Alibaba y Tencent disparan su gasto en chips nacionales de IA: ya es el 30%

La previsión es que la cifra escale al 46% en los próximos doce meses, con Huawei, Hygon y Cambricon como principales beneficiadas. Pekín exige que el 80% de la tecnología básica para IA proceda de proveedores locales.

Alibaba y Tencent destinan ya el 30% de su gasto en IA a chips chinos y apuntan al 46% en doce meses. El movimiento responde a una directriz de Pekín que persigue la soberanía tecnológica y sacude el tablero de los semiconductores: Nvidia ve cómo su cuota en el mercado chino, valorado en 50.000 millones de dólares, se erosiona trimestre a trimestre frente a Huawei, Hygon y Cambricon.

Claves de la operación

  • El gasto en chips nacionales de IA escala al 30% del total. Alibaba, Tencent y Zhipu AI lideran la transición, con una previsión de alcanzar el 46% en los próximos doce meses.
  • Huawei, Hygon y Cambricon se reparten el pastel que Nvidia pierde. Los chips H20 de la estadounidense, diseñados para sortear el veto, son cada vez más difíciles de conseguir por la presión administrativa china.
  • Pekín exige que el 80% de la tecnología básica para IA sea de proveedores locales. La meta se enmarca en un plan quinquenal de 300.000 millones de dólares para construir centros de datos.

El cerco a Nvidia se estrecha: del H20 al Ascend

El dominio de Nvidia en el segmento de aceleradores para inteligencia artificial se topa con un muro regulatorio y político en China. Las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados obligaron a la compañía a diseñar una versión recortada, los H20, para cumplir con la normativa. Pero la estrategia ha chocado con la respuesta simétrica de Pekín: las grandes tecnológicas chinas tienen instrucciones de priorizar el hardware nacional y los H20 escasean en el mercado.

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Zhipu AI ha sido la primera en demostrar que la alternativa es viable a gran escala. La empresa entrenó su modelo GLM-5, con más de 740.000 millones de parámetros, íntegramente sobre los Ascend 910C de Huawei. No es un piloto ni una prueba de concepto: es un modelo en producción que compite directamente con los de OpenAI y Anthropic.

Alibaba y Tencent, que llevan años desarrollando sus propios chips para centros de datos, están acelerando el despliegue de silicio propio. Su posición es análoga a la de Google o Meta en Occidente: integran hardware y software para optimizar costes y reducir la exposición a un proveedor externo que, además, opera bajo una jurisdicción que puede cortar el suministro en cualquier momento. La diferencia es que en China esa dependencia se percibe como un riesgo de seguridad nacional.

Huawei planta cara con el supernodo Atlas 950

El movimiento más ambicioso llega de la mano de Huawei con el supernodo Atlas 950. Se trata de un clúster de hasta 9.192 NPUs Ascend 950DT por sistema, con 1.152 TB de memoria unificada. La compañía afirma que ofrece 6,7 veces más potencia de cómputo que el rack NVL144 de Nvidia, aunque la eficiencia energética por unidad de cálculo sigue siendo la gran incógnita que los analistas señalan como posible talón de Aquiles.

Huawei está paseando la plataforma por las grandes citas internacionales. La próxima parada será la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial 2026 de Shanghái, donde se espera que desvele las primeras pruebas de rendimiento real frente a cargas de trabajo de inferencia agéntica. Mientras tanto, la compañía ya trabaja en los Ascend 950 y 960, con la promesa de alcanzar la paridad con las arquitecturas más modernas de Nvidia.

La apuesta china por el hardware nacional ya no es una cuestión de viabilidad técnica, sino de velocidad de ejecución.

En paralelo, Hygon Information Technology y Cambricon Technologies ganan tracción como proveedores de propósito general para centros de datos que no pueden o no quieren depender exclusivamente de Huawei. El ecosistema chino de chips para IA está dejando de ser un conjunto de alternativas de segunda fila para convertirse en una constelación de opciones con respaldo estatal y demanda garantizada.

IA china

La factura de la soberanía tecnológica: ¿a qué precio?

China ha comprometido cerca de 300.000 millones de dólares en la construcción de centros de datos durante los próximos cinco años para impulsar la inteligencia artificial en todos los sectores. De ese pastel, al menos el 80% de la tecnología básica —donde se incluyen los chips— deberá ser suministrada por compañías nacionales. El mandato no admite excepciones ni plazos flexibles.

La pregunta que sobrevuela el sector es si este impulso acelerado se sostiene sin sacrificar eficiencia. Los chips chinos han cerrado la brecha en ancho de banda y latencia, dos métricas críticas para la IA agéntica, pero la eficiencia energética y el ecosistema de software siguen siendo los terrenos donde Nvidia mantiene ventaja. CUDA, la plataforma de programación paralela de la estadounidense, es un foso competitivo que no se replica en un año ni con inversión ilimitada.

Recordamos un antecedente que ilustra la dimensión del envite. El veto de Estados Unidos a Huawei en 2019, endurecido progresivamente con sanciones a semiconductores, pretendía frenar el desarrollo tecnológico chino. Jensen Huang, CEO de Nvidia, advirtió entonces que la restricción solo conseguiría acelerar la independencia tecnológica de China. Siete años después, el 30% de cuota de los chips nacionales en el gasto de las grandes tecnológicas chinas le da la razón. Lo que era un riesgo geopolítico se ha convertido en una profecía autocumplida.

La comparativa con Europa resulta inevitable. Mientras China invierte 300.000 millones en cinco años, la Unión Europea debate la implementación de la Chips Act con una ambición mucho más modesta y sin un ecosistema de hiperescalares comparable. España aspira a captar una parte de esa inversión con el PERTE Chip, pero el gap con la velocidad de ejecución china es abismal. No es solo cuestión de dinero: es la combinación de capital, voluntad política y demanda interna que Pekín ha logrado alinear.

El plazo de doce meses que las big tech chinas se han dado para escalar el gasto en chips nacionales del 30% al 46% será el verdadero test. Si se cumple, Nvidia perderá un mercado que vale hoy 50.000 millones de dólares y que se expandirá con fuerza en la era de la IA agéntica. Si la eficiencia energética o la madurez del software frenan la transición, el dominio de Nvidia en China durará un poco más. Pero la dirección del viaje ya está fijada.


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