Mundial fútbol en EEUU: miles de millones en ingresos pero crecen las críticas sociales

El Mundial de fútbol 2026 genera cifras récord de ingresos para la FIFA y las ciudades sede, pero el aumento de precios y la factura que pagan los ciudadanos avivan el debate sobre quién se beneficia realmente del mayor espectáculo deportivo global.

El Mundial de fútbol 2026 en Estados Unidos, México y Canadá se ha convertido en un fenómeno económico sin precedentes. Según el Banco de América el torneo generó cerca de 20.000 millones de dólares solo en territorio estadounidense, y la FIFA podría ingresar hasta 9.000 millones de dólares. Sin embargo, no todo son cifras positivas: las críticas sobre el reparto de los beneficios y el impacto en los ciudadanos crecen a medida que se acerca la final.

Las cifras millonarias que mueve el torneo

Juliana González, presentadora de DW Economía, destacó que la actividad económica global asociada al Mundial ronda los 40.000 millones de dólares, según la entidad financiera. El gasto en turismo, consumo, bares y restaurantes ha disparado los ingresos en las ciudades sede, con un aumento del gasto personal superior al 6% en algunas de ellas. Banco de América detalla que el efecto se ha dejado sentir especialmente en el sector servicios.

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Los grandes ganadores: FIFA, ciudades y empleo

Argemino Barro, periodista de DW Español desde Nueva York, explica que los principales beneficiados son las ciudades anfitrionas —donde el gasto ha subido más del 6%—, los empleos creados —cerca de 200.000 empleos en EE.UU. y entre 800.000 y un millón a nivel global— y, sobre todo, la FIFA. Las estimaciones de ingresos para el organismo varían: Bloomberg apunta a 9.000 millones, pero otras fuentes, citadas por Barro, elevan la cifra hasta los 13.000 millones. El hecho de que el torneo se celebre en tres economías fuertes y con 48 selecciones (más partidos) explica estas magnitudes.

La cara B: aumento de precios y costes que pagan los ciudadanos

Pero no todos sonríen. Argemino Barro subrayó que los residentes de las ciudades sede sufren incrementos notables en precios. Puso el ejemplo del tren que une Nueva York con Nueva Jersey para el partido en el MetLife Stadium: el billete que solía costar 20 dólares se ha encarecido hasta los 100. La razón: los costes de seguridad y logística, que según Barro terminan pagando los contribuyentes, porque la FIFA se lleva la mayor parte del dinero. Este desequilibrio genera críticas crecientes sobre quién asume realmente los costes del espectáculo.

Chicago dijo ‘no’: un precedente que ilustra las tensiones

Chicago rechazó los partidos del Mundial. Según narró Argemino Barro, cuando se negociaba la organización, la ciudad hizo cuentas y vio que debía reformar estadios, modernizar infraestructuras y montar un costoso dispositivo de seguridad, mientras los beneficios se los llevaba la FIFA. Así, decidió no acoger ningún partido. Este caso refleja un dilema recurrente en los megaeventos: las ciudades invierten fuertes sumas en requisitos exigentes, pero el retorno económico para las arcas locales es discutible.

Una final de lujo: la entrada más barata cuesta 8.200 dólares

A pocos días del partido definitivo entre España y Argentina, el propio Argemino Barro puso cifras al elitismo: el billete más barato para la final del domingo en Nueva York alcanza los 8.200 dólares. En el mercado de reventa, se han llegado a pagar entradas por dos millones de dólares. “Ha sido un Mundial sobre todo para la gente con mucho dinero”, sentenció.

«Ha sido un Mundial para la gente con mucho dinero: la entrada más barata para la final cuesta 8.200 dólares y en reventa se han pagado hasta dos millones».

— Argemino Barro, periodista de DW Español

¿Y ahora qué? Lectura crítica de un modelo cuestionado

El torneo de 2026 ha puesto sobre la mesa un debate más amplio. Las cifras macroeconómicas son exuberantes, pero el goteo hacia el ciudadano común es, cuando menos, desigual. Los datos de Banco de América y Bloomberg confirman que el Mundial es una máquina de hacer dinero, pero la experiencia de ciudades como Chicago o el encarecimiento de servicios básicos como el transporte público revelan que el modelo presenta fisuras. La FIFA sigue siendo la gran triunfadora, mientras los contribuyentes cargan con servicios extra y precios inflados.

El caso de Chicago no es anecdótico: cada vez más urbes sopesan los costes reales frente a los beneficios ilusorios de albergar competiciones de esta magnitud. Con el nuevo formato de 48 equipos y tres países anfitriones, el Mundial 2026 podría marcar un punto de inflexión para que futuras candidaturas exijan un reparto más justo de los retornos.

A nivel global, el impacto sobre el empleo es positivo pero temporal. Los puestos generados suelen ser de corta duración y vinculados a la hostelería y el turismo. Una vez que los focos se apagan, muchas ciudades se enfrentan al mantenimiento de instalaciones deportivas que rara vez alcanzan una rentabilidad sostenida.

El Mundial demuestra que el fútbol mueve economías enteras, pero deja una pregunta incómoda: ¿el dinero se queda en las comunidades que lo acogen o solo alimenta las cuentas de unos pocos? Mientras las gradas vibran con la final, los números sobre la mesa invitan a repensar si el mayor espectáculo deportivo del mundo es realmente un negocio para todos.

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