Hay casualidades que la cámara convierte en patrimonio. El pasado 3 de agosto de 2026, la imagen del día de la NASA mostró una de esas secuencias que los astrofotógrafos sueñan: un meteoro atravesando el campo de la Nebulosa Lacerta. El bólido no solo apareció sin avisar; se vaporizó por completo, dejando apenas una cicatriz de colores en la atmósfera terrestre mientras la nebulosa rojiza aguardaba al fondo, ajena a los dramas fugaces de nuestro planeta.
La instantánea, firmada por Tom Burnett desde los observatorios de Death Valley (Nevada), es una larga exposición. La técnica permite que la luz de objetos débiles, como la propia Nebulosa Lacerta, se acumule en el sensor, pero también deja la puerta abierta a intrusos: cualquier fuente brillante que cruce durante la captura pinta un trazo. Y eso fue lo que ocurrió, un destello verde azulado que duró menos de un segundo.
La imagen que pilló al meteoro en plena evaporación
El rastro del meteoro aparece nítido y corto, casi quirúrgico. La razón es su tamaño. Los astrónomos del programa APOD estiman que el meteoroide era del porte de un pequeño guijarro. Al entrar en la atmósfera a decenas de kilómetros por segundo, el rozamiento calentó y excitó los gases circundantes, generando el brillo característico. Pero la propia roca no sobrevivió: se vaporizó íntegramente en la desaceleración, dejando una mezcla de gas y polvo que, arrastrada por el viento a gran altitud, mostró tonalidades que delatan su composición química.
La Nebulosa Lacerta, en cambio, es un débil caparazón de hidrógeno ionizado que apenas se distingue en rojo hacia el centro de la imagen. Está a unos 2.000 años luz de la Tierra, en la constelación del Lagarto, y rara vez protagoniza titulares porque su brillo superficial es muy bajo. Precisamente por eso, la irrupción del meteoro convierte una foto de cielo profundo en un milagro fotográfico.
Breve física de una estrella fugaz
Lo que popularmente llamamos estrella fugaz es en realidad un fenómeno atmosférico. Un fragmento de polvo o roca interplanetaria, muchas veces restos de cometas, choca con nuestra atmósfera y se calienta hasta la incandescencia. La mayor parte del brillo no procede del propio meteoroide, sino del aire que lo rodea, que se ioniza y reluce. La estela coloreada que vemos son átomos excitados —oxígeno, sodio, magnesio— devolviendo la energía en longitudes de onda concretas.
En el caso de la foto de Burnett, el color verde azulado sugiere la presencia de oxígeno atómico en la alta atmósfera, mientras que los tonos más rojizos podrían apuntar a nitrógeno. Son los mismos pigmentos efímeros que desfilan en cualquier lluvia de estrellas, solo que aquí un único evento robó el encuadre.

Agosto de 2026: un mes para mirar al cielo
El fotobomba del meteoro no es un suceso aislado. De hecho, la propia NASA subraya en su pie de foto que agosto de 2026 es un mes especialmente activo para los meteoros. Ahora mismo hay tres lluvias en curso, aunque compiten con el brillo de una Luna gibosa. La más potente de todas, las Perseidas, alcanzará su pico en torno al 12 y 13 de agosto, momento en que la Luna ya se habrá afilado hasta desaparecer.
Casualidad o no, el mismo meteoro que se fundió sobre el desierto de Nevada anunciaba la semana en que la Tierra atraviesa los restos del cometa Swift-Tuttle.
Pero este año hay un ingrediente adicional, casi inverosímil: el máximo de las Perseidas coincide prácticamente con una Luna nueva y, desde ciertas ubicaciones, con un eclipse total de Sol. El 12 de agosto de 2026, la franja de totalidad recorrerá el norte de España, Islandia y Groenlandia. Para un observador en la península, el espectáculo será doble: las Perseidas brillarán sin competencia lunar durante la noche del 12 al 13, y quien se desplace a la banda de totalidad verá el disco solar completamente cubierto durante unos instantes al anochecer.
La coincidencia de un eclipse total con el pico de una de las lluvias de meteoros más fiables del hemisferio norte es un aliciente estadístico. No significa que vayan a verse más estrellas fugaces durante la totalidad —el cielo diurno eclipsado no es lo bastante oscuro—, pero sí que la misma geometría orbital que alinea Sol, Luna y Tierra con precisión milimétrica también nos está haciendo cruzar una corriente de partículas cometarias. El encadenamiento fortuito convierte a este agosto en una cita ineludible para cualquier aficionado.
La fotografía de Burnett, con su bólido solitario, funciona como una invitación. A veces basta un destello para recordarnos que la astronomía no solo ocurre en los grandes observatorios: sucede encima de nuestras cabezas, a cualquier hora, incluso mientras una nebulosa de dos milenios de distancia aguarda su turno en el visor.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una imagen astronómica que capturó un meteoro vaporizándose justo delante de la Nebulosa Lacerta durante una larga exposición.
- Dónde: Nebulosa Lacerta (constelación del Lagarto), fotografiada desde el Observatorio Death Valley (Nevada, EE. UU.).
- Institución responsable: NASA (programa Astronomy Picture of the Day) y el astrofotógrafo Tom Burnett.
- Cuándo: Imagen seleccionada como APOD el 3 de agosto de 2026; la toma se realizó en julio de 2026.
- Impacto a futuro: Sirve de aperitivo para un mes de agosto excepcional, con las Perseidas en su pico y un eclipse total de Sol que recorrerá el norte de España.




