Apenas 20 kilómetros separan ya a la sonda china Tianwen-2 de una roca errante que ha fascinado a los astrónomos desde su descubrimiento. La Administración Espacial Nacional de China (CNSA) ha confirmado este miércoles que la nave, lanzada en mayo de 2025, ha completado con éxito la persecución del asteroide cercano a la Tierra Kamo‘oalewa (2016 HO3) tras un viaje de 400 días y 1.000 millones de kilómetros. La maniobra abre la fase de exploración científica a corta distancia de uno de los objetos más enigmáticos del vecindario planetario, un cuasi-satélite que podría ser, literalmente, un pedazo de la Luna.
El encuentro no ha sido sencillo. Porque Kamo‘oalewa no es un asteroide cualquiera: gira sobre sí mismo de forma caótica mientras orbita alrededor del Sol en una danza sincronizada con la Tierra. Para alcanzarlo, la sonda ha tenido que igualar su velocidad y trayectoria con una precisión de relojería, empleando sus motores iónicos durante más de un año de crucero interplanetario. El tramo final, que la ha llevado a situarse a solo dos decenas de kilómetros de la superficie, fue descrito por los ingenieros de la misión como un “vals a escala cósmica”.
Los instrumentos de Tianwen-2 incluyen cámaras multiespectrales un espectrómetro y un radar de penetración diseñados para cartografiar la composición mineralógica y la estructura interna del objeto. La prioridad inmediata es tomar imágenes de muy alta resolución y medir la distribución de masas, datos cruciales para planificar la siguiente fase: la recogida de muestras. Porque esta misión no se limita a observar: si todo sale según lo previsto, dentro de unos meses la sonda descenderá hasta tocar la superficie, recogerá varios cientos de gramos de regolito y, en 2027, enviará una cápsula de retorno a la Tierra para que los científicos puedan analizar el material directamente.
400 días de caza y 1.000 millones de kilómetros
El despegue de Tianwen-2 desde el centro espacial de Xichang, en mayo de 2025, marcó un nuevo escalón en la ambiciosa hoja de ruta china. La misión es heredera de los éxitos de Chang’e 5 en la Luna y se apoya en la experiencia adquirida con Tianwen-1 en Marte. Pero perseguir y rozar un asteroide de apenas 40 a 100 metros de diámetro supone un reto técnico de orden superior: hay que calcular continuamente las efemérides de un cuerpo irregular, sabiendo que su brillo y posición cambian de manera imprevisible debido a su rotación errática.
Durante los 400 días de travesía, la sonda ha recorrido una distancia equivalente a dar más de 25.000 vueltas a la Tierra por el ecuador. Lo ha hecho con una precisión que ha dejado a los controladores de la misión “al borde del asiento”, según reconoció un portavoz de la CNSA en la breve comunicación de éxito. La maniobra final de inserción, ejecutada de forma completamente automática, redujo la velocidad relativa hasta dejarla por debajo de un metro por segundo.
La confirmación llegó pasadas las 02:00 hora de Pekín del miércoles, cuando las antenas de la red de espacio profundo recibieron la telemetría que certificaba la posición. Europa y Estados Unidos también están siguiendo la misión con interés, ya que Kamo‘oalewa es un objetivo científico de primer orden. No solo por su rareza orbital, sino por lo que esconde su composición.
Tianwen-2 ha logrado acercarse a 20 kilómetros de un asteroide que, según varios estudios, guarda las mismas huellas químicas que las rocas lunares.
Kamo‘oalewa, un cuasi-satélite que podría ser un trozo de la Luna
El asteroide 2016 HO3, bautizado con el nombre hawaiano Kamo‘oalewa —“el fragmento que se balancea”—, fue descubierto en 2016 por el telescopio Pan-STARRS en Hawái. Orbita alrededor del Sol en una trayectoria muy parecida a la de la Tierra, con una lenta deriva que lo convierte en un cuasi-satélite estable: aunque no está ligado gravitatoriamente a nuestro planeta, lo acompaña en su viaje anual como un escolta invisible.
