La familia Ybarra, una de las sagas empresariales más influyentes de la España industrial, ha convertido su holding patrimonial Mezouna en el epicentro de una guerra accionarial que amenaza con fracturar definitivamente al clan. El conflicto enfrenta a los cuatro hijos del fallecido Emilio Ybarra —expresidente de BBVA— con su hermano Santiago, de 90 años, por el control de las participaciones en Tubos Reunidos y Vocento, dos cotizadas que arrastran pérdidas millonarias y un grave deterioro reputacional.
La foto del conflicto: una junta tensa y una querella de 40 millones
El pasado mes de junio, la junta de accionistas de Mezouna evidenció la profundidad de la crisis familiar. Santiago Ybarra Churruca había remitido días antes una carta a su sobrino Emilio Ybarra Aznar solicitando la separación cautelar de los cuatro hermanos del consejo de administración de la sociedad. El detonante: una querella por mala gestión que, según la rama del nonagenario, ha provocado pérdidas de 40 millones de euros en las inversiones del holding.
En el encuentro, el representante de Santiago Ybarra, Ángel Zarabozo, fue especialmente duro al calificar de «ridícula» la rentabilidad del 3,81% de la cartera en 2025, frente a la revalorización del 49,3% del Ibex 35 (55,3% incluyendo dividendos). El bloqueo de la inversión en los denominados valores estratégicos está conduciendo al fracaso, como ha ocurrido ya con Tubos Reunidos», espetó, al tiempo que denunció que dos consejeros se habrían aprovechado de sus cargos en las participadas.
Los herederos de Emilio Ybarra respondieron con contundencia, tachando de «desproporcionada e ilógica» la petición de separación y reiterando su compromiso con una gestión a largo plazo. La fractura, no obstante, va más allá de los números: subyace un choque personal agravado por el temor a que la fortuna familiar acabe en manos de la esposa venezolana de Santiago, Mercedes Baptista.
Las dos cotizadas en el punto de mira: pérdidas y escándalos
El primer foco de tensión es Tubos Reunidos. La siderúrgica vizcaína, donde Mezouna mantenía una participación relevante, entró en concurso de acreedores y fue rescatada por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). La operación, salpicada por presuntas comisiones a una exasesora del PSOE y al exvicepresidente del ente público, ha dañado gravemente el crédito del apellido Ybarra. Santiago calificó la situación de «auténtico escándalo empresarial y mediático» y denunció el quebranto económico y ético sufrido.
Ignacio Ybarra, vicepresidente de Tubos Reunidos, se defendió alegando que la evolución negativa de la inversión respondió a «circunstancias extraordinarias, sobrevenidas e imprevisibles», como la pandemia y los aranceles de Estados Unidos al acero europeo.
El segundo activo en disputa es Vocento, donde Mezouna atesora un 11% del capital. La participación, calificada como «histórica» y «estratégica» por los hijos de Emilio, acumula pérdidas de unos 200 millones de euros. Santiago, que votó a favor de venderla, considera que mantenerla es un error que acabará destruyendo valor, mientras que los sobrinos se aferran a las cuatro generaciones de arraigo familiar en la editora de ABC y El Correo. «No es por capricho, sino por haber estado cuatro generaciones en la familia», argumentaron.
Precisamente, en mayo, Ignacio Ybarra dejó la presidencia de Vocento sin explicación oficial, un relevo que el mercado interpretó como una salida forzosa en pleno escándalo de Tubos Reunidos.

La guerra Ybarra no es un simple conflicto familiar: cuestiona la capacidad de un holding controlado por un 51% para gestionar inversiones estratégicas que afectan a miles de accionistas minoritarios.
Un consejo partido y una mayoría minúscula que decide todo
La gobernanza de Mezouna es el campo de batalla definitivo. Tras el fallecimiento de Emilio Ybarra, sus cuatro hijos heredaron el 51,0012% del capital, frente al 49,9988% de Santiago y su esposa. Una sola acción de diferencia, presuntamente fruto de varios cambios de testamento, otorga el control absoluto a la rama de los sobrinos, que recurren a esa mayoría para imponer sus decisiones frente a las reiteradas peticiones de venta del tío.
Así, la junta aprobó las cuentas de 2025 y renovó al auditor pese al voto en contra de Santiago y Mercedes, que también rechazaron las remuneraciones de los gestores. La respuesta de los sobrinos fue tan explícita como contundente: «Meras acusaciones ‘de parte’ no deberían ser motivo de separación de cuatro consejeros», sostuvieron, blindando su posición con el argumento del «interés social» y la «visión de largo plazo».
El deterioro de la convivencia se ha trasladado ya a la opinión pública, con cartas cruzadas, reproches personales y una dinámica que recuerda a los peores episodios de empresas familiares en descomposición. La reputación del apellido, que durante décadas fue sinónimo de poder en BBVA, la siderurgia y los medios, se desangra entre querellas y juntas agónicas.
Análisis: la trampa de lo ‘estratégico’ y el coste reputacional
Más allá del drama familiar, el caso Ybarra encierra una lección corporativa. La defensa de Vocento como «valor estratégico» choca con una realidad financiera desoladora: una participación que acumula pérdidas de 200 millones y que ha llevado al holding a una rentabilidad muy inferior a la del mercado. El apego sentimental al legado industrial, comprensible en un negocio familiar, se convierte en un lastre cuando impide la desinversión racional que demanda uno de los socios.
El precedente de El Corte Inglés o de la propia Prosegur demuestra que los conflictos accionariales enquistados acaban pasando factura a la cotización y a la capacidad operativa de las participadas. En el caso de Vocento, la salida silenciosa de Ignacio Ybarra de la presidencia ya fue un síntoma de que la presión interna se traslada a la gestión. Y en Tubos Reunidos, la combinación de concurso, rescate público y sospechas de corrupción eleva el riesgo reputacional a niveles difíciles de absorber para un grupo familiar.
La guerra Ybarra es, en el fondo, un recordatorio de que la estructura de propiedad con mayorías mínimas puede paralizar la toma de decisiones estratégicas cuando el consenso se rompe. Y en un entorno donde los inversores institucionales exigen transparencia y rotación, el bloqueo actual amenaza con deteriorar aún más el valor de los activos subyacentes.
📊 Las Claves para el Inversor
- Qué vigilar: La evolución del litigio judicial y cualquier movimiento de venta de la participación en Vocento. Un posible pacto entre las ramas o la desinversión parcial aliviaría la presión.
- Reacción del valor: Vocento cotiza a la baja y con escasa liquidez; el mercado descuenta el riesgo de gobernanza, pero un cese del conflicto podría destapar cierto valor especulativo.
- Precedente sectorial: Conflictos similares en empresas familiares como El Corte Inglés o Pescanova mostraron que la judicialización del control accionarial suele preceder a reestructuraciones forzosas o desinversiones.




