Un tribunal de Manhattan ha dado un respiro a Coinbase. El juez federal Paul Engelmayer desestimó este miércoles (30 de julio) el 99,97% de los reclamos de una demanda colectiva que acusaba al mayor exchange (plataforma de intercambio) de criptomonedas de Estados Unidos de vender tokens sin registrarlos como valores. La decisión supone una victoria legal casi total para la compañía, aunque deja abierta una pequeña puerta: las operaciones en las que Coinbase vendió directamente desde su propio inventario, valoradas en al menos 178 millones de dólares.
La demanda, que arrancó en 2021, giraba en torno a más de 60 criptomonedas, incluidas XRP y dogecoin. Los inversores alegaban que Coinbase operaba como un mercado de valores sin estar registrado, una acusación que tocaba el corazón del debate regulatorio del sector: cuándo un token es un “security” (valor financiero) y cuándo una simple mercancía digital.
Un fallo que limpia el 99,97% de la demanda
La clave del fallo está en la diferencia entre dos tipos de transacciones. Por un lado, las «transacciones coincidentes», en las que Coinbase se limitaba a emparejar las órdenes de compra y venta de sus clientes. Estas operaciones representan la friolera del 99,97% del volumen total de la plataforma —hablamos de cientos de miles de millones de dólares—. El juez determinó que en esos casos Coinbase no actuaba como vendedor: no transfería la propiedad de los tokens ni solicitaba activamente la compra. Solo ofrecía información básica sobre el precio de los activos.
“La empresa no solicitó esas operaciones en el sentido exigido por la legislación”, resume el fallo. En otras palabras, el modelo de negocio masivo del exchange quedó blindado judicialmente. Para la inmensa mayoría de los usuarios que compran y venden cripto en Coinbase como si fuera un mercado, esta decisión aclara que el intercambio no es legalmente responsable de haber vendido un valor no registrado.
Por qué sigue viva la disputa por 178 millones de dólares
Sin embargo, el juez no cerró la puerta del todo. Las transacciones de inventario —cuando Coinbase completaba las órdenes utilizando tokens que ya poseía en sus propias carteras— sí pueden considerarse venta de valores. En esos casos, el tribunal entendió que Coinbase actuaba como dealer o suscriptor, transfiriendo directamente la propiedad del activo al comprador. Estas operaciones, aunque residuales en volumen, sumaron al menos 178 millones de dólares (unos 162 millones de euros al cambio actual).
Aquí está el matiz delicado. Si usted compró un token a través de Coinbase y el activo salía del propio inventario de la compañía, su operación podría quedar dentro de la reclamación que sigue viva. “El tribunal diferenció claramente entre ser un simple tablón de anuncios digital y ser un vendedor con libro propio”, explicó una fuente jurídica cercana al caso. Esa distinción podría marcar futuros litigios contra otras plataformas que también mantengan reservas propias de criptomonedas.
La justicia neoyorquina dice que emparejar compradores y vendedores no convierte a Coinbase en un vendedor de valores. Pero si el exchange pone de su bolsillo, la cosa cambia.
De momento, los abogados de los demandantes no han anunciado si apelarán. Coinbase, por su parte, ha evitado hacer comentarios públicos inmediatos. La victoria, aunque incompleta, le permite respirar después de años de litigio y justo en un momento en el que la administración Trump ha suavizado la supervisión regulatoria sobre el sector.
Qué significa esto para el inversor cripto
Para un inversor español medio, este fallo puede sonar a galimatías judicial estadounidense. Pero tiene implicaciones que van más allá de Nueva York. Aquí van tres lecturas importantes.
Primera: la decisión dibuja una línea más clara entre la operativa puramente de mercado y la venta directa de tokens, algo que en Europa se está debatiendo en en el marco de la nueva normativa MiCA. Los reguladores del Viejo Continente podrían mirar con atención el criterio del juez Engelmayer a la hora de definir qué criptoactivos quedan fuera de la supervisión de valores.
Segunda: aunque la cantidad que sobrevive (178 millones) parece pequeña en comparación con el volumen total, simboliza que los exchanges no pueden sentirse totalmente a salvo de demandas colectivas si mezclan su rol de intermediario con el de propietario de activos. Algo a tener en cuenta si operan en jurisdicciones donde la definición de “security” aún es difusa.
Tercera: el caso recuerda que, por ahora, la clasificación de los tokens como valores sigue dependiendo más de cómo se venden que de qué son intrínsecamente. Y eso deja a los inversores en un limbo. Comprar XRP en Coinbase o en un exchange descentralizado puede conllevar protecciones legales distintas, simplemente porque el vendedor es otro.
Yo creo que este fallo es un paso positivo para la industria, pero no un cheque en blanco. La amenaza de que otras demandas colectivas resurjan con el tiempo sigue ahí, sobre todo si el contexto regulatorio vuelve a tensarse. De momento, Coinbase puede celebrar: ha esquivado una bala de miles de millones de dólares. Y el mercado lo interpreta como un espaldarazo a su modelo centralizado.





