He seguido los partes de navegación del Strait of Hormuz durante toda la noche y lo que reflejan esta mañana es el escenario que más temen las refinerías asiáticas desde hace décadas: dos petroleros incendiándose al sur del estrecho, el crudo Brent disparado un 4% hasta su nivel más alto en más de un mes y la Guardia Revolucionaria iraní advirtiendo que no saldrá “ni una sola gota de petróleo y gas” de la región hasta que cese la “agresión estadounidense”.
La séptima noche de bombardeos convierte el Estrecho de Ormuz en un campo de minas
El Mando Central de Estados Unidos ha confirmado que sus fuerzas completaron una nueva ronda de ataques contra infraestructura logística militar, almacenes subterráneos de armas y capacidades marítimas iraníes, empleando cazas, drones y buques de guerra. Es la primera vez en más de una semana que el Pentágono menciona explícitamente la infraestructura como objetivo, una escalada que el secretario general de la ONU, António Guterres, ha calificado de “preocupante” por el impacto sobre la población civil.
Los datos que he ido recopilando de la última madrugada dibujan un panorama de deterioro acelerado:
- Siete noches consecutivas de bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní desde el colapso del alto el fuego la semana pasada.
- Tres muertos y ocho heridos en la provincia costera de Hormozgán. Varios puentes, un túnel viario y una estación de tren han quedado dañados en Bandar Khamir.
- Cuatro buques comerciales desviados por las fuerzas navales estadounidenses, uno inutilizado y otro abordado para hacer cumplir el bloqueo naval impuesto a Irán.
- La Guardia Revolucionaria iraní detuvo a cuatro embarcaciones que, según Teherán, violaban sus normas de tránsito en el estrecho.
“Hasta que la agresión de Estados Unidos termine, no será posible exportar fertilizantes químicos ni una sola gota de petróleo y gas de la región.” — Guardia Revolucionaria de Irán, comunicado difundido por la televisión estatal, 18 de julio de 2026
Las imágenes que han empezado a circular muestran columnas de humo sobre Jask, donde los misiles alcanzaron plantas eléctricas y bombas desalinizadoras. El suministro de agua potable ha quedado cortado en varias aldeas. No se trata ya de un intercambio de golpes limitado: la guerra económica ha saltado desde las sanciones al sabotaje físico de la infraestructura civil.
La dependencia energética asiática: el verdadero talón de Aquiles
El análisis que hago esta mañana, examinando el mapa de rutas de los petroleros que transitan el Golfo Pérsico, es que el bloqueo del Estrecho de Ormuz golpea de lleno la línea de flotación de las economías asiáticas. Un quinto del crudo mundial circula por ese canal de 33 kilómetros de ancho. Sin embargo, la dependencia asiática es mucho mayor: China, India, Japón y Corea del Sur reciben a través de Hormuz más del 80% de sus importaciones de petróleo. Cada día de bloqueo naval efectivo reduce el suministro disponible para las refinerías de Dalian, Jamnagar o Ulsan en cantidades que los mercados no pueden compensar rápidamente.
Lo que me parece más relevante del movimiento de precios del viernes —una subida superior al 4%— no es el porcentaje, sino la velocidad. En una semana hemos pasado de un mercado que descontaba una paz frágil a uno que empieza a internalizar primas de riesgo de suministro propias de un conflicto abierto entre Irán y Estados Unidos. Los futuros del Brent superaron la barrera psicológica de los 85 dólares y las opciones de compra de crudo a 100 dólares para septiembre triplicaron su volumen en la sesión asiática.
El timing no podría ser peor. La India está en plena temporada de monzones, con una demanda de diésel agrícola en su pico estacional. China acaba de aprobar un nuevo paquete de estímulo que depende, en buena medida, de una energía barata para mantener la competitividad de sus exportaciones. Cada dólar de aumento en el barril de Brent se traduce en aproximadamente 2.500 millones de euros adicionales en la factura energética anual de la eurozona, pero para las economías manufactureras asiáticas el multiplicador es aún mayor, porque carecen de la red de suministro diversificada que Europa ha construido desde 2022.
“Las repercusiones sobre la economía mundial podrían ser graves si se interrumpiera el tránsito por el Estrecho de Ormuz durante un período prolongado.” — Mohsen Rezaei, asesor del líder supremo de Irán, declaración del 17 de julio de 2026
Hay una variable que no aparece en los gráficos del Brent y que monitorizo con atención: el coste del seguro para los buques que transitan el Golfo. Las primas de war risk para los petroleros que cargan en Ras Tanura o en Das Island se han multiplicado por seis en las últimas 72 horas, y varias navieras supranationals han suspendido los embarques hacia el este de Suez. Sin cobertura aseguradora, por más que el crudo esté físicamente disponible, no habrá quien lo transporte. Esa es la amenaza silenciosa que acecha a los stockpiles de crudo estratégico que Japón y Corea mantienen para emergencias como esta.
El conflicto ha abierto, además, un segundo frente en el mar Rojo: hombres armados han secuestrado otro buque frente a las costas de Yemen. Con Bab el-Mandeb bajo tensión y Ormuz convertido en una zona de exclusión de facto, el mapa del transporte marítimo mundial de crudo está experimentando la mayor distorsión desde la guerra de los petroleros de los años ochenta. La diferencia es que entonces Asia tenía un perfil industrial incipiente: hoy es el taller del mundo.
🌐 El efecto dominó en Occidente
El impacto en Occidente no es directo —Europa no importa crudo iraní en volúmenes significativos— pero sí sistémico. El encarecimiento del Brent arrastra al gas natural licuado, cuyo precio en el mercado asiático (JKM) se indexa parcialmente al petróleo con un decalaje de entre dos y cuatro semanas. Eso significa que la próxima factura eléctrica española ya incorporará parte de esta tensión, y un petróleo sostenido por encima de 90 dólares retrasaría los recortes de tipos del BCE que el mercado descuenta para el último trimestre de 2026. Las empresas del IBEX con exposición a Asia, desde Inditex hasta las energéticas con contratos en Oriente Medio, verán un incremento en sus costes logísticos y de aprovisionamiento en las próximas semanas. Lo que ocurre esta madrugada en Hormuz no se quedará en Hormuz.




