La UE mantiene el tope al petróleo ruso en 44,10 dólares mientras negocia el 21º paquete de sanciones

Bruselas aplaza la revisión del límite al crudo mientras intenta desatascar el 21.º paquete de sanciones, con el veto a excombatientes y el sector pesquero como principales escollos.

La Unión Europea ha decidido hoy mantener el tope al precio del petróleo ruso en 44,10 dólares por barril mientras continúa las negociaciones para cerrar el 21.º paquete de sanciones contra Moscú. Los embajadores de los Veintisiete, reunidos en Bruselas, han aplazado hasta el próximo 23 de julio la revisión de ese límite, una medida que Bruselas considera clave para evitar que Rusia se beneficie de la escalada de los precios energéticos por la crisis en Oriente Medio.

El retraso, que fuentes diplomáticas confirman a este medio, busca ganar tiempo para desatascar los escollos que bloquean el nuevo paquete de sanciones. Entre ellos destaca la propuesta de congelar permanentemente el tope al crudo transportado por mar, así como las primeras sanciones al sector pesquero ruso y el alcance del veto de entrada a la UE para excombatientes prorrusos.

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Un tope bajo presión geopolítica

El precio máximo de 44,10 dólares por barril —un límite que permite a las navieras y aseguradoras europeas seguir prestando servicios a los petroleros rusos— se mantiene vigente desde que el G7 y la UE lo implantaron en 2022. Sin embargo, el temor a que las tensiones en Oriente Medio disparen la cotización del Brent ha llevado a Bruselas a acelerar la congelación del tope, para impedir que Moscú multiplique sus ingresos si el crudo supera los 100 dólares. Lo que veo aquí es una UE que quiere preservar el suministro global pero sin regalarle a Putin una prima de guerra.

«Si llegaba el miércoles y no había acuerdo, la UE trabajaría en un plan B», había advertido el lunes la alta representante Kaja Kallas.

El ‘plan B’ no se ha explicitado, pero podría incluir mecanismos unilaterales para endurecer el control del precio sin necesidad de unanimidad en el Consejo. De momento, la prórroga hasta el 23 de julio mantiene abierta la vía negociadora.

Los tres escollos del 21.º paquete

  • El límite al petróleo: Bruselas quiere congelar el tope en los 44,10 dólares actuales y blindarlo frente a futuras alzas del mercado. Algunos Estados miembros temen que esa rigidez perjudique a sus refinerías o encarezca el flete marítimo.
  • El sector pesquero: Por primera vez se incluyen sanciones al sector pesquero ruso, un movimiento inédito que afecta a las flotas de varios países comunitarios, incluida España. Las dudas sobre el alcance real de las restricciones han frenado el consenso.
  • El veto a excombatientes: La propuesta original prohibía la entrada en la UE a todos los excombatientes prorrusos, pero la dificultad para identificar a los afectados y los visados que quedarían bloqueados ha obligado a suavizar el texto. El resultado es un veto diluido que aún genera divisiones.

Estos tres puntos concentran la mayor parte de las 48 horas extra que se han dado los embajadores. La alta representante Kallas ya había retirado o suavizado elementos de la propuesta inicial, incluido el alcance pesquero, pero el acuerdo sigue sin cerrarse.

Análisis: la cuerda floja energética

Lo que observo en esta secuencia es una Unión Europea que camina sobre una cuerda floja energética. Por un lado, necesita demostrar que el castigo a Rusia no pierde intensidad tras diecisiete paquetes anteriores; por otro, no puede permitirse que el precio del crudo se dispare en plena recuperación económica y con los bolsillos de los consumidores aún resentidos por la inflación. La decisión de aplazar la revisión del tope es, en sí misma, un síntoma de esas tensiones internas.

El hecho de que Kallas hablara abiertamente de un ‘plan B’ revela que Bruselas ya no descarta avanzar con geometría variable si la unanimidad se enquista. La pregunta es si ese plan B mantendría la eficacia del tope o abriría grietas que Moscú sabría explotar. La referencia a la pesca y a los excombatientes muestra, además, que las sanciones ya no son solo económicas: tocan intereses sectoriales muy concretos y sensibles para los Estados miembros. El próximo 23 de julio sabremos si la UE consigue cerrar el paquete o si, por primera vez, se ve obligada a activar un mecanismo alternativo que pondría a prueba la cohesión comunitaria.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España, la negociación tiene dos aristas directas. La primera es energética: el tope al crudo ruso ayuda a contener el precio del barril de referencia en los mercados internacionales, lo que se traduce en gasolinas y gasóleos más baratos para los consumidores españoles y en una menor presión inflacionista. Si ese límite desapareciera o se relajara, el Euríbor podría reaccionar al alza ante un repunte de la inflación, encareciendo las hipotecas variables de miles de familias.

La segunda arista es pesquera. España posee la mayor flota de la UE y mantiene intereses en caladeros que podrían verse afectados si las sanciones al sector ruso se concretan de forma amplia. Las dudas expresadas durante las negociaciones reflejan la preocupación de armadores y cofradías. Por eso, el desenlace el 23 de julio no solo definirá la unidad europea frente a Moscú, sino también el coste real que los hogares y las empresas españolas asumirán en los próximos meses.


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