Colección Alkar Contemporary abre museo en Bilbao: el garaje de Juan Herreros que revaloriza arte y zona

La colección privada de Yolanda Zugaza y Fernando Arriola se abre al público en un garaje transformado por Juan Herreros. La operación revaloriza tanto las obras como el entorno inmobiliario de Bilbao, ofreciendo un caso de estudio para el inversor en arte contemporáneo.

Más de 550 obras de 280 artistas, nombres como Anselm Kiefer, Louise Bourgeois o Georg Baselitz, adquiridos durante dos décadas con un olfato que ahora revela una plusvalía latente notable. La Colección Alkar Contemporary, uno de los fondos corporativos de arte contemporáneo más coherentes del país, acaba de estrenar sede propia en el centro de Bilbao. Y lo hace de la mano de Juan Herreros, el arquitecto del Museo Munch de Oslo, que ha convertido un antiguo garaje de 1.300 metros cuadrados en un espacio de visita pública que añade una capa de valor financiero inesperada: la revalorización conjunta del activo artístico y del barrio que lo acoge.

El ‘momentum’ del mercado capturado por dos empresarios de la automoción

Yolanda Zugaza y Fernando Arriola, impulsores de la colección y propietarios del hólding Corporación Adakar —matriz de Alkar Automotive, líder europeo en retrovisores—, empezaron a comprar arte hace más de veinte años sin un plan premeditado. “Fuimos por primera vez a Arco y, casi sin darnos cuenta, estábamos dos meses después en la feria de Basilea”, recuerda Zugaza. Ese acercamiento intuitivo, sin embargo, se convirtió en una estrategia de adquisición basada en el rigor: unas 20 compras anuales, primero en el ámbito local y después en la escena internacional, con especial atención a los artistas contemporáneos de mayor carga narrativa.

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Lo relevante para el inversor es el timing. La pareja construyó el grueso de la colección antes del ciclo alcista que disparó los precios entre 2020 y 2022. “Los precios se han disparado. Llegamos a tiempo”, admite Arriola, subrayando que muchos de los artistas que poseen están hoy fuera del alcance de nuevos compradores en el mercado primario. La colección incluye obras de Tracey Emin, Nicolas Party, Claire Tabouret o Richard Serra, todos ellos con una revalorización significativa en subastas y ferias durante la última década. La apertura del museo, por tanto, no solo da visibilidad a un fondo que hasta ahora solo se compartía mediante préstamos a instituciones como el Pompidou o el Reina Sofía, sino que añade un intangible de prestigio que, en el mercado del arte, se traduce directamente en valor.

El proyecto refuerza su solidez con una muestra inaugural —On Being Human— que reúne 53 piezas seleccionadas para dialogar sobre la condición humana, y con un modelo de visitas autofinanciadas. Los martes por la mañana y los jueves por la tarde, con posibilidad de ampliación según la demanda, el museo no depende de subvenciones públicas, un dato que cualquier family office sabrá leer como indicio de sostenibilidad financiera.

El garaje de Herreros y la revalorización del Ensanche

El edificio que alberga Alkar Contemporary era una imprenta y, antes, un garaje de tres plantas. Está situado en el Ensanche bilbaíno, a escasos minutos del Museo Guggenheim, en una zona ya transformada por el llamado “efecto Guggenheim”. Juan Herreros, catedrático en la Escuela de Arquitectura de Madrid, ha preservado la memoria industrial con tableros de madera contrachapada y planchas galvanizadas, pero ha creado también un espacio de fragmentación deliberada —inspirado en la Colección Solo de Madrid— que centra la atención en pocas obras y favorece la concentración.

Comprar arte contemporáneo dos décadas antes del boom de precios es lo más parecido a una operación de private equity con horizonte largo y valor cultural añadido.

Para el inversor en real estate prime, la operación tiene un segundo ángulo. La implantación de un museo de esta calidad, con firma de arquitecto de referencia y vocación pública, suele actuar como catalizador de la demanda residencial y comercial en el entorno inmediato. Bilbao ya experimentó una revalorización sostenida del metro cuadrado en los barrios cercanos al Guggenheim desde los años noventa. La apertura de Alkar Contemporary, en un antiguo garaje del Ensanche, puede acelerar el interés de compradores de alto poder adquisitivo por el parque residencial de la zona, donde los precios todavía presentan un descuento relativo frente a otras capitales europeas con infraestructura cultural comparable.

Qué significa Alkar Contemporary para la asignación de activos alternativos

Desde la perspectiva del wealth management, la colección Alkar Contemporary ofrece una lección clara sobre cómo construir una cartera de arte con disciplina empresarial. Zugaza y Arriola no son coleccionistas de pedigrí institucional, sino empresarios que aplicaron a las ferias de arte el mismo método que a las ferias industriales: primero analizar el producto, después la parte social. Ese enfoque les permitió detectar el momentum de ciertos artistas antes del gran dinero —parte del cual llegó con los estímulos monetarios post-covid y la acumulación de riqueza en sectores tecnológicos— y construir un fondo que hoy, sobre el papel, tiene una plusvalía latente muy superior al precio de adquisición.

Aunque la liquidez del arte es baja, la conversión de una colección privada en museo visitable mitiga parcialmente ese riesgo: genera documentación, publicaciones y visibilidad que incrementan la demanda potencial si en el futuro se decidiera una desinversión parcial. Además, el Premio “A” al Coleccionismo que la Fundación Arco concedió a los fundadores en 2025 avala la calidad institucional del conjunto. Para una family office que contemple el arte como activo de preservación de capital a largo plazo, la trayectoria de Alkar Contemporary es un caso de estudio: compra temprana, foco narrativo, infraestructura propia y costes de exposición autofinanciados.

En paralelo, la revalorización del real estate en el Ensanche bilbaíno es un subproducto que no debe pasarse por alto. Las ciudades con grandes colecciones privadas abiertas —Madrid con la Colección Solo, por ejemplo— han visto cómo el entorno se revitaliza y atrae actividad económica de alto valor añadido. Bilbao añade ahora un nuevo nodo de arte contemporáneo que, junto al Museo de Bellas Artes ampliado por Norman Foster, consolida un ecosistema cultural donde el metro cuadrado residencial premium tiene recorrido.

💎 Veredicto Wealth

La Colección Alkar Contemporary refuerza el atractivo del arte contemporáneo como activo de preservación de capital a muy largo plazo, especialmente cuando se construye con una estrategia de adquisición disciplinada y se dota de infraestructura propia. El principal riesgo es la liquidez, pero la visibilidad del museo y la calidad de la colección actúan como mitigantes, al tiempo que el real estate del entorno ofrece una oportunidad complementaria para inversores interesados en el mercado bilbaíno.


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