Lo que ha convertido a este modesto pedrusco en un objeto de deseo científico es su firma espectral. En 2021, un equipo de la Universidad de Arizona y del Observatorio de la Gran Telescopio de Canarias publicó un estudio en Nature Communications Earth & Environment que comparaba la luz reflejada por Kamo‘oalewa con muestras lunares traídas por las misiones Apolo. El resultado fue asombroso: el patrón de absorción encaja con el de silicatos típicos de la corteza lunar, en particular con los presentes en el Mare Tranquillitatis y otros mares basálticos. En otras palabras, este asteroide podría ser un fragmento de la Luna arrancado por el impacto de un gran meteorito hace millones de años.
Si esa hipótesis es correcta, Tianwen-2 tiene ante sí una oportunidad científica sin precedentes: recoger una muestra de la Luna sin haber aterrizado en nuestro satélite. Y, lo que es más importante, obtener un registro de un impacto antiguo que no está mezclado con la geología lunar local, sino preservado en un ambiente de microgravedad durante eones.
Para confirmarlo, los espectrómetros de la sonda comenzarán en las próximas horas un mapeo geoquímico completo de la superficie. Se analizará la abundancia de elementos como el calcio, el aluminio y el magnesio, cuyas proporciones pueden sellar —o descartar— el origen lunar de la roca.
Qué significa este hito para la ciencia planetaria
El encuentro de Tianwen-2 con Kamo‘oalewa coloca a China en un club muy selecto de naciones capaces de acercarse, estudiar y tocar un asteroide. Hasta ahora, solo Japón (con Hayabusa y Hayabusa2) y Estados Unidos (con OSIRIS-REx) lo habían conseguido. La diferencia es que ninguno de esos objetivos tenía un origen lunar tan plausible.
Si en los próximos meses la sonda logra recolectar el material y la cápsula de retorno aterriza con éxito en el desierto de Mongolia Interior en 2027, los laboratorios terrestres dispondrán de la primera muestra de un cuerpo intermedio entre la Tierra y la Luna. Eso abriría una ventana a la historia temprana del sistema Tierra-Luna, una época violenta de impactos que pudo poblar el espacio cercano con miles de fragmentos como éste.
Pero todo depende de una maniobra delicada y de que el asteroide no haya deparado sorpresas desagradables, como una superficie demasiado suelta o una rotación excesiva que impida el contacto estable. La CNSA no ha ocultado que el margen de maniobra es estrecho. “Un solo rebote incontrolado podría alejar la sonda y poner en peligro la misión completa”, señaló la agencia en su comunicado.
Aun así, el mero hecho de haber llegado ya supone una victoria técnica. La navegación autónoma desarrollada para Tianwen-2, que combina sensores ópticos con algoritmos de aprendizaje profundo para reconocer hitos en la superficie, será la base de futuras misiones chinas a asteroides lejanos y, quizás, a las lunas de Marte. El siguiente objetivo de la sonda, una vez complete su trabajo en Kamo‘oalewa, será el cometa 311P/PANSTARRS, al que debería llegar en 2034 en una segunda fase de la misión.
La exploración científica acaba de empezar. Los próximos días traerán las primeras imágenes de alta resolución de este extraño viajero celeste. Y, con ellas, la posibilidad real de leer en sus grietas el relato de un antiguo cataclismo lunar.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La sonda china Tianwen-2 ha alcanzado el asteroide cuasi-satélite Kamo‘oalewa (2016 HO3) tras un viaje de 400 días y se ha situado a 20 km de su superficie, iniciando la exploración científica.
- Dónde: Asteroide 2016 HO3, que orbita el Sol como cuasi-satélite de la Tierra, a una distancia de entre 14 y 45 millones de kilómetros de nuestro planeta.
- Institución responsable: Administración Espacial Nacional de China (CNSA).
- Cuándo: Confirmación de la maniobra de encuentro el 16 de julio de 2026.
- Impacto a futuro: La misión intentará recoger muestras del asteroide y traerlas a la Tierra en 2027, lo que podría confirmar por primera vez que Kamo‘oalewa es un fragmento de la Luna arrojado por un impacto gigantesco.




