra. También en Chile acaba de arrancar la exploración de diez años del observatorio Vera Rubin, que se espera descubra 89.000 nuevos objetos próximos a nuestra órbita. La pieza que faltaba era un ojo infrarrojo de campo amplio capaz de seguirles la pista con agilidad, y Roman encaja a la perfección.
El baile entre observatorios sería así: NEO Surveyor detecta un puñado de asteroides con órbitas inciertas; Roman los examina en infrarrojo, determina su tamaño y composición, y descarta los que no representan peligro; si alguno mantiene una probabilidad de impacto superior a cero, el James Webb puede apuntarlo para un estudio detallado. «Así aseguramos que perseguimos las amenazas correctas», dice Holler. Y al operar desde ángulos distintos al resto de telescopios, Roman afina las trayectorias más deprisa.
Conocer la masa y la densidad de una roca es vital para prever los daños de un posible impacto… o para organizar una misión de desviación. «Saber si es un asteroide pétreo, metálico o rico en carbono te dice cuánto esfuerzo costará empujarlo», aclara Holler. La NASA calcula que existen más de 25.000 asteroides de más de 140 metros con órbitas cercanas a la Tierra, de los cuales apenas se ha localizado algo más de la mitad. Los de menor tamaño, capaces de arrasar una ciudad, se cuentan por cientos de miles y apenas conocemos un 10% de ellos.
Roman no fue concebido como un escudo planetario, pero su contribución accidental puede acortar los plazos de reacción de la humanidad frente a una catástrofe cósmica. Mientras cartografía la energía oscura y cuenta estrellas, también nos ofrecerá un mapa del peligro que nos rodea. La defensa planetaria, al fin y al cabo, se construye con los mismos instrumentos que nos enseñan a mirar al infinito.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El telescopio Nancy Grace Roman podrá detectar asteroides peligrosos de hasta 18 metros de diámetro, según un estudio que se presentará en septiembre de 2026.
- Dónde: Desde el punto de Lagrange L2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
- Institución responsable: NASA, con la colaboración del Space Telescope Science Institute y el Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins.
- Cuándo: Lanzamiento previsto a finales de agosto de 2026; la propuesta científica se presentará en el Congreso Europlanet de La Haya el próximo mes de septiembre.
- Impacto a futuro: Acelerará la identificación de asteroides que hoy escapan a los telescopios terrestres y permitirá evaluar el peligro con meses o años de antelación, pieza clave para organizar misiones de desviación.




