La OPEP recorta un 19% el crecimiento de la demanda petrolera en 2026: tercera rebaja mensual

La organización reduce su previsión hasta los 0,78 millones de barriles diarios en un contexto de guerra en Irán y bloqueo de Ormuz. La demanda mundial de crudo alcanzará los 105,94 mbd este año, 0,19 mbd menos de lo estimado en junio.

La OPEP ha vuelto a rebajar sus previsiones de demanda petrolera mundial para 2026. La organización recorta un 19% la estimación de crecimiento interanual y la sitúa en 0,78 millones de barriles diarios (mbd), según el informe mensual publicado este lunes en Viena. Es la tercera revisión a la baja consecutiva y deja el consumo global esperado en 105,94 mbd, casi doscientos mil barriles menos de lo que se esperaba hace apenas un mes.

La guerra en Irán, el bloqueo intermitente del Estrecho de Ormuz y la consiguiente volatilidad de los precios del crudo están detrás de un ajuste que los analistas del cartel justifican por el deterioro del comercio marítimo y la debilidad de la demanda en Asia. En junio, la OPEP aún confiaba en una demanda de 106,13 mbd para el conjunto del año, una cifra que ha tenido que ser corregida a la baja mes tras mes.

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Una rebaja acelerada: el consumo se enfría

El golpe es contundente: en su informe de junio, la OPEP esperaba un aumento de 0,96 mbd; ahora recorta ese pronóstico en casi dos décimas, un 19% menos. La magnitud del ajuste refleja que el conflicto en Oriente Medio no solo impacta en la oferta sino también en la demanda, al encarecer los fletes y desorganizar las cadenas logísticas.

Pese a ello, el organismo mantiene una visión optimista sobre la economía mundial, que según sus cálculos crecerá a un ritmo «saludable» del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027. El divorcio entre la fortaleza macroeconómica y la sed de crudo se explica, en parte, por el impacto directo del conflicto bélico en las cadenas de suministro y en los costes de los fletes.

China, el mayor importador de crudo del mundo, redujo sus compras en mayo a 7,8 mbd, un 17% menos que en abril y un 29% inferior al mismo mes de 2025, según los datos recogidos por la OPEP. Rusia se consolidó como su principal proveedor con el 25% del total, seguida de Arabia Saudí (17%) y Brasil (16%).

La demanda petrolera se desacelera al mismo ritmo que se recrudece el conflicto en Oriente Medio, en un escenario donde la economía global crece pero el crudo no fluye.

En el frente de los precios, el barril de la cesta OPEP se vendió en junio a una media de 89,75 dólares, lo que supone un desplome de 24,80 dólares respecto a mayo, arrastrado por la tregua y la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz. El Brent europeo cerró el mes en 84,43 dólares (19,28 dólares menos) y el WTI en 81,79 dólares (16,72 dólares por debajo del promedio de mayo).

Sin embargo, la reanudación de los combates esta semana ha devuelto la presión alcista y pone en jaque la frágil normalización logística, recordando que el mercado sigue sujeto a los vaivenes de la geopolítica.

El incierto regreso de la oferta: Ormuz reabre, pero no del todo

La producción de los once miembros de la OPEP, incluidos los Emiratos Árabes Unidos, se recuperó en junio hasta los 22 mbd, un 16,9% más que los 18,82 mbd de mayo, gracias al alto el fuego y a la reactivación parcial del tránsito por el estrecho. Aun así, el bombeo sigue siendo 6,6 mbd inferior al registrado en febrero, antes del inicio de los ataques contra Irán, cuando la alianza producía 28,6 mbd.

OPEP

La OPEP prevé que la oferta de fuera del cártel (países no pertenecientes a la OPEP+) aumente en 0,6 mbd en 2026, liderada por Brasil, Estados Unidos, Canadá y Argentina. Para 2027, el organismo espera otros 0,6 mbd adicionales, con Qatar sumándose al grupo de productores que elevarán el bombeo.

El espejismo de 2027: demanda al alza o riesgo de sobrecapacidad

El informe de julio dibuja un horizonte de recuperación para 2027, con un crecimiento de la demanda de casi 2 mbd que elevaría el consumo mundial a los 107,8 mbd. Pero esa proyección está condicionada a que la situación en Oriente Medio se estabilice y el petróleo de la región fluya sin interrupciones. Algo que, a día de hoy, está lejos de ser seguro.

Aunque la OPEP insiste en que la economía crecerá a tasas «saludables», los riesgos geopolíticos y la transición energética —aún en fase de despliegue— podrían moderar el apetito por los combustibles fósiles. La propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido en informes previos de que el pico de demanda de crudo podría adelantarse si la electrificación del transporte y las renovables mantienen su actual ritmo de crecimiento. Históricamente, las crisis en el Estrecho de Ormuz han provocado disrupciones severas: en 2019, los ataques a las instalaciones de Abqaiq y Khurais dispararon el Brent un 15% en una sola sesión. Esta vez, la respuesta ha sido más contenida, en parte porque la demanda mundial de petróleo no ha recuperado los niveles prepandemia de forma homogénea.

El contraste entre la debilidad de la demanda a corto plazo y la fe en una reactivación para 2027 refleja la incertidumbre que domina el mercado. Inversores y traders se enfrentan a un escenario donde cada alto el fuego en Oriente Medio se traduce en un alivio efímero de los precios, seguido de un repunte al menor chispazo.

El mercado del petróleo navega entre dos aguas: la contención de la demanda por la guerra y la esperanza de un rebote que, de momento, se aplaza.

El próximo informe mensual de la OPEP, previsto para mediados de agosto, será clave para calibrar si la demanda sigue erosionándose o si, como confían los productores, el mercado encuentra un suelo. Mientras tanto, el crudo se mueve al ritmo de la geopolítica y de un Estrecho de Ormuz que sigue siendo el cuello de botella del comercio energético mundial.


